Proyecto Nombres Argentina

Las mantas que cobijaron recuerdos y perpetuaron militancias



En este artículo Moléculas Malucas presenta, a través de Natalia Cocciarini, el surgimiento y desarrollo del Proyecto Nombres Argentina como deriva del Proyecto original surgido en 1985 en Estados Unidos: una acción activista colectiva que proponía la elaboración de mantas conmemorativas por l*s muert*s por vih-sida. A lo largo del texto, centrado en la experiencia de las exhibiciones llevadas a cabo a partir de 1991 en Buenos Aires, la autora recoge también particulares modos de participación de los activismos de la disidencia sexual locales que realizaron sus mantas en homenaje a compañer*s activistas, amig*s o familiares, y la gestión de las organizaciones que llevaron a cabo el Proyecto. El trabajo se acompaña de materiales de archivo y testimonios inéditos y pretende, como el Proyecto Nombres, continuar la conmemoración y perpetuar la militancia.


Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Por Natalia Cocciarini*


Entre 1988 y 1989 Jorge Luis Giacosa y Carlos Blanco, miembros de la Fundación SIDA – Visión Alternativa (1986-1998) viajaron a Estados Unidos en una suerte de misión diplomática activista para tomar contacto con las organizaciones que, desde muy temprano, habían activado de manera multiforme acciones frente a la emergencia de la crisis del sida.


En Nueva York, Giacosa y Blanco se reunieron con miembros de la Gay Men's Health Crisis, que tenía entre sus fundadores al propio Larry Kramer [1]. Pero el impacto emocional en quienes buscaban y construían modos de vida y, por ende, de activismo alternativo, se produjo fundamentalmente en el encuentro que realizaron con la San Francisco AIDS Foundation cuyo fundador, Cleave Jones, había creado una propuesta que re-semantizaba el modo de atravesar el duelo de lxs muertxs a causa del sida [2]. Se trataba de un proyecto de confección de mantas que había iniciado en 1985 para ser expuestas en San Francisco durante la marcha por los derechos gays-lésbicos, el 28 de junio de 1987. Esa primera exposición constituiría el inicio de The NAMES Project AIDS Memorial Quilt.


El 11 de octubre de 1987, durante la Segunda Marcha Nacional por los Derechos de Gays y Lesbianas en Washington, The Quilt -nombre abreviado al que se apeló como sobrentendido entre el activismo estadounidense dada la vorágine con la que alcanzó la masividad-, fue desplegado en el National Mall. Estaba compuesto por 1.920 nombres de personas muertas a causa del sida, escritos sobre mantas del tamaño que ocuparían los cuerpos sobre el suelo. La confección era realizada por amigxs, familiares y conocidxs como forma de elaborar el duelo y conmemorar a sus afectos, usando como referencia los mantos cubre-ataúd que, lejos de la monocromía de los ritos fúnebres tradicionales, estaban concebidos como un colorido paño en el que los nombres se acompañaban con ilustraciones y materiales que referenciaban momentos, deseos o vínculos interrumpidos por la epidemia. Eran la conversión de lápidas en mantas, como último e imperecedero gesto de cuidado de la persona fallecida.


Afiche de la segunda Marcha Nacional por los Derechos de Gays y Lesbianas en Washington, el 11 de octubre de 1987.

En la San Francisco AIDS Foundation, Giacosa y Blanco fueron invitados a recorrer un gran almacén, ubicado a unas pocas cuadras de la sede, que estaba colmado de rollos de mantas muy bien ordenadas en estanterías. Allí les proyectaron un registro fílmico de una de las primeras exposiciones, posiblemente la última en la que se exhibieron todas las mantas juntas; ya que debido a la enorme cantidad, a los pocos años del inicio del Proyecto, ya no fue más posible desplegarlas en un solo sitio y la Fundación debió a enviarlas a conmemoraciones en distintos estados para que pudieran ser exhibidas. Jorge Luis Giacosa [3] recuerda la ceremonia que pudo ver en esa filmación:


La misma gente tomó la acción en sus manos y eso era algo muy interesante. El hecho de que se juntaran los deudos, familiares y amigos a bordar, pintar, pegar, coser, con la única consigna de respetar el tamaño de la tela que cubriría un cajón de 2 metros por 1, era una forma muy creativa de elaborar el duelo por aquella persona que había partido a causa del sida. El resultado era en general muy colorido y con claras referencias hacia quien representaba. Esas mantas luego se unían de a ocho formando así un cuadrado mayor. Cuando se las desplegaba para presentarlas, se hacía dejando caminos en el medio para poder recorrerlos y verlas de cerca. Todas juntas en un momento llegaban a cubrir la superficie de ocho estadios de fútbol. Semejante superficie cubierta por esas mantas mostraba en forma contundente el impacto de la epidemia. Cada una de ellas representaba a alguien que había fallecido, y verlas así extendidas todas juntas era algo impresionante. Además que la ceremonia que se generó para presentarlas era muy emotiva. Cada uno de esos cuadrados formado por ocho mantas estaba sostenido en el aire por ocho personas que lo hacían girar a medida que se leían por altavoz los nombres de las personas representadas. Luego levantaban en el aire ese cuadrado y lo dejaban caer suavemente al suelo… Es así que ese duelo individual de quienes habían elaborado la manta cobraba un sentido colectivo que generaba un impacto muy fuerte por el enormísimo tamaño de esa colorida superficie.


El relato de Giacosa remite a la apreciación de Pedro Lemebel [4] sobre esa muestra del “tapiz monumental autografiado por Elizabeth Taylor”, expuesto en Washington frente a la Casa Blanca en 1987. Para Lemebel, la espectacularidad, la estelaridad y el cromatismo estridente con que se rescataban los momentos felices que coloreaban la muerte, tenían cierto correlato con las animitas chilenas, mas no tanto con el propio proyecto de las mantas en su país. Allí, en Chile, la propuesta la impulsaba el Centro de Prevención de Educación y Prevención en Salud Social (C.E.P.S.S), que trabajaba por la prevención del sida y con familiares de lxs muertxs. Pero los ejercicios para el rescate de memoria y politización del desamparo cruzaban –inevitablemente, dice Lemebel- a los nombres sidados con los desaparecidos por la dictadura, imprimiéndole connotaciones locales.


El ejemplar del libro "The Quilt" que Giacosa y Blanco presentaron al entonces presidente de la CHA, Alejandro Salazar. Fuente: Archivos Desviados.

Al regresar de Estados Unidos, con un libro sobre la historia del Proyecto Nombres y el VHS con el registro de esa ceremonia, Giacosa y Blanco hablaron del proyecto con Alejandro Salazar, por entonces presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), y con Enrique Rojas, su mano derecha y más tarde elegido co-presidente de la agrupación. El estrecho vínculo entre la CHA y la Fundación Sida – Visión Alternativa se había gestado en los pasillos aledaños a la sala 17 del Hospital Muñiz, aún el único y excluyente lugar de atención para pacientes con sida. Allí, la Fundación integrada por Giacosa, había desplegado sus primeras actividades en pleno auge de la epidemia en Argentina: llevaban alimentos y desarrollaban tareas de acompañamiento a pacientes de la sala. La CHA, a su vez, gracias al dinero recibido mediante una donación anónima, reacondicionó el baño de la sala.


