Paraná

En tiempos de aislamiento social obligatorio, la histórica Paraná descansa. Sus fantasmas y su energía bullen, gritan, claman por seguir siendo lo que fue. Hoy es Casa Jáuregui, y continúa haciendo historia. Paraná descansa, pero no por mucho, el mito continuará su infatigable labor.


Por Marcelo Ernesto Ferreyra*



El 19 de enero de 1990, César Cigliutti y yo compramos el departamento de tres ambientes, baño, cocina, lavadero y terraza de la calle Paraná 157 a una compañera de trabajo de César por un precio muy conveniente. Nuestra idea era demoler paredes para unir los ambientes, aprovechar la doble altura para hacer un entrepiso y convertirlo en nuestro hogar al estilo loft, como se había puesto de moda en aquella época. A los pocos días y a pesar del ruido, el polvo y los inconvenientes de la obra, se instaló allí Carlos Jáuregui, que desde la muerte de su pareja, en julio de 1988, había quedado en la calle solicitando en forma alternada refugio temporal en casa de amigos y conocidos.


César y yo nos habíamos enamorado en marzo de 1988 colaborando en la oficina de prensa de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) donde yo aportaba diseñando afiches, volantes y la publicación Vamos a Andar. Carlos había renunciado a la organización un par de meses antes. Cada viernes luego de nuestro trabajo allí íbamos a cenar varios activistas a restaurantes de la zona. Además de Carlos se nos unían Marcelo Benítez, Eduardo Antonetti, Alfredo Manes, Alejandro Modarelli, Gustavo Pecoraro, Luis Biglié, Ricardo González entre otros.


César Cigliutti y Marcelo Ernesto Ferreyra en Paraná. Archivo Marcelo Ernesto Ferreyra.

El viernes siguiente a la compra y antes de iniciar las obras propusimos trasladar el rito de la cena al flamante departamento. Al ingresar el grupo, Eduardo Antonetti paralizado en la puerta exclamó: “¡Aquí hay muy mala vibra! ¡no puedo entrar!”, y sin más se despidió y se fue. De hecho unos días antes, al tomar posesión del departamento, habíamos encontrado en todos los rincones distintas imágenes, estampitas, tijeras colgadas de cintas de colores y otras instalaciones que sin comprender del todo, César, con guantes de goma y una impecable eficiencia domestica reunió y depositó en la calle dentro de una bolsa de consorcio. Más tarde, nuestra bruja de cabecera, Marta Espezel, conjeturó que la anterior propietaria había utilizado ese departamento para realizar ciertos hechizos de dudosas intenciones, los cuales, según nos explicó suelen volver para volcarse en quienes los emiten. Esa podría haber sido la razón de la venta precipitada y a bajo precio de la propiedad que, por otro lado, había permanecido desocupada hasta su venta. Afortunadamente; además de instruirnos acerca de cómo hacer una correcta “limpieza”, Marta nos garantizó que ningún hechizo de ese tipo era capaz de resistir las incomodidades de una demolición. La recomendación probó ser eficaz, no solo porque las cenas de los viernes se retomaron en Paraná luego de la refacción y Eduardo pudo, desde entonces, participar y circular por el departamento sin el menor inconveniente, sino también por lo que más adelante la historia destinó a ese lugar.


Carlos y yo, que compartíamos una misma pasión por la ciclópea novela de Marcel Proust En busca del tiempo perdido, sentíamos esas cenas de los viernes como aquellos salones de la Belle Époque parisina que describía el autor francés. La comparación no era por lo selecto de nuestra concurrencia. Cualquiera participaba de las cenas que eran a puertas abiertas. Pronto se fueron sumando amigos, amigas y personas conocidas al núcleo original. Nunca se tenía certeza sobre el número de asistentes. Quien quería sabía que en el departamento de la calle Paraná todos los viernes se recibía sin invitación. Solo era pasar a la hora adecuada y tocar el timbre. La semejanza novelesca tampoco se debía a lo exquisito del menú. Lo incierto de la concurrencia obligaba a cosas básicas, que se pudieran sacar pronto de la alacena y ajustarse a la eventual demanda de la mesa. Fideos, salchichas, pizzas o alguna otra minuta accesible era el menú acostumbrado por el que tampoco se cobraba. Era la chispa, lo sabroso de las discusiones y el brillo de los debates lo que provocaba nuestra imaginación. Se hablaba de todo y por todos, pero sobre todo se hablaba de activismo.

