Los cuatrocientos homosexuales desaparecidos

Memorias de la represión estatal a las sexualidades disidentes en Argentina


En el año 2015 se publicó el libro Deseo y represión: Sexualidad, género y Estado en la historia reciente argentina, compilado por Débora D'Antonio. La publicación incluyó una polémica investigación de Santiago Joaquín Insausti sobre la represión a homosexuales durante la última dictadura cívico-militar argentina. Este trabajo, extensamente discutido tanto por activistas lgbt como por académic*s, aportó una nueva perspectiva sobre los modos en los que se piensa el pasado reciente de las disidencias sexuales en el país. Moléculas Malucas vuelve a publicar ese texto fundacional, seguido de un post scríptum inédito donde el autor repasa las derivas que tuvo su trabajo en estos últimos cinco años.


Por Santiago Joaquín Insausti*


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Diciembre de 1954. Un grupo de homosexuales ingresa al Departamento Central de Policía luego de una gigantesca razzia donde fueron detenidos más de 350 "amorales" por contravención al edicto policial 2°H. Luego de haber sido humillados y rapados en el patio central, una gran cantidad de detenidos fue trasladado al penal carcelario de Villa Devoto. Fotografía publicada por la revista "Hechos en el Mundo", el 3 de enero de 1955. Fuente: Archivos Desviados.


Post scríptum


Escribí este texto entre el 2013 y el 2014 para discutir con colegas y amigos. Me sentía incómodo con una idea que venía ganando cada vez más espacio tanto en el sentido común como en las memorias de las nuevas generaciones de activistas: me refiero a la existencia de un plan sistemático de desaparición de lesbianas, homosexuales y travestis por parte de la última dictadura militar. Mi escrito tenía dos objetivos: por un lado, pretendía problematizar ese postulado. Por otro, intentaba desandar la historia de cómo éste se había instituido en verdad. Para esto, en una primera parte hice una historia de la represión estatal a la homosexualidad en la segunda mitad del siglo XX para evidenciar sus continuidades entre gobiernos civiles y regímenes militares. En una segunda parte, analicé las particularidades que ésta asumió en la última dictadura. Finalmente, estudié el periodo democrático hasta nuestros días para indagar los modos en los cuales se transformó la memoria de la represión en relación con la siempre cambiante coyuntura política. No me movía ninguna pretensión purista de rescatar alguna supuesta verdad histórica. Estaba —y estoy— convencido de que, estratégicamente, las políticas que habilitaban esas memorias eran regresivas.


A mediados del 2014 Debora D’Antonio me animó a publicar mi escrito en una compilación que estaba coordinando y acepté con algo de aprehensión. Allí comenzó otra serie de discusiones álgidas acerca de la conveniencia política de decir ciertas cosas, de los modos en los que mi texto sería interpretado y de los posibles usos malintencionados que este podría tener por parte de la derecha. El conocimiento no es objetivo ni neutral sino que siempre es político y no es escindible ni de sus efectos ni de los usos que habilita. Finalmente, mi texto vio la luz en un libro publicado en mayo del 2015, en un contexto complejo e impredecible un año antes: en las vísperas de las elecciones presidenciales que inaugurarían un retroceso en las políticas de memoria que había habilitado el kirchnerismo y la re-emergencia de posiciones negacionistas encarnadas en diferentes funcionarios del gobierno de Mauricio Macri.


La memoria es un género discursivo singular. No es necesariamente verdadera o falsa: se constituye más como un repertorio político que como una narrativa fáctica. Por tanto, no tiene sentido estudiarla para refutarla o corroborarla empíricamente, sino para analizar las relaciones de poder que las constituyeron como tales y los usos políticos que habilitan u obturan.


En el capítulo del libro dedicado a mi texto sostengo que en el marco de la revalorización de las políticas de derechos humanos, estos devienen —como en los años ochenta— un paradigma articulador de las demandas en el espacio público. En este marco, el haber sido víctima de la persecución durante la última dictadura otorgaba al colectivo LGTB legitimidad a sus demandas y argumentos para exigir diferentes —y merecidas—reparaciones. Ahora agregaría otra cosa. Luego de la promulgación de las leyes de Matrimonio Igualitario en el año 2010 y de Identidad de Género en el 2012, invadió al movimiento una justificada sensación de victoria junto a una urgente necesidad de recordar. Las memorias producidas a partir de ese período adquirieron las estéticas de la gesta heroica. Festejar las conquistas y celebrar a sus protagonistas requería construir un presente idealizado. En contraposición a este, el pasado debía construirse como un paisaje de represión absoluta que habilitaba estas epopeyas heroicas de progreso, desde la invisibilidad y la tragedia a la libertad.


La construcción de un pasado opresivo sin fisuras es condición de posibilidad de ciertas narrativas de la redención que construyen al presente como un lugar de llegada. La historia queer en Argentina se convirtió así en una eterna cadencia de relatos sufrientes que se centran en la violencia estatal al tiempo que adolecen de problemas para percibir las formas de resistencias que las maricas enfrentaban. Sin embargo, cuando entrevistamos a las maricas y locas que vivieron el período, sus relatos son muy diferentes. La narrativa inmediatamente se enfoca en las fiestas y la joda, en la descripción del yire y el levante y en la enumeración interminable de amantes, chongos y maridos, con el relato minucioso de sus dimensiones íntimas y sus performances amatorias. El recuerdo de la represión es circunstancial, y generalmente emerge ante la insistencia de los entrevistadores. Es cierto que la memoria de la fiesta de estas maricas ancianas no es disociable de la idealización del pasado y de la juventud. Por otro lado, también es cierto que “el olvido” ha sido una táctica muy común de supervivencia a las experiencias del terror. Tampoco tiene sentido contraponer como opuestas las historias de la fiesta y las historias de la humillación y la vergüenza: ambas son dimensiones de las experiencias de las maricas de antaño que es necesario iluminar. Pero la falta de escucha de historiadores y activistas frente a las memorias de las teteras, los petes, la joda y la fiesta es desconsiderada con las maricas ancianas que se ven nuevamente violentadas: primero, se veían impedidas de contar sus historias por la ausencia de una escucha empática, y ahora que son convocadas a narrar, se ven imposibilitadas de recuperarlas en sus términos porque estos son inaprensibles para nuestros proyectos políticos.