Entre todas las agrupaciones que llegaban al Muñiz, estaba el trabajo del voluntariado del Programa de Asociación de Lucha contra el SIDA, conformado por la propia CHA, la Fundación por los Detenidos Sociales (FUNDESO), que trabajaba por los derechos de las personas en situación de encierro, y la Asociación Civil Solidaridad entre Argentinos (SOLDAR), que tenía como destinatarixs a poblaciones en situaciones de extrema vulnerabilidad socio-económica y capacitaba a organizaciones de generación espontánea. Las tres eran organizaciones que en el proceso de apertura democrática y bajo la legitimidad del paradigma de los derechos humanos, habían encontrado una oportunidad para demandar y legitimar derechos. No se habían creado a partir de la emergencia que suponía el sida frente la desidia estatal, situación que propició la formación de muchas asociaciones y ONGs. Pero la vulnerabilidad de sus destinatarixs, la rapidez con la que se propagaba el sida y la ausencia de políticas públicas hicieron que se vieran tomadas en sus esfuerzos por la urgencia que la epidemia imponía. En ese contexto, todas las organizaciones se vieron en la necesidad de aunar esfuerzos para potenciar la capacidad de concreción de sus objetivos produciendo una intensa socialización entre sus miembrxs. El caso entre la CHA, FUNDESO y SOLDAR las llevó a formar el Programa de Asociación de Lucha contra el SIDA.


En junio de 1989 Alejandro Salazar, como presidente de la CHA, asistió a la V Conferencia Internacional sobre SIDA en Montreal, Canadá. En los días previos participó allí de la Conferencia Mundial de ONGs "Oportunidades para la Solidaridad", en donde se elaboró un manifiesto sobre los derechos de las personas viviendo con VIH-SIDA que sería promulgado días después en el marco de la Conferencia sobre SIDA. En Montreal, Salazar tomó contacto con grupos canadienses y estadounidenses que llevaban adelante el proyecto de las mantas conmemorativas. Ese habría sido el puntapié para que la CHA, integrando el Programa con FUNDESO y SOLDAR pusieran en marcha el Proyecto Nombres Argentina en Buenos Aires [5].


Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Excepcionalmente, a diferencia de otras ciudades del mundo, el acogimiento del proyecto de las mantas en Buenos Aires no se incorporó de forma automática en las acciones de los de vih-sida. Al igual que la impresión de Lemebel sobre el proyecto en Chile, en Buenos Aires hubo resistencias que retardaron su puesta en marcha. En principio, la similar reminiscencia a la impotencia ante la muerte vinculada a responsabilidades estatales y gubernamentales. La latencia de las desapariciones a causa de un gobierno activamente necropolítico impedía proyectar modos distintos de transitar estas otras ausencias -esta vez por deliberada omisión estatal-, de habitar los duelos de otras formas y, en especial, que ello pudiera ser una respuesta política. Era esa misma omisión gubernamental la que propiciaba un aumento exponencial de muertes a causa del sida. Una ausencia de voluntad política para el desarrollo de investigaciones y, por ende, de tratamientos y políticas de cuidado de lxs afectadxs por el virus, muchos de los cuales quedaban en manos de sus familiares o amigxs. Otrxs, en cambio, tras ser desconocidxs y abandonadxs por sus entornos ante el resultado positivo, quedaban a la merced de la llegada de voluntarixs. Todo esto se daba en el marco de una difusión a cargo de medios de comunicación sensacionalistas que reinstalaban prejuicios y discursos discriminatorios y culpabilizantes contra diferentes grupos poblacionales como mecanismo de exculpación social. La intervención pública que buscaría restituir las biografías fríamente homogeneizadas en las estadísticas, era temida como capaz de producir un efecto depresor, desmoralizante. Implicaba exponer a la certeza de la inminente muerte frente al diagnóstico del virus o su consecuente síndrome que, como autoinmune, requería en términos anímicos precisamente lo contrario. Pero también estaba claro que los mecanismos que en Estados Unidos estaban funcionado para el ejercicio de inversión de las acepciones negativas sobre la muerte en general, y a causa del sida en particular, se vinculaban a una tradición funeraria que suscita modos particulares de sociabilidad y, sobre todo, con la de la práctica de tejidos y bordados de mantas por la cual se explica la popularización de un proyecto como The Quilt.


Foto: María Luisa Peralta. Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

Sin embargo, para quienes pretendían impulsar el proyecto en Argentina, este era un modo de visibilizar que la gente se estaba muriendo y que había que obtener una respuesta por parte del estado. Se trataba de la construcción de una bandera que pudiera decir que no eran solo números. En Argentina, como en las decenas de países que estaban replicando el Proyecto, el estigma que rodeaba al sida había impedido un reconocimiento formal de ello como una tragedia nacional. En el país no hubo conmemoraciones formales para lxs muertxs por el sida como hubiera ocurrido frente a otra situación de pérdidas de vidas a tal escala masiva. Lxs activistas del Programa de Asociación de Lucha contra el SIDA entendían necesario constituir los duelos personales en ese acto colectivo y político. Pero también se trataba de la vida; para las organizaciones que comenzaban a llevar adelante el Proyecto en la Argentina las Mantas establecían la continuidad de las personas fallecidas, en una militancia que ya tenían o a la que ingresaban, a través del recuerdo que la propia Manta implicaba [6]. La forma en que ello se daría sería representando en cada manta el espíritu de la persona que había fallecido, quién había sido, y haciendo visible el afecto que le tenían sus parejas, amigxs, familias, allegadxs. Al mismo tiempo, esto proponía un ejercicio de sanación para las familias atravesadas por estigmas yuxtapuestos -producto de prejuicios asociados trans-homoodiantes, sexistas, clasistas y en relación al consumo de drogas- y el dolor de la pérdida.


En ese sentido, para Patricia Pérez [7], por entonces miembro de FUNDESO y una de las gestoras del Proyecto a lo largo de todos sus años, confeccionar la manta implicaba afrontar ese proceso. En primer lugar, decidir hacer la manta. Allí se implicaba el asumir una muerte como un ejercicio en sí mismo, para desmontar del peso de la moralidad que recaía sobre quiénes habían contraído el virus y, también, sobre su entorno. Durante la emergencia, en los primeros tiempos de la pandemia, esta operación de disputa política de sentidos era asumida entre activistas gays, lesbianas, travestis, y también por ongeistas, pero no así por el grueso de la sociedad, situación que legitimaba la necesidad de estas acciones. Y luego se componía de un segundo momento: el proceso mismo de la elaboración de la manta, el encuentro entre quiénes la confeccionaban y en torno a qué relación tenían con la persona fallecida, trabajando sobre sus recuerdos, decidiendo qué rescatar y qué reivindicar de su vida.


Frente a todos estos elementos, si esta iba a ser una convocatoria cuya potencia estuviera dada por el grado de involucramiento de la sociedad civil, esa comunidad que se implicaría debía internalizar los sentidos del proyecto, entrar a formar parte de su propia historia; para ello la propuesta inicial debía acoger lo que la gente fuera adaptando, sufriendo las modificaciones necesarias. De modo que se respetaron las condiciones y la idiosincrasia local, entre las que se encontraba la forma en que las personas reinterpretaban los materiales que podían usarse -en función de evitar el deterioro con el tiempo o roturas en su guardado- y las medidas estipuladas. Para Patricia Pérez, aquello que en las ciudades europeas o estadounidenses podría haber supuesto un proceso de estandarización de la confección, ensamble y exposición de las mantas, en Argentina no sucedía. Se refiere a que allí las organizaciones tenían estructura, conseguían financiamiento propio para el proyecto, y la sociedad civil contaba con otras posibilidades económicas y apropiaciones de las técnicas. Para Pérez aquí no estaban dadas esas condiciones y las personas realizaban las mantas con lo que tenían a mano:


Las nuestras tenían muchas similitudes y trataban de respetar al máximo la propuesta originaria de las dimensiones de las mantas y la confección de los paneles para la exposición, pero la gente a veces llegaba con algo que era de la mitad de las proporciones y nosotros decidíamos juntarlas de a dos, o las enmarcábamos en un paño mayor para que cumpla el metraje que tenía que tener para el armado. (…) Usaban materiales que con el tiempo se deterioraban, que desteñían o que podían romper la manta cuando las guardáramos. (…) Pero no dudábamos si compondrían o no la exhibición, lo que veíamos ahí era que estaban construidas enteramente por sentimientos, veías lo que estaba pasando.