"Cena de los Viernes" con visita de Derek Lecy, embajador de la Federación de los Gay Games, promocionando los juegos en Amsterdam en 1998. Fondo Marcelo Ferreyra. Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexogenéricas, CeDInCI.

Con el tiempo se hizo necesario pasar del diagnóstico y la teoría, a la acción y a la estrategia. Como resultado, los debates se enriquecieron con el análisis y la evaluación de nuestras propias iniciativas. De esas conversaciones surgieron GaysDC (Gays por los Derechos Civiles)[1], las Marchas del Orgullo y tantos otros aciertos. Paraná se iba transformando precipitadamente en una usina de exploración no solo de performance e intervenciones públicas y políticas, sino también de debates teóricos. Por otro lado, la tertulia podía derivar abruptamente de las discusiones sobre el neoliberalismo y las luchas sociales a narraciones de experiencias explícitas de sexo o el tamaño de las pijas, sin la menor censura. Esto permitía incorporar fácilmente nuevas miradas, temáticas y formas de vinculación. La frivolidad y el humor nunca faltaban. Eran los condimentos necesarios para facilitar la fluidez de lo profundo. Se hablaba y se hacía activismo, pero no por deber, sino porque era agradable y divertido, lo que, a la vez, alimentaba la pasión y el entusiasmo. En la medida en que la concurrencia se iba haciendo más diversa, el diálogo también se enriquecía generando un espacio de formación privilegiado; una academia de mutuo aprendizaje. Cada participante aportaba las reflexiones y prácticas que se habían originado a partir de sus identidades y sus activismos previos y paralelos. Las lesbianas desde el feminismo, y sus reflexiones sobre el patriarcado ilustraban la distribución inequitativa de privilegios en función del género. Esa base nos permitía evaluar cómo funcionaba el mismo criterio en función de clase, raza, forma corporal dando lugar a toda una economía social de ventajas, desventajas, usufructos y obligaciones. Las travestis y las transexuales ofrecían claro testimonio de la relatividad de la construcción social del género y de cómo aquella economía de ventajas de la que hablaban las lesbianas las marginaba a extremos de desclasamientos inimaginables. Por otro lado, nos enseñaban cómo el humor y la alegría podían convertirse en herramientas fundamentales para poder afrontar el horror de la realidad cotidiana. Mientras, los gays ofrecíamos compartir las habilidades, herramientas y prácticas útiles para el activismo derivadas de nuestros privilegios masculinos.


Encuentro en Paraná para organizar los preparativos de protesta contra las declaraciones homofóbicas del entonces cardenal Quarracino. En el grupo, Karina Urbina, Eduardo Antonetti, Ilse Fuskova, Claudina Marek y el pastor Roberto Gonzalez. 10 de junio de 1992. Fondo Marcelo Ferreyra. Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexogenéricas, CeDInCI.

Los debates abordaban diversos temas y se cruzaban todos los puntos de vista. ¿La trayectoria de la Marcha del Orgullo debía atravesar la avenida Santa Fe, principal punto de encuentro para los gays? ¿No dejaba esto de lado a las lesbianas o a las travestis? ¿No era mucho mejor pensar en un recorrido que nos incluyera en el desarrollo democrático del país? ¿Debía prohibirse la desnudez, sobre todo de las travestis, en la marcha del orgullo? ¿No significaba eso incorporar la represión en el único espacio público de libertad que podíamos garantizar? ¿Teníamos los gays derecho a opinar sobre el aborto voluntario? ¿Era lícito tomar posturas que involucraban a cuerpos y sentires que no eran los propios? ¿No estábamos justamente haciendo activismo para que otros u otras no hicieran eso mismo sobre nuestros cuerpos y sentires? ¿No reclamábamos que las transexuales y travestis pudieran tomar decisiones libres sobre sus propios cuerpos e identidades? ¿El trabajo sexual no formaba parte de esas decisiones libres? ¿Por qué debíamos adoptar alegremente y sin cuestionamientos las normas y limitaciones de una burguesía que durante tanto tiempo nos había avergonzado de nuestra propia existencia? ¿Cómo una sexualidad libre impactaba y revolucionaba esas normas y limitaciones? Muchos y muchas escuchamos por primera vez en esas conversaciones sobre la necesidad de un lenguaje inclusivo. Cada quien aportaba desde sus orígenes, profesiones y vocaciones dando lugar a reflexiones conjuntas que germinaron en Paraná para crecer luego en los encuentros del bar Tasmania[3] y esparcirse, más tarde y a otro nivel, en los Encuentros Nacionales[4].