Tapa de la revista "Ahora", diciembre de 1954. Fuente: Archivo personal del autor.

Marcelo Ernesto Ferreyra aporta una perspectiva interesante con la que estoy plenamente de acuerdo. La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) se funda en 1984 en la transición democrática y se identifica rápidamente como una organización de Derechos Humanos en un contexto en el cual, estos devenían los principales legitimadores de las demandas en el espacio público en el marco del progresivo descubrimiento de los crímenes de la dictadura. En este contexto, el activismo homosexual de las décadas del ochenta y noventa imagina a la democracia como su momento fundacional, lo que implica una ruptura con las organizaciones políticas anteriores. Por eso también, la construcción de la gesta militante produce a la democracia como punto cero de la política al tiempo que construye una foto de la represión dictatorial en la cual es difícil percibir matices.


Cuando escribí el capítulo para el libro no me percaté de que mi estudio se había enmarcado en el contexto de una nueva serie de investigaciones que cuestionó la excepcionalidad de la dictadura y rastreó sus lógicas en los regímenes anteriores, en el marco de la alternancia de gobiernos civiles y dictaduras militares que caracterizaron a la guerra fría en nuestro país [1]. Desde esta perspectiva, se puede ver que las dinámicas que se intensificaron en la dictadura se retrotraen a las décadas anteriores, en el marco de los sucesivos y frustrados intentos de las élites de disciplinar a una clase obrera autonomizada de las clases dominantes y en proceso de radicalización.


Consideremos también que la dicotomía dictadura/democracia tenía en las décadas del sesenta y del setenta sentidos muy diferentes a los actuales. Por un lado, en el marco de la proscripción del peronismo, todos los gobiernos -civiles y militares- eran considerados ilegítimos por una parte muy importante de los argentinos. Para muchos, los gobiernos no se medían en relación a si eran democráticos o no, sino en relación a si eran o no eran populares: tengamos en cuenta que los sectores populares iniciaron su identificación con Perón entre 1943 y 1944 cuando este era actor clave de una dictadura militar. Por otro lado, en el marco de la inestabilidad del período, desde 1955 hasta 1976 se sucedieron cuatro golpes de estado y ninguno de los gobiernos civiles logró cumplir los seis años del mandato.


Al mismo tiempo, las asociaciones gobierno dictatorial/militar/autoritario y gobierno democrático/civil/progresista no eran obvias ni necesarias. El presidente Arturo Frondizi estableció en 1960 el Plan CONINTES mediante el cual se encarceló a más de 3.500 militantes populares. A su vez, la Triple A (1973-1976) se organizó y accionó en el tercer gobierno de Juan Domingo Perón. Otro presidente civil, José María Guido, no accedió al poder mediante elecciones democráticas sino tras un golpe fallido. En 1962 el gobernador de la provincia de Buenos Aires fue impedido de asumir el cargo para el cual había sido elegido y en 1974 el gobernador de Córdoba fue depuesto por la policía, ambos en el marco de gobiernos constitucionales. A su vez, la corporación militar era para muchos un actor político válido, como lo demuestran las negociaciones entre el peronismo vandorista y el General Juan Carlos Onganía o el apoyo de la cúpula del Partido Comunista a la última dictadura militar [2]. Finalmente, para los militantes cercanos a la política radical, la democracia era una institución burguesa que era necesario derrocar. El golpe militar de 1976 habilita una represión de una crudeza que rompe radicalmente estas nociones, pero es necesario recabar en que hasta ese momento, la dupla dictadura/democracia no tenía el significado que tiene hoy.


Comunicado del Frente de Liberación Homosexual en repudio al artículo publicado en la revista "El Caudillo", órgano del Ministerio de Bienestar Social de la Nación a cargo de José López Rega, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón. La revista llamaba a la cacería y matanza de homosexuales. Fuente: Archivos Desviados.

Además de tener en cuenta el contexto histórico para evitar caer en anacronismos, hay que tener algunos reparos metodológicos a la hora de estudiar la represión estatal en los años setenta. El recorte temporal que seleccionamos delimita las conclusiones a las que podemos arribar: si nuestra pregunta de investigación se constriñe a los desaparecidos homosexuales en la última dictadura y los materiales empíricos que analizamos se sitúan exclusivamente entre 1976 y 1983, es difícil arribar a una conclusión que no confine la represión de los homosexuales en los escuetos marcos del autodenominado proceso y que no la explique únicamente en relación al autoritarismo militar. Estos enfoques son tautológicos: al acotar la cronología en relación a los regímenes estatales, sitúan en éstos la causalidad y peso explicativo de fenómenos que los escapan y atraviesan. Otro tanto ocurre con los testimonios. Si seleccionamos testimonios de personas nacidas en los años sesenta que empezaron a transitar el espacio público y a vivir su sexualidad durante la dictadura, es obvio que ante la imposibilidad de tener patrones de comparación, el recuerdo que se tendrá de la dictadura es el de un régimen de una represión sin fisuras que se supera con la transición a la democracia. Si tomamos además testimonios de personas nacidas en la década del cuarenta que hayan vivido las décadas del sesenta y setenta, los últimos años del peronismo, la dictadura de Videla y la transición a la democracia, la pintura será otra y se podrán