Pérez se refiere a que las condiciones simbólicas y/o materiales manifiestas en la confección de las mantas funcionaban de forma coyuntural para diagnosticar con qué elementos, con qué herramientas las personas se podían enfrentar a lo que estaba sucediendo.


En 1988 los organismos de Naciones Unidas establecieron los 1º de diciembre como el “Día Mundial de la Lucha contra el SIDA”, denominación que fue sufriendo modificaciones por pedido de las organizaciones de la sociedad civil en función del avance del tratamiento del tema. Es así que, en concordancia con la agenda internacional, el 1º de diciembre de 1991 se llevó a cabo la primera exhibición de las mantas del Proyecto Nombres Argentina en Parque Lezama. Patricia Pérez recuerda que esa primera instancia fue muy pequeñita y alternativa porque todavía no había cantidad de mantas, eran tres o cuatro. Pero entendíamos que estaba bien exhibirlas para iniciar una experiencia que no se tenía en relación a la reacción de la gente asistiendo a mirar cosas de personas que habían fallecido”. Esa primera exhibición funcionó sobre todo como una instancia experimental para las organizaciones gestoras, porque allí tomaron dimensión de cómo podían hacerlo. Difundieron el proyecto con folletos en los hospitales, en las puertas de las cárceles, en los lugares dónde sabían que se encontrarían con familias de personas que vivían con vih y, sujeto a los mecanismos de difusión de los activismos, se fue comunicando de boca en boca y, proporcionalmente al crecimiento exponencial de muertes, empezaron a multiplicarse la cantidad de mantas.


Con la experiencia de esa primera exhibición y acogiendo la incipiente pero creciente respuesta de las personas al acercar sus mantas -lo que las convertía en agentes multiplicadorxs del mensaje del proyecto-, se consolidaba la primigenia convicción de lxs organizadorxs sobre la necesidad de este espacio para la reivindicación de vidas vividas y, al mismo tiempo, como una acción para reclamar políticas públicas. La certeza de la continuidad y el crecimiento del proyecto, hicieron que las organizaciones tuvieran que definir criterios sobre el lugar en que deberían realizarse las futuras exhibiciones. En palabras de Patricia Pérez:


Nos parecía que tenía que ser al aire libre -si bien estábamos hablando de muerte- necesitábamos hacer algo que tuviese que ver con la vida porque lo que queríamos era tomar las mantas como medida de prevención, que la gente pudiera acercarse al tema sin el temor con el que había ido cobrando mayor difusión, sino a partir del cariño, de la sensibilidad, de mirar la problemática no solo como un dato estadístico, sino a partir de gente a la que le habían pasado cosas y que estaban representados en las mantas. Entonces dijimos tiene que ser en la plaza, hagámoslo en las plazas.


Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Debía ser un espacio abierto y público pero también céntrico, que supusiera accesibilidad para quienes quisieran llegar y, primordialmente, donde hubiera más circulación de transeúntes para generar mayor intervención, impacto y visibilidad en la población. Además, por el tamaño que ya comenzaba a tomar el proyecto ente la primera y la segunda actividad (y que iría creciendo en superficie), necesitaban un espacio más extenso que no estuviera interrumpido por la presencia de árboles o juegos para niñxs. El proyecto buscaba una explanada verde y amplia en la que la gente pudiera apreciar las mantas en perspectiva, pero también circular entre ellas para poder detenerse ante retazos de vida y conocer algo de lxs desconocidxs, o para que familiares, parejas y amigxs pudieran recordar a sus muertxs.


A partir de 1992, con la segunda edición, las exhibiciones fueron consecutivas e ininterrumpidas durante todos los 1º de diciembre en la plaza Las Heras, que reunía las condiciones buscadas para el proyecto. Excepcionalmente se realizó una en Plaza Francia y, por contratiempos con las autorizaciones municipales, en 1996 se realizó en la Plaza San Martín de Tours, en la Avenida Alvear y Schiaffino, en el barrio de Recoleta.


Entre los folletos de difusión del proyecto, la CHA, FUNDESO y SOLDAR (integrantes del Programa de Asociación de Lucha contra el SIDA, gestor del Proyecto), elaboraron una suerte de instructivo sobre “Cómo hacer una Manta” que constaba de 8 puntos y una declaración de compromiso del Programa organizador. El documento volante, entre otras cosas, instruía sobre el tamaño, los materiales y las técnicas adecuadas y posibles de utilizar en función de la perdurabilidad de la manta. Pero también ponía de manifiesto que el Proyecto no se limitaba a la exhibición, porque además de solicitar el permiso concedido por quienes entregaran cada manta, el folleto pedía por favor que “escriba una carta de una o dos páginas acerca de la persona que se conmemora en la manta. La carta que va a incluir deberá explicar cuál es su relación con la persona y cómo le gustaría a ella ser recordada, sus recuerdos favoritos. Si puede envíenos una foto de la persona para nuestro archivo”. Tenían la intención de generar un memorial del Proyecto (que se replicaba de la idea original de San Francisco) para restituir la dimensión biográfica, conmemorativa y afectiva que la sola manta no recogía. Lamentablemente ese material que habría constituido el soporte de una narrativa conmemorativa desde las propias voces no prosperó. Al respecto de ello, y sobre las apropiaciones locales frente al Proyecto matriz, Patricia Pérez recuerda que acá la gente muchas veces tenía muy pocas posibilidades de sentarse y armar lo que estábamos proponiendo, que no era mucho, era sentarse y contar una historia, pero eso también era parte de un proceso de duelo, como el de la confección de la manta, porque son momentos muy íntimos, de muchos recuerdos, y mucha veces la gente no quería o no podía exponerse a eso.


Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Ese folleto instructivo era necesario porque se recibían muchas consultas sobre quiénes podían realizar la manta o cómo se podía llevar a cabo. Y si bien el principal momento de encuentro con la gente era en las jornadas de exposición, lxs miembrxs organizadorxs -y en consecuencia lxs voluntarixs que asistían ese día-, habían establecido que ese no era el momento para convocar a la multiplicación de mantas y evaluaron que resultaba muy difícil desarrollar explicaciones didácticas sobre la confección (incluso habían pautado que los folletos solo se entregarían cuando la gente llegara o se retirara de la muestra y no durante el recorrido). La jornada de la exhibición era el momento para el encuentro y la contemplación, para el respeto, la contención y el acompañamiento colectivo. De modo que tuvieron que generar otras instancias de congregación, necesitaban un lugar físico que funcionara para la recepción y el trabajo de construcción de las mantas, no sólo con las personas que querían recordar a sus seres queridxs de manera particular, sino también con el resto de las organizaciones con las que se había formado un entramado para trabajar en la temática del sida [8]. Para ello organizaron talleres mensuales a los que asistían personas para buscar la mejor manera de poder hacer la manta. Pero también era el momento para las organizaciones, no solo para realizar las mantas grupales, también para aquellas personas para quienes habían acompañado en el hospital o en la cárcel o que la propia gente de la CHA conocía y que habían fallecido abandonadas por sus familias. Esos acompañamientos habían sido la última y única red de contención y afecto de esos pacientes y conocidxs; con lo que sabían de ellxs por esos momentos construían sus mantas para que estuvieran presentes en el memorial. Los talleres funcionaron primero en el Fondo de Ayuda Toxicológica y luego, en 1996, se realizaron todos los cuartos sábados de cada mes en la cancha de pelota paleta del Centro Cultural Ricardo Rojas. Así como los talleres fueron propuestos como respuesta a esas inquietudes y necesidades concretas, en poco tiempo dejaron de tener concurrencia.