Uno de los objetivos fundacionales de GaysDC fue el uso estratégico de una fuerte presencia en los medios masivos de comunicación. Como resultado Paraná estaba invadido constantemente por periodistas, fotógrafos, camarógrafos y entrevistadores. El teléfono del departamento era a la vez el de la organización y, por lo tanto, era difundido de toda manera posible para recibir denuncias por discriminación o consultas. Las llamadas telefónicas de programas de radios o de televisión podían producirse a cualquier hora del día, noche o madrugada. La conferencia de prensa anunciando la Primera Semana y la Primera Marcha del Orgullo tuvo lugar en este departamento de Paraná. Con tecnología de avanzada; un fax y una computadora, emitíamos con suma eficiencia comunicados de prensa, notas y artículos, lo que a su vez generaba una mayor afluencia de los medios al departamento. Varios programas de televisión utilizaron el lugar como estudio de filmación o transmisión en vivo con cámaras y reflectores de alta potencia que más de una vez hicieron saltar la instalación eléctrica del lugar.


Recorte del diario Crónica sobre la conferencia de prensa anunciando la Primera Semana del Orgullo Gay Lesbiano. Fondo Marcelo Ferreyra. Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexogenéricas, CeDInCI.

La contracara de toda estrategia comunicacional hacia la sociedad en general era la comunicación con nuestras propias comunidades. Sabíamos que era muy importante contarles quienes éramos, que hacíamos y con qué objetivos. También era importante difundir los debates en los que estábamos participando, así como generar conciencia de las estructuras discriminatorias en las que vivíamos. Para eso Paraná funcionó como oficina editorial de la revista Confidencial, iniciativa de la periodista mexicana Amparo Jiménez que luego dio lugar a la revista NX; y más tarde al periódico comunitario La Hora gestado durante el primer Encuentro Nacional en Rosario, en 1996. Usando aquella computadora yo mismo diseñaba no solo esas revistas y volantes sino también los logotipos de las distintas organizaciones que iban surgiendo en el movimiento para que luego se imprimieran en volantes, banderines, prendedores y remeras.


Otro de los objetivos fundacionales de GaysDC fue abordar por medios legales las distintas formas de discriminación, para lo cual se realizó una convocatoria abierta a abogados o abogadas que quisieran colaborar sin ningún fin lucrativo. En breve tiempo se había organizado un cuerpo de media docena de profesionales que colaboraban de distinto modo y en determinados días de la semana atendían consultas en Paraná. Entre ellos estaban José Luis Pizzi, Marcelo Feldman, Fabio Álvarez y Ángela Vanni. Sin embargo, la febril actividad generada no se circunscribía solo a esos días. En cualquier momento se podían recibir llamadas telefónicas solicitando el servicio. Muchas eran derivadas a la agenda semanal acordada, pero cuando por fin logramos que las travestis empezaran a utilizar ese recurso, las llamadas de emergencia se multiplicaron intensamente a distintas horas de la noche y de la madrugada. Numerosas veces quienes vivíamos y dormíamos allí debíamos actuar como abogados de facto para solventar esas necesidades inmediatas. Con la incorporación de Ángela Vanni al equipo, esa situación tomó un cause más razonable. Ella abrazó el tema con un cariño y vocación que fueron mucho más allá de sus habilidades profesionales. Su contribución indiscutida al movimiento trans ya sería tema de otro artículo.