El día de la exhibición el trabajo comenzaba muy temprano. Desde las 8 de la mañana, lxs miembrxs de las organizaciones gestoras y el Grupo de Trabajo Voluntario que se sumaban para esta actividad llegaban a la plaza para preparar el terreno. Comenzaban por la limpieza: levantaban piedras, basura y rastrillaban todo aquello que pudiera entorpecer el perfecto extendido o ensuciar las mantas. Esta labor implicaba también conversaciones con la gente que desde temprano estaba haciendo uso del espacio público para solicitarles que despejen la explanada. Como síntoma del crecimiento cualitativo de la exhibición en tanto intervención pública a lo largo de los años, Patricia Pérez recuerda que con el tiempo lxs vecinxs habitués de la plaza Las Heras lxs esperaban en resguardo del lugar (suspendían sus rutinas, hablaban con el resto de lxs vecinxs que estaban usando el parque y luego se sumaban a la cuadrilla de limpieza). Alrededor de las 10 de la mañana comenzaban las tareas del montaje: diagramar, presentar, medir, controlar el metraje entre los paneles para que las personas pudieran caminar entre ellos en diferentes sentidos y de modo circular -porque cada panel estaba compuesto por 8 mantas dispuestas en una orientación tal que, rotando alrededor de él, se pudiera leer a cada una de ellas-, afirmarlos procurando que durante el día no se vuelen, y repasar la logística para la recepción y acompañamiento de lxs concurrentes como la tarea fundamental de lxs voluntarixs.


El Grupo de Trabajo Voluntario se constituyó como consecuencia del crecimiento del evento, entre la 5.ª y la 6.ª exhibición. Entre sus integrantes, había quienes solo se sumaban para colaborar para la jornada y otrxs que provenían de las organizaciones afines para ese día ayudar en la exhibición. Como durante el resto del año lxs jóvenes voluntarixs no tenían contacto con las mantas, cuando la exhibición estaba lista lxs organizadores se tomaban un tiempo previo al horario de inicio para hacerles una primera visita cerrada que pudiera ponerlxs en contexto con la dimensión del Proyecto, para que leyeran los nombres y las frases de las mantas y se pusieran en contacto con cada historia. Era un momento necesario, de preparación emocional, porque luego tendrían la tarea de mantenerse expectantes y acercarse a contener a visitantes movilizadxs por la angustia, por lo que no podían estar en ese mismo nivel de afectación. Para lxs organizadorxs era muy importante que quienes colaboraran en la jornada de exhibición contaran con la fortaleza anímica y tomaran noción de lo que requería convocar a las personas a un encuentro conmemorativo en el que se conjugaban planos individuales, familiares y grupales y, por tanto, en una dimensión a la vez biográfica, afectiva y comunitaria. De allí que el Proyecto mantuviera cierto criterio sobre quiénes lo integraran: algunas personas formaban parte de él de manera estable e integral, eran quienes lo llevaban adelante, trabajando en su difusión, en la confección y recepción de las mantas, estando en permanente contacto con el entramando afectivo y conmemorativo que ellas suponían; y otras participaban de una manera más coyuntural, eran lxs que asistían al trabajo de la actividad de exhibición.


Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Familiares, parejas, amigxs llegaban a visitar a sus mantas que componían el panel con otras siete, vinculando aleatoriamente historias de personas que no se habían conocido en vida. Lógicamente algunxs iban a verlas expuestas por primera vez, otrxs asistían cada año incluso a sumarle cosas o a reacondicionarlas allí mismo. La gente vivía esa jornada muy atravesada por las emociones. Por lo general permanecían durante toda la exhibición, se sentaban junto a su manta que no estaba sola -nadie estaba solx allí-, circulaban, se acercaban a otras…

María Luisa Peralta [9], por entonces activista de Lesbianas a la Vista, que asistía todos los años a las exhibiciones, recuerda:


Había muchas madres, padres, abuelos de personas jóvenes GLTB, que se acercaban a otras mantas de gays y travestis, que habían hecho un cambio en relación a la sexualidad de sus hijos a partir, justamente, de la enfermedad y de haberlos perdido. Era algo muy amoroso por parte de estas personas. Había mantas que contaban cómo habían cambiado las madres y padres, tíos o abuelos y, de hecho, se acercaban en actitud afectuosa y de abrazo a contarnos esas cosas.


Peralta homologa ese proceso a la vivencia de las Madres de Plaza de Mayo en la cual en algún momento todos los detenidos-desaparecidos pasaron a ser hijos de cada una de ellas, “era esa la actitud, de alguna forma, cada unx de los muertos y las muertas de sida era hijo, hija, pariente, amigx de cada una de las personas que concurrían al encuentro”.


Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Pero la exhibición contenía claramente una potencia irruptora como acción activista en el espacio público y, por tanto, afectaba a sectores de la población no implicados a priori con el tema o a personas que casualmente circulaban por la zona. En un plano, esto podía evaluarse a raíz de las reacciones que suscitaba en lxs transeúntes, que fueron variando a lo largo de los años mientras comenzaban a tener cierto impacto el activismo y las campañas antidiscriminatorias y de información, pero también en el propio transcurso por la exhibición.


Esas reacciones funcionaban como muestrario epocal de las posiciones de una sociedad frente al vih-sida. Que fuera en las plazas suponía que se interceptaba un ritmo de circulación que no era el de la premura de otros espacios céntricos de la ciudad. Muchxs aminoraban la marcha o se acercaban con cierta curiosidad, como una suerte de impulso instintivo. Pero la sola mención al sida hacía que retomaran su trayecto y que rechazaran los folletos que les ofrecían lxs voluntarixs. Otrxs, luego de ese gesto de curiosidad, escuchaban mientras sobrevolaban las mantas con la mirada sin adentrarse a recorrer la intervención para luego retirarse con cierta indiferencia. Y muchxs otrxs se quedaban. En palabras de Patricia Pérez:


Se enganchaban y leían y me parece que les hacía como un click porque por ahí seguramente repasaban sus preconceptos. La gente tenía asociado el sida a una visión moralista del consumo de drogas o a las prácticas sexuales de las personas; pensaban que estábamos hablando de eso... Y cuando se iban acercando a las mantas, leían las historias y descubrían, por ejemplo, que había una hija que le había hecho una manta a su papá que se había muerto a los 26, 27 años; veían lo que esa chiquita sentía porque estaba expresado allí. Es fuerte. Ese era el momento de interpelación, en el que la gente seguramente sentía ´no es como lo pensé'.


Foto: María Luisa Peralta. Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

María Luisa Peralta rescata como notable el hecho de que, si bien eran momentos de mucho estigma y prejuicio, parecía estar claro que allí estaba sucediendo una situación vinculada al duelo: “nadie se acercaba a las mantas con una actitud hostil, como mucho miraban de lejos. No se detenían como queriendo mantener distancia, ni se apuraban a transitar por esa vereda (…) había cierto respeto ante la muerte, ante el dolor de los demás por la muerte de las personas queridas”.

Lxs concurrentes asistían solxs o acompañadxs, llegaban niñxs y jóvencitxs con algún adulto, adolescentes que se detenían a preguntar y avisaban que volverían en el transcurso del día con su grupo de amigxs. Y como la intervención dialogaba con la cotidianeidad de la circulación pública, asistía una variada concurrencia de pibxs que, camino a la escuela, recorrían la exhibición. Ese fue un elemento que llevó a lxs organizadorxs a replantearse el cambio de horario, porque en algún momento, si bien no se planteaba como actividad institucional, llegaban chicos y chicas de cursos de secundaria en grupos que se quedaban a mirar las mantas; y se evaluó como estratégico darles tiempo, fundamentalmente a la salida de sus jornadas, para que pudieran recorrer y permanecer en la exhibición. Esos fueron momentos que cobraron mucha relevancia e interés para lxs organizadorxs.


Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Es así como la exhibición se fue conformando como una actividad cultural. Las mantas daban cuenta sobre personas fallecidas pero la apuesta discursiva se daba mediante la exhumación de muchos momentos de vida compartida, de recuerdos multicolores, de puesta en valor de los vínculos que habían otorgado sentido a las trayectorias de lxs muertxs tanto como de quienes les habían cuidado y acompañado hasta el final y estaban reivindicando esas relaciones en las mantas. La dimensión artística y artesanal con que se construían esas referencias sentimentales hacía perfectamente posible la intervención de otras expresiones que acompañaran y, en cierto sentido, enaltecieran la apuesta pública-colectiva, por lo que para cada año contaban con participación de música, bandas y coros en vivo. Pero también se fueron sumando de forma voluntaria otro tipo de asociaciones de la sociedad de civil como modo de acompañamiento y para potenciar su visibilidad. Es el caso de los bomberos de La Boca, de la Vuelta Rocha, que se instalaban con un autobomba y atraían la atención con luces y sonido de sirenas. A medida que el evento fue creciendo, los medios se acercaban para a cubrirlo, lo que lógicamente aportaba mayor repercusión.


Pasadas las 17 h, o cuando desde la organización se consideraba que las mantas se habían exhibido el tiempo suficiente, comenzaba la ceremonia final de cierre. Era un momento que la gente esperaba especialmente. Esa era la instancia para la oratoria de los reclamos públicos pero, al mismo tiempo, creaba una atmósfera de suma intimidad y emotividad. La ceremonia se iniciaba nombrando por altavoz a cada una de las personas recordadas en las mantas. Lxs concurrentes se disponían alrededor de la explanada mientras que en los extremos de cada panel se ubicaban pequeños grupos de personas preparadas para elevarlos simultáneamente con la lectura y hacerlos girar sobre su eje. Luego eran cuidadosamente doblados y apoyados en el lugar donde habían sido expuestos, listos para ser guardados hasta la próxima jornada. La ceremonia entonces duraba el tiempo que llevara la lectura de los nombres y doblar cada panel.


Diana Diet (a la derecha, con blusa negra) colabora a doblar las mantas durante la ceremonia final de cierre. Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

Ese era también una suerte de ritual de congregación en el que muchas personas, en la propia jornada que suponía una presencia contemplativa, terminaban participando de forma activa. Si bien en principio quienes doblaban las mantas eran lxs propixs voluntarixs, las personas que las habían entregado o las que llegaban para recordar a alguien mencionadx en ellas, se ofrecían a ayudar. Esos ímpetus eran interpretados por la organización como gestos de apropiación del Proyecto, y constituían un momento de intercambio entre quienes no se conocían o provenían de distintas historias o asociaciones que tomaban contacto allí.


Para la exhibición en general, y la ceremonia en particular, la organización se proponía la asistencia de artistas, personalidades del mundo del espectáculo, referentes políticos, sociales y culturales, buscando una convergencia amplia y diversa, como otro plano en el que pudiera potenciarse la intervención en tanto acción activista. La concurrencia de esas personas, desde sus distintos lugares de pertenencia institucional, en este gesto participativo y de implicancia, era un modo de posicionar la dimensión estructural y el desanclaje sexual, etario, de clase, ocupacional que, prejuicio mediante, se había adscripto a la problemática del sida.


Además en la ceremonia contaban con la presencia de autoridades de distintas esferas de gobierno. Pese a ciertos debates internos sobre la pertinencia de estas presencias, en relación a que, en primera instancia, eran lxs responsables políticxs de los fallecimientos de a quienes allí se recordaba, el Programa que impulsaba este proyecto entendía que si funcionarixs o ministrxs asistían a la exhibición podrían entender el sida desde otro lugar. En una ocasión, por ejemplo, asistieron quienes entonces eran el ministro de Salud, Alberto José Mazza, y la directora del Programa Nacional de Lucha contra el Sida, Laura Astarloa. Participaron en la ceremonia compartiendo la lectura de los nombres junto a una dirigente trans. Ahí habría radicado un nuevo plano de la capacidad irruptiva del Proyecto. Tal como les sucedía a lxs transeúntes, allí se producía el encuentro con cada deudo, con las historias que iban a recordar, con sus primeros o nuevos pasajes por el duelo o las despedidas que no habían podido vivir, con lo que le había pasado a la gente, que era exactamente lo que se replicaba como imperativo en ese absoluto presente. Ese era el plano de la incidencia en la política gubernamental. La referente trans no discutió allí con el ministro y la directora, pero habían sido parte igualmente vívida del rito de conclusión de la jornada, lo que había sucedido era un momento compartido. Efectivamente las organizaciones del Programa de Asociación de Lucha contra el SIDA -y las de la más amplia red de ONG- se sentaban a discutir sobre políticas públicas, las acciones e implementaciones, pero entendían estratégico ese encuentro como la construcción de una plataforma que reponía la dimensión emocional que no entraba en las acotadas reuniones de despacho.


Foto: María Luisa Peralta. Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

A partir de 1995 el proyecto, y por tanto la superficie que ocupaban los paneles en la explanada, acreditaron un crecimiento sustancial. Ello implicó que, para la séptima exhibición en 1997, la ceremonia de cierre se institucionalizara como el acto central del Día Mundial de Lucha Contra el SIDA en la ciudad de Buenos Aires, habiendo contado con una concurrencia de más de cuatro mil personas que visitaban a las más de 300 mantas que recordaban a 430 personas [10]. Para entonces, y como síntoma de consolidación como evento central el 1 de diciembre, había alcanzado una amplia cobertura periodística de los medios de tirada nacional. Esas notas funcionaban como perfecta síntesis acotada de lo que significaba el Proyecto y la exhibición: contenían la descripción de la muestra, repasaban las presencias públicas, citaban la voz de familiares o referentes que habían llevado la manta y el significado de la pérdida de quién había fallecido -lo que infería una demanda política-, posicionaban el objetivo de las organizaciones en el Proyecto Nombres y las jornadas de exhibición poniéndola en diálogo con los números estadísticos de cada coyuntura anual.

En esa séptima exhibición ya no participó la CHA, porque había decidido avocarse a las actividades internas [11]. Coincidentemente con el crecimiento de la dimensión de la exhibición, también como reflejo proporcional al crecimiento del número de muertes, a partir de esa séptima edición se registra la incorporación de mantas que producían nuevos actos de reivindicación de militancia, perpetuando a los de sus conmemoradxs y exponiendo las particulares configuraciones de discriminación y vulneración que sufrían quienes habían contraído el virus.


Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

En los registros fotográficos de 1997 están las mantas dedicadas a Carlos Jáuregui. El grupo de activistas, amigxs y compañerxs de Carlos con quien él había compartido su vida y que lo habían cuidado hasta su muerte, había elaborado una manta compuesta por el sellado multicolor de sus manos, y la habían firmado colectivamente como tu familia. Pero también había otra manta, que había confeccionado el Colectivo Arco Iris de Rosario (CAi) [12]. El CAI había organizado en abril de 1996 el Primer Encuentro Nacional Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Transgénero. Carlos había estado en ese Encuentro y había vuelto a Rosario para una actividad que Guillermo Lovagnini y Pedro Paradiso Sottile [13] organizaron en una de las Facultades de la Universidad Nacional de Rosario en el marco de la efeméride del Orgullo LGTB. Pedro lo despidió a Carlos en la terminal de ómnibus y esa fue no solo la única vez que Jáuregui le hizo referencia sobre su estado de salud, sino también la última vez que Pedro charló íntimamente y que abrazó a su amigo y referente. A las pocas semanas, Pedro recibió la noticia del fallecimiento por un llamado telefónico de César Cigliutti, con quien Pedro estaba hermanado en el afecto. Pedro viajó enseguida y fue así que vivió una despedida en compañía de sus afectos, que también eran los de Carlos. Pero necesitaba además una instancia colectiva con sus coterráneos que lo conmemorara en su simbología como referente del activismo gay y por la democracia. El CAI confeccionó una manta en memoria de Carlos para la exhibición en Buenos Aires y para la actividad de las mantas en Rosario [14].


Pedro Paradiso Sottile con la manta realizada para Carlos Jáuregui. Fuente: Archivo Colectivo Arco Iris.

Foto: María Luisa Peralta. Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

Paradiso recuerda que el proceso de confección de la manta fue muy angustiante porque sentían que en ella incluían un acto de militancia por todxs lxs amigxs y compañerxs de lxs que a cada rato se enteraban de su fallecimiento. Ese paño conmemorativo para Jáuregui, fue presentado por el CAI en el Segundo Encuentro Nacional Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Transgénero realizado en Salta en 1997 por moción de Lohana Berkins en el primer encuentro. En 1997 la manta también fue expuesta en la séptima exhibición en Buenos Aires. Tenía una foto monocromática de Carlos y un texto que lo reconocía como fundador y presidente de la CHA y de Gays y Lesbianas por los Derechos Civiles. También sintetizaba la reivindicación que el CAI quería hacer a quien había ofrecido su vida consecuentemente con sus preceptos políticos. La manta de Carlos decía: “Frase a la que ofreció su vida En el origen de nuestra lucha está el deseo de todas las libertades” [15]. Los textos y la imagen estaban rodeados en uno de sus laterales por un gran y perfecto arcoíris dispuesto a modo de un festón triunfante que enaltecía el homenaje.


María Belén Correa [16] entregó varias mantas con nombres de compañeras y conocidas travestis. María Belén había comenzado su activismo en 1993 con la creación de Asociación de Travestis Argentina (ATA) y su pertenencia al grupo de Paraná 157 [17], donde comenzó a interiorizarse en el tema del vih-sida y su configuración para la acción política. En esa sociabilidad tomó contacto con las distintas acciones en nuestro país -como Act Up Buenos Aires a quien acompañaba tempranamente en sus intervenciones en el Ministerio de Salud- y desde allí con la actividad de las mantas, sin conocer aún las referencias internacionales desde las cuales provenían. Cuando supo del proyecto y visitó la exposición en la Plaza Las Heras, entendió que esa era una acción que tenía que acoger la historia de su colectivo, que era un espacio que tenían que componer para decir lo propio, por lo que se propuso movilizar la participación de sus compañeras.


Manta en homenaje a Sonia "Fidela" Colman, realizada por María Belén Correa en 1998. Tres años antes, para la exhibición de 1995, Fidela había colaborado con María Belén en la confección de una manta a la que titularon "Sueños". Foto: María Luisa Peralta. Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

María Belén entregó su primera manta, a la que tituló “Sueños”, para la exhibición de 1995. Correa recuerda que contenía una ilustración de una triangulación entre pechos, rostros y colas de mujeres que se imprimían sobre una dimensión onírica compuesta por dibujos que había realizado con Fidela Colman -su compañera entre las fundadoras de ATA-. Fidela, que en ese momento era pintora, fue quien la había acompañado en el proceso técnico y aportado sus pinturas y pinceles.


En 1996 María Belén tuvo que construir la manta para Wendy Leguizamón, otra compañera fundadora de ATA. El fallecimiento de Wendy fue un golpe muy fuerte para quienes estaban en la Asociación. María Belén homologa el dolor de la pérdida de su amiga con el padecido por activistas gays y amigos de Carlos Jáuregui. Wendy, María Belén y sus compañeras -como la mayoría de las travestis organizadas- tenían mecanizadas las colectas de dinero para sostener los cuidados, las internaciones y luego los ataúdes y la preparación para los funerales de compañeras. Pero tener que activar ese mecanismo para quien siempre había estado en la línea de fuego sosteniendo, movilizando a sus compañeras y disparando un proceso transformador, es recordado por María Belén como un quiebre muy fuerte. Su muerte marcó para todas un antes y un después. Su manta, ese soporte que cobijaría el recuerdo y con el cual reivindicaba a su compañera de ATA, estaba compuesta por una foto que la mamá de Wendy eligió y le regaló a María Belén y que, por su afectuoso oficio preservacionista, hoy es una de las piezas del Archivo de la Memoria Trans y una de las imágenes más referenciadas de Wendy.


Wendy Leguizamón. Fuente: Archivo de la Memoria Trans, Fondo Documental María Belén Correa.

Para 1998, María Belén Correa confeccionó una nueva manta en la que incluyó varios nombres, porque para ese entonces la multiplicación de muertes les hacía imposible construirlas individualmente. Sin lograr movilizar por completo a sus compañeras para participar de las jornadas, recibía sus pedidos de incluir a muchas conocidas, lo que las llevó a que finalmente le sugirieran confeccionar una manta colectiva. Entre quienes fueron a conmemorar a sus compañeras en 1998 con María Belén estaban, Daiana Diet, Jeanette Contreras de ATA, Lohana Berkins y Nadia Echazú. Sobre ese día María Belén recuerda que Nadia llevó en un taxi a Silvia Tapia ,"la Piqui Piqui", una compañera salteña de la Organización de Travestis y Transexuales de Argentina (OTTRA), y recalca: "Hay que saber que todas llegamos en taxi a ese lugar”.


Durante esos primeros años en que participaron de las exhibiciones, como en las otras acciones a las que iba María Belén, sus compañeras no se sumaban activamente. Según recuerda “me decían bueno anda vos. No era por falta de ganas. Pero no se querían arriesgar a caer presas o generarse el gasto de pagar un taxi para ir a un evento que todavía no lo sentíamos como propio, que no era nuestro, para decirlo de alguna forma según lo veían las chicas.


Sentadas, de izquierda a derecha: Lohana Berkins, Nadia Echazú, María Belén Correa. Arriba, Daiana Diet, Silvia Tapia "la Piqui Piqui" y Jeanette Contreras. Plaza Las Heras, 1998. Fuente: Archivo de la Memoria Trans, Fondo Documental María Belén Correa.

Entre los mecanismos activados para realizar el sepelio de sus compañeras, estaba el de imponerse y pelear para que en los ataúdes estuvieran sus nombres. La incorporación de las mantas para y con los nombres de las travestis en el Proyecto Nombres Argentina constituía como mínimo un acto de resistencia, de reivindicación y reparación [18]. No casualmente María Belén, fundadora del Archivo de la Memoria Trans y que siempre se ocupó con fortaleza personal de preservar las historias de vida de sus compañeras, haya sido quien asumiera la apuesta de la incorporación de sus Nombres, demandando al mismo tiempo que su colectivo entrara en el foco de las políticas públicas [19].


Otra de las tantas mantas expuestas fue la dedicada a Eduardo Antonetti, que estaba muy vinculado con las Madres de Plaza de Mayo y tenía una gran amistad con Laura Bonaparte. Producto de esa relación con Eduardo, Laura llegaría a conocer a muchxs militantes con quienes entabló una gran relación de alianza con el movimiento LGTB. Ella, junto a Norita Cortiñas, cumplieron la voluntad de Eduardo de que sus cenizas fueran enterradas en la Plaza de Mayo [20] como gesto hacia la organización que había nacido allí. Pero también decidieron conmemorarlo entre lxs fallecidxs por causas relacionadas al sida, adscribiéndose ellas a esta otra gran intervención pública -como en toda la lucha en torno a la emergencia por el vih-sida-. Así, en los años sucesivos la exhibición contó la presencia de Madres y la participación de Norita Cortiñas en la lectura de los nombres durante la ceremonia. La manta de Eduardo decía “Acompañaste nuestra lucha por la vida, la justicia y los derechos. Sabemos que siempre acompañarás nuestros pasos”, firmada por Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Antonetti era también homenajeado con otra manta por su legado de lucha y perseverancia por la Iglesia de la Comunidad Metropolitana.


Foto: María Luisa Peralta. Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

Otra de las agrupaciones que asistían con frecuencia a las exhibiciones y que acompañaba en su difusión era Lesbianas a la Vista, agrupación de la segunda mitad de los 90. María Luisa Peralta recuerda los distintos modos de afectación que producía el vih:


(...) por lo mucho y por lo poco. Entre las travestis y los gays era una cosa tan frecuente y habitual, el impacto tan tremendo se producía por esa muerte repetida. Entre las lesbianas era el impacto por una muerte inusual, porque no había tantas que murieran de sida, no había tantas que vivieran con hiv. Y muchas veces también, porque era el momento del discurso de los grupos de riesgo.