Integrantes de GaysDC. de Izquierda a derecha, Diego Tedeschi Loisa, Javier Hourcade Bellocq, Fabio Alvarez Esturao, José Luis Pizzi, Marcelo Ernesto Ferreyra, Jorge Horacio Raíces Montero. Sentad*s, Marcelo Gustavo Feldman, Ángela Vanni, Julio Marcelo Talavera y Carlos Jáuregui. Foto Fabián Haim. . Fondo Marcelo Ferreyra. Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexogenéricas, CeDInCI.

La actividad febril del lugar pronto empezó a generar todo tipo de visitas. Paraná y sus cenas de los viernes se convirtieron en destino obligado de activistas visitantes, emigrados y extranjeros que con el tiempo dieron lugar a redes de colaboración y afecto muchos de cuyos contactos siguen vigentes hasta el día de hoy. Fue en Paraná donde el académico James N. Green entrevistó a los activistas Fuad Zahra, Marcelo Benítez y Carlos Rodríguez Lara para su investigación sobre los orígenes de los movimientos latinoamericanos. En las grabaciones de esas entrevistas se escuchaba de fondo la voz de Carlos atendiendo las consultas en el teléfono de GaysDC. El profesor Jorge Salessi se quedaba a dormir cuando visitaba Buenos Aires; y muchas veces llamaba por teléfono a altas horas de la noche desde los Estados Unidos para pedir información que le permitiera avanzar con la escritura de su libro Médicos maleantes y maricas-Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la nación Argentina. El escritor cubano José Quiroga aprovechó su visita para encabezar embanderado la segunda Marcha del Orgullo, en 1993. El activista Enrique Asís, que en aquel tiempo trabajaba para la Comisión Internacional de Derechos Humanos para Gays y Lesbianas (IGLHRC, por sus siglas en inglés), tomo Paraná como centro de operaciones. Desde allí evaluó a las organizaciones con trabajo en sida para la convocatoria de la fundación amfAR, recién creada por la actriz Elizabeth Taylor. También se volvieron asiduos concurrentes de la cenas de los viernes los activistas de ACT UP Américas en Nueva York; Alfredo González y Sam Larson. Alfredo había sido quien interpeló al entonces presidente Carlos Menem en su conferencia de la Universidad de Columbia, acción que terminó derivando en el logro de la personería jurídica de la CHA. Jorge Beloqui, emigrado argentino en São Paulo, y Veriano Terto de la Associação Brasileira Interdisciplinar de AIDS (ABIA) de Río de Janeiro nos visitaban frecuentemente aportando sus experiencias de lucha contra el sida en Brasil. Lo mismo hacia Edgar Carrasco que en aquella época residía en Venezuela. Mientras que la productora de televisión Verena von Schoenfeldt, alemana radicada en Buenos Aires, investigaba en aquella época la fugaz aparición del escritor Manuel Puig por el Frente de Liberación Homosexual (FLH). De hecho, fue Verena quien nos presentó al Dr. José Luis Pizzi, quien sería el primero en formar parte del equipo legal de GaysDC.

Afiche del Frente por la Democracia Avanzada. Diseño de Marcelo Ernesto Ferreyra. 1993. Fondo Marcelo Ferreyra. Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexogenéricas, CeDInCI.

A la vez, representantes de casi todos los partidos políticos llegaban con diversas propuestas. De esa forma surgieron la candidatura de José Luis Pizzi, en julio de 1993, a diputado nacional por el Frente por la Democracia Avanzada (FDA)[5]. Más tarde, en junio de 1994, la del propio Carlos por la Unidad Socialista[6]. Algunas reuniones del FDA tuvieron lugar en Paraná. Allí se citaban los distintos candidatos como por ejemplo Atilio Borón o Jorge Makarz para luego ir a repartir volantes y condones en la esquina de la Avenida Santa Fe y Pueyrredón como en la Zona Roja. Con estos vínculos se buscaba lograr avances legislativos, otra de las metas fundacionales de GaysDC.

En 1995, entre las diversas personas que visitaban nuestra oficina-hogar de GaysDC en la calle Paraná llegaron dos antropólogas, que según nos contaron habían realizado un estudio con prostitutas que trabajaban en la ciudad de Buenos Aires. Preocupadas frente al constante asedio y maltrato policial habían decidido ayudarlas a organizarse. En breve nos reunimos con las propias protagonistas quienes fueron el germen de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR)[7]. Inmediatamente, compartimos experiencias y recursos. Las invitamos a participar de la IV Marcha del Orgullo. La intervención de las trabajadoras sexuales fue uno de los elementos destacados de aquella marcha.

Todo ese tráfico de visitas y personalidades venía acompañado de bibliografía, publicaciones, libros, artículos, cartas, ejemplos legislativos de Europa, USA o del resto de América Latina y el Caribe. Ese material se fue acumulando y acompañando al que la propia organización producía y registraba con recortes de prensa, carpetas y videos de VHS para conformar lo que con el tiempo se convirtió en la famosa Biblioteca y archivo de Paraná. Esto, por supuesto incrementó aún más la afluencia de visitantes con alumnos de colegios secundarios, estudiantes universitarios, investigadores y escritores locales que deseaban consultar ese material.

Marcelo Benítez y Karina Urbina en Paraná preparando máscaras para la Segunda Marcha del Orgullo. Junio de 1993. Fuente: Archivos Desviados.

En medio de toda esta actividad la vida cotidiana de los habitantes del departamento seguía adelante. La población estable se engrosaba y a veces el lugar se convertía en un verdadero campamento. Karina Urbina de la organización TRANSDEVI[8], vivía lejos de la ciudad y se quedaba a dormir con nosotros varios días a la semana. Marcelo Benítez consideraba Paraná como una buena alternativa para pasar sus vacaciones. A los eventos de activismo se sumaban las fiestas realizadas por motivo de los cumpleaños de cada uno de nosotros, a las que con el tiempo se agregaron los aniversarios de amigos y amigas que solicitaban el favor de poder usar el amplio espacio del lugar. Si las cenas de los viernes eran austeras debido a la concurrencia aleatoria, las fiestas, por el contrario, podían ser fastuosas. El decorado y cotillón se preparaban con esmero semanas antes. Se prestaba especial atención a la música, la comida y la bebida. Las transexuales y travestis siempre ofrecían representaciones y shows especiales para la concurrencia, que cada año era más y más numerosa, llegando al punto de que el departamento albergó a casi 300 personas. El escritor Diego Tedeschi Loisa dedico uno de los capítulos de su libro BRASIL (coração navegador) a rememorar esas fiestas, e, incluso, homenajeó el lugar con una foto de Alejandro Correa en la tapa del texto. Por supuesto, más tarde, también se celebraron allí

Misa celebrada en Paraná por el pastor Roberto González luego de la XII Marcha del Orgullo. Noviembre de 2003. Archivo Marcelo Ernesto Ferreyra.

fiestas de sexo Leather BDSM[9]. ¡Todo sucedía en Paraná, todo y mucho más! Hasta no faltó quien alzara un grial en el departamento. Luego de la muerte de Carlos, cuando ni Cesar ni yo vivíamos allí, el lugar funcionó como espacio de culto del Centro Cristiano de la Comunidad Gay, Lésbica, Travesti, Transexual, Bisexual. Además de celebrar las misas dominicales, el Pastor Roberto González y su pareja Norberto D’Amico, que habían participado de todas las actividades en Paraná desde un principio, celebraban encuentros con otras organizaciones religiosas del país y del exterior. Ambos llegaron a convertirse en esa época en los nuevos habitantes de Paraná.


En julio de 2016, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, gracias a la gestión de Gustavo Pecoraro y a la iniciativa conjunta de los diputados porteños Pablo Ferreyra y Maximiliano Ferraro; homenajeó al departamento de la Calle Paraná con una placa que lo recuerda como el lugar de partida de la Primera Marcha del Orgullo.


Sobre la fachada de Paraná, placa conmemorativa de la Primera Marcha del Orgullo. Archivo Marcelo Ernesto Ferreyra.