Con estas palabras María Luisa se refiere a la ficción tranquilizadora que también funcionaba con y entre las lesbianas. Así mismo describe que esa fue la sensación de las compañeras de los talleres de reflexión de Lesbianas a la Vista a los que iban Gaby con su novia Paula.


Según las lógicas de participación y activismo de quienes transitaban los distintos tipos de pertenencia en Lesbianas a la Vista, había modos diferentes de acercamiento al vih-sida. Por un lado estaba el núcleo de activistas para quienes el sida era la realidad cotidiana, que por las actividades de coordinación con el resto de las organizaciones y por las propias relaciones personales y afectivas con gays y travestis se mantenían integradas y al tanto de las discusiones políticas, de las cuestiones legislativas, de la situación de los esquemas de medicación, de las discusiones conceptuales de los activismos. Y por el otro, estaban las lesbianas que asistían a los grupos de reflexión -facilitados por las activistas del núcleo-, entre quienes el vih-sida no estaba tematizado. Atravesadas aún, como el resto de la sociedad, por el estigma y el miedo, en general sus acercamientos a la cuestión dependían de sus espacios de sociabilidad -casi específicamente, de si tuvieran o no amigos gays-. La constante referencia al tema del núcleo de activistas en las actividades que se desarrollaban en la sede, y la construcción afectiva que se gestaba en el transcurso de los talleres, fueron paulatinamente propiciando que, quienes habían contraído vih pudieran contarlo, y que sus compañeras de los grupos de reflexión acompañaran amorosamente sus procesos y cuidados. Ese fue el caso de Gaby, que pudo contarlo cuando comenzó a desarrollar sida. Pero cuando sufrió un grave empeoramiento de su estado de salud, su familia enseguida la internó y aisló en una clínica prohibiendo la visita y cualquier tipo de contacto con su novia y sus compañerxs y amigxs. La lesbofobia de la familia de origen de Gaby produjo que transitara su último período hasta su fallecimiento separada por completo del acompañamiento de sus afectos; y que Paula, sus compañeras de Lesbianas a la Vista y el resto de sus amigxs gays y lesbianas no la vieran nunca más desde antes del ingreso a su internación, ni que tampoco pudieran asistir a ninguno de los ritos de su funeral. Paula permaneció en la agrupación, donde se conjugaban su dolor por no haber podido acompañar ni despedir a su pareja, con lo que cada compañera sentía a la vez por ella y por el fallecimiento de Gaby. Las activistas del núcleo, que conocían en detalle el Proyecto Nombres, le propusieron a Paula construirle una manta a Gaby porque entendían que allí tenían la posibilidad de vivir una instancia de duelo que antes les había sido impedida. En una jornada en la sede a la que asistieron muchas de sus compañeras, se produjo, como acotada instancia ejemplar, aquel proceso de apropiación que el Proyecto Nombres había atravesado en Argentina. Las compañeras de Gaby conocieron el proyecto y tomaron noción de su dimensión histórica, transnacional y fundamentalmente política. Decidieron en conjunto qué era lo que conmemorarían de ella. Su manta entonces estuvo compuesta por una foto suya, un fragmento de uno de los poemas que había escrito junto a Paula y el dibujo de un caballito de mar que replicaba el tatuaje que las dos se habían hecho como marca indeleble de su vínculo. La manta la firmaron Tus compañeras de Lesbianas a la Vista, como gesto intencionado de indistinción entre quienes estaban en el núcleo de activistas y en los grupos de reflexión y como referencia al espacio en el que Gaby las había conocido y por el que recibía el recuerdo y la despedida de ellas, que firmaron también cada una con su nombre. Esa manta se incorporó al Proyecto en 1998. Peralta reivindica ese proceso y la vivencia de asistir a la exhibición en la que estaba la manta para Gaby como la posibilidad de haber tenido un momento colectivo de despedida:


Para Paula fue muy importante porque le permitió poder despedirse de la que había sido su amor, su pareja, su compañera y que le había sido arrebatada, antes que la muerte, por la familia; y transitarlo acompañada. Por supuesto como todo el mundo ahí, nos abrazamos y lloramos, pero nos permitió tener una instancia colectiva de duelo de Gaby y de acompañamiento a Paula. Para nosotras fue muy reparador poder tener ese momento de despedida.


Fuente: Archivo María Luisa Peralta.

La situación del confinamiento de Gaby y el consecuente dolor de Paula y sus amistades fueron una constante que vivían las parejas de gays y lesbianas durante muchos de los primeros años de la pandemia. El proceso de elaboración de esa manta y la consecutiva asistencia de sus compañeras a la exhibición, a la que muchas fueron por primera vez acercándose a otras historias, fue la experiencia que vivieron muchxs otrxs activistas, familiares, amantes. Las compañeras de Gaby que cada año concurrían a la exhibición, volvieron a visitar algunas mantas reeditando el acto conmemorativo y el pasaje por los duelos. La propia María Luisa Peralta recuerda ese rito anual y ese año en concreto, en el que con astuto afán conservacionista y vicio fotográfico registró muchas de las mantas. La sensación de reparación que vivieron ellas y seguramente muchxs otrxs, con la cuota de sanación que ello pudiera implicar, es quizá una de las dimensiones más valiosas que acogió este Proyecto.


Las exhibiciones continuaron por varios años más, hasta mediados de la primera década del 2000. En la actualidad un porcentaje de las mantas se encuentra al resguardo de organizaciones que tienen entre sus miembrxs a quienes fueron gestores del proyecto [21]. Sosteniendo el compromiso del Proyecto Nombres Argentina, de preservación e integración al proyecto madre de San Francisco (USA) para componer las exhibiciones internacionales, tal como lo explicitaron en aquel folleto sobre “Cómo hacer una manta” -firmado por FUNDAR, la CHA y SOLDAR-, una gran cantidad de ellas se encuentra hoy recorriendo el mundo. La perpetuación de la militancia de las personas fallecidas (la que ya tenían o a la que ingresaron con sus mantas) continúa a escala internacional, más de tres décadas después de iniciado el Proyecto Nombres Argentina, frente a una pandemia que aún exige respuestas.

Foto: Mariano Capone. Fuente: Archivo Proyecto Nombres Argentina.

*Natalia Cocciarini es profesora de Historia e investigadora. Miembro del Programa Universitario de Diversidad Sexual (CEI, UNR). Docente y secretaria de Políticas Sexogenéricas en FHyA (UNR). Maestranda en Estudios y Políticas de Género de (UNTREF). Actualmente se encuentra investigando sobre las respuestas de los activismos sexo-genéricos a las políticas en vih-sida en las décadas de los '80 y '90.



Agradecimientos


A Patricia Pérez, Jorge Luis Giacosa, María Luisa Peralta, María Belén Correa y Pedro Paradiso Sottile, por compartir sus archivos y materiales y disponerse a dar sus testimonios volviendo a pasar por los recuerdos y las emociones. A Francisco Lemus por sugerirme para este trabajo. A Mariano Capone por habernos autorizado a publicar sus fotografías.

A la colectiva editora de Moléculas Malucas: Mabel Bellucci, Jorge Luis Giacosa, Marcelo Ernesto Ferreyra y, especialmente, a Juan Queiroz por acercarme la propuesta, el intercambio generoso, la charla cotidiana, el acompañamiento y su militancia de archivo.

Notas al pie


[1] Larry Kramer fue reconocido escritor, dramaturgo y guionista estadounidense, uno de los principales fundadores de ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power).