Paraná no fue el brillo multitudinario de sus fiestas, ni la hospitalidad sin medida de sus cenas. Tampoco fue la oficina de una organización o una editorial, ni el origen o los debates de un movimiento diverso. Fue mucho más que eso. Fue una corte donde su

protagonista no era el dueño de casa sino un refugiado. Un paladín que no atesoraba protagonismo, sino que lo cedía generosamente para que cada quien desde su ángulo de diversidad enarbolara su propia corona. Tampoco fue solamente el lugar de donde se planificó y de donde partió la Primera Marcha del Orgullo, o donde se proyectaron los primeros Encuentros Nacionales LGTT. Tampoco fue solo el lugar donde falleció Carlos Jáuregui. Fue el origen de muchas otras cosas y la confluencia de muchos otros orígenes. Fue el lugar donde en torno a una mesa redonda intangible se implementó una forma horizontal de articularse y organizarse para forjar la ficción premonitoria de un movimiento diverso. Fue un hechizo deshecho y vuelto a hacer para dar lugar a la magia del mito. Hoy Paraná es Casa Jáuregui, gracias a los esfuerzos de gestión y organización de mi marido

Asamblea de Maricas y Bisexuales en Paraná. 21 de julio de 2018. Archivo Marcelo Ernesto Ferreyra.

Diego Christiansen. Además, de llevar a cabo cursos y clases de diversa índole, se siguen celebrando las reuniones y actividades de la Asociación Ciclo Positivo, la Asamblea de Maricas y Bisexuales, MalditaMil parte de la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual, la Asamblea Lésbica Permanente, el Frente Docente Disidente, Bisagra, Correpi, Quimeras de Democracia Socialista, Acción desviada migrante y Serigrafistas Queer. Todas estas iniciativas buscan preservar el carácter de aquel mito; para que nadie jamás olvide que allí, en ese lugar encantado, también existió, y con mérito propio, durante un breve pero brillante momento un Camelot.




*Marcelo Ernesto Ferreyra es arquitecto de profesión y activista feminista defensor de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos desde 1987, primero integrando la Comunidad Homosexual Argentina y luego Gays DC, y más tarde en Latinoamérica y el Caribe, siendo en ese contexto miembro Fundador at Coalición de Organizaciones LGBTTTI con trabajo en la OEA. Actualmente es miembro de Synergia Initiative for Human Rights, también es miembro de la Colectiva Asesora de Sexo y Revolución, Programa de memorias políticas feministas y sexo-genéricas de CeDInCI/UNSAM.




[1] Gays por los Derechos Civiles según su propio volante de presentación era una organización que nació el 1 de octubre de 1991 para plantear a la sociedad la situación de las libertades individuales en relación a los homosexuales. [2] Entrevista Mabel Bellucci, mayo de 2020. [3] Bar con restaurante y centro de actividades culturales situado en el pasaje Dellepiane, entre Tucumán y Viamonte. En ese lugar se realizó a fines de 1995 un evento que consistió en seis reuniones con el objetivo de diseñar estrategias y una agenda para la constitución del movimiento como se conoce en este presente.

[4] A partir de los encuentros en el bar Tasmania y con el objetivo de promover el debate y alentar el desarrollo del movimiento en otras ciudades, se implementaron estos Encuentros Anuales. En 1996 se realizó el primero en la Ciudad de Rosario, en 1997 en Salta y en 1998 en Córdoba. La iniciativa concluyó con un último encuentro en la Ciudad de Buenos Aires. [5] Para las elecciones legislativas de 1993 el FDA fue el primer partido en la Argentina en colocar en la agenda política del momento demandas contra todo tipo de discriminación, en especial, de los gays junto con la despenalización del aborto. [6] Partido que en 1994 se presentó al llamado a elecciones para determinar quiénes redactarán la nueva reforma de la Constitución Argentina.

[7] La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar) nació como respuesta al constante asedio y violencia de la Policía con el fin de conseguir objetivos que benefician a las trabajadoras sexuales y a la sociedad en general. [8] Transexuales por el Derecho a la Vida y a la Identidad TRANSDEVI, organización fundada por Karina Dora Urbina en 1991. [9] La subcultura leather (del inglés, “cuero”) comprende prácticas que se organizan con un fin sexual o erótico donde se destaca el uso de indumentos de color negro y artículos de cuero. La cultura leather también puede asociarse con prácticas de bondage, disciplina, dominación, sumisión y sadomasoquismo (BDSM).



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Ferreyra, Marcelo Ernesto. "Paraná". Mayo de 2020

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