[2]Otros modos de intervención en torno a la muerte fueron icónicas formas que las agrupaciones activistas encontraron para posicionar la dimensión política y la responsabilidad gubernamental de la crisis del sida: funerales públicos, cortejos fúnebres masivos, las die-ins, las ashes action. En su mayoría, todas habían tenido expresiones previas en otros movimientos o consignas sociales. El proyecto de las mantas supuso apropiación de técnicas y rituales y produjo un gran impacto visual no solo porque la magnitud de las exhibiciones materializaba la dimensión de las ausencias, sino por la apelación a los elementos culturales asociados a la vida, que se ponían de manifiesto en las composiciones y exposiciones de las mantas. Para una lectura sobre los modos de inscripción pública de las muertes y las acciones de Act Up ver Giorgi, Gabriel (2017); “Política de la supervivencia”, Kamchatka. Revista de análisis cultural 10, diciembre 2017. Pp. 249-260

[3] Jorge Luis Giacosa fue miembro del Grupo Eros del Frente de Liberación Homosexual de Argentina. Fue uno de los fundadores en 1986 de Fundación SIDA - Visión Alternativa. Actualmente es miembro de la Fundación Igualdad y de la colectiva editora de Moléculas Malucas.

[4] Lemebel, Pedro [1996 (2000)]; “EL PROYECTO NOMBRES (Un mapa sentimental)” en Loco Afán. Crónicas de sidario, Barcelona, Editorial Anagrama. Pp. 87-93

[5] El equipo base que trabajó en este proyecto desde sus comienzos y que lo sostuvo en el tiempo estaba compuesto por Alejandro Salazar, Patricia Pérez, Alicia Romero, Enrique Rojas, Susana Vázquez, Irene Romero, Daniel Barberis y Delia Romero.

[6] Proyecto Nombres Argentina 1997. FUNDESO - SOLDAR, p.2

[7] Directora de ILAPyC.Desde 1987 defiende los derechos de las personas con VIH. Coordinadora Nacional del Proyecto Nombres- Mantas Conmemorativas. Fue presidenta de ICW Global y 9 veces nominada al Premio Nobel de la Paz. https://www.linkedin.com/in/patricia-perez-818b8678

[8] Pérez reseña que esa red estaba conformada por las organizaciones de ese momento -que claramente no son numéricamente la cantidad actual-, que como la que ella integraba, se habían visto obligadas a aunar y concentrar sus esfuerzos en trabajo en VIH-SIDA. Se trataba de la Red de ONGs Argentinas que trabajan en VIH-SIDA, que adhería al Proyecto Nombres Argentina.

[9] Militante lesbiana, viviendo en Buenos Aires/conurbano desde 1991. En los años de los que habla este texto era activista de Lesbianas a la Vista. Actualmente es activista de Antinatural - Lesbianas por la Justicia Reproductiva e integra la colectiva asesora de Sexo y Revolución - Programa de memorias políticas feministas y sexogenéricas del CeDInCI.

[10] Datos extraídos del documento de las notas en diarios nacionales recopilados en el documento Proyecto Nombres Argentina 1997. FUNDESO - SOLDAR

[11] Las decisiones de este tipo estuvieron vinculadas a una restructuración de una nueva política de la CHA, luego de cierto vacío institucional que atravesaba la organización a la salida de Alejandro Salazar y en la transición a la asunción de César Cigliutti y Marcelo Ernesto Ferreyra.

[12] El Colectivo Arco Iris fue la primera Asociación Civil con trabajo integral por los derechos de las personas LGTB en conseguir Personería Jurídica en la Provincia de Santa Fe. Como sucesora de Voluntarios Contra el SIDA, y por los esfuerzos que aún requería la situación iniciada la segunda mitad de los 90, llevaban a cabo un sustancial trabajo en vih-sida. Tomaron un enfoque de tipo colectivo, componiendo redes e instancias interinstitucionales, como los contactos con otras organizaciones no gubernamentales como la agrupación SIVIDA y la Organización de Familiares enfrentando al SIDA (OFES). En instancias de organización, el Colectivo Arco Iris trenzó relaciones con los efectores de salud de la ciudad de Rosario; ello produjo que se incorporara desde el inicio al Comité del Programa Municipal de Sida (PROMUSIDA), al que interpelarían constantemente en sus falencias. Fueron parte del Foro Juvenil Permanente del Concejo de la Municipalidad de Rosario, y formaron parte de la Coalición de ONGs con trabajo en sida de la República Argentina.

[13] Pedro Paradiso Sottile, es defensor de derechos humanos, abogado, docente y militante LGBTIQ+. Fue fundador en 1994 del Colectivo Arco Iris, organización de diversidad sexual de la Ciudad de Rosario (que este año inauguró una calle con el nombre de la organización en homenaje por primera vez en la historia del país). Fue integrante de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) donde se desempeñó como coordinador del área jurídica, secretario y presidente. Actualmente es presidente de la Fundación Igualdad (Argentina) y es director ejecutivo de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex para América Latina y el Caribe (ILGALAC) Es profesor e integrante del Programa de Género y Diversidad del Instituto Universitario Nacional “Madres de Plaza de Mayo”(IUNMa).

[14] Quien, principalmente, llevó adelante y le dio permanencia a la actividad de las mantas en Rosario fue OFES, pero no se habían adherido al Proyecto Nombres Argentina. En el N° 16 de La Hora Lésbica correspondiente a enero de 1998, el propio Paradiso reseña las actividades desarrolladas conjuntamente por el CAI, OFES y la Fundación SIVIDA el 1 de diciembre de 1997, entre las que se incluye la exhibición de mantas.

[15] La frase fue forjada como consigna militante por Alejandro Modarelli cuando era miembro de Gays por los Derechos Civiles (Gays DC).

[16] María Belén Correa actualmente es fundadora y directora del Archivo de la Memoria Trans. Entre 1995 y su exilio en 2001 fue presidenta de ATA, asociación a la que pertenecía desde su fundación.

[17] Ferreyra, Marcelo Ernesto. "Paraná". Moléculas Malucas, mayo de 2020 https://www.moleculasmalucas.com/post/paraná

[18] La multiplicación de esas mantas para compañeras travestis-trans y el ejercicio de recordar sus nombres como un acto político fue el antecedente sobre el que el colectivo travesti-trans de Argentina se apoyó para crear una bandera que recogiera a todas las muertas por distintas causas que catalogaban como travesticidio social, entre las que el vih-sida era una más. Funcionó a modo de censo e implicó la gestión unificada de todas las agrupaciones afines. Esa bandera, que alcanza hoy una extensión de 15 por 7.5 metros recorrió el país, sumando en cada provincia los 900 nombres. Esa manta, de construcción colectiva y federal, es el soporte de las conmemoraciones del 20 de noviembre “Día Internacional de la Memoria Travesti-Trans”. Desde hace 6 años los banderazos se llevaron a cabo en un principio en la Plaza Carlos Jáuregui, donde se encuentra la placa de Claudia Pía Baudracco, y luego en la Roberto Arlt, como espacio público dedicado a la reivindicación de la disidencia sexual. El último año, el acto central consistió en llevar desplegada la bandera en una caminata desde Casa Rosada al Congreso; la manta-bandera fue otra vez el soporte por el cual la memoria se constituye en la demanda de asunción de las responsabilidades políticas de las muertes representadas en esos Nombres.

[19] La valoración del trayecto militante de María Belén Correa es de María Luisa Peralta, rescatado de su testimonio sobre las exhibiciones, cuando hace referencia a las mantas y la enorme lista de nombres de travestis.

[20] Bellucci, Mabel. “Laura Bonaparte: lesbianas, travestis, maricas y feministas te recuerdan”. Moléculas Malucas, mayo de 2021. https://www.moleculasmalucas.com/post/laura-bonaparte-lesbianas-travestis-maricas-y-feministas-te-recuerdan

[21] Están en custodia de SOLDAR e ILAPyC (Instituto Latinoamericano para La Paz y la Ciudadanía) institución que se sumó al Proyecto en los últimos años y que dirige Patricia Pérez. FUNDESO se retiró del Proyecto por decisión de su Consejo Directivo.



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Cómo citar este artículo: Cocciarini, Natalia. Proyecto Nombres Argentina. Las mantas que cobijaron recuerdos y perpetuaron militancias

Moléculas Malucas, febrero de 2022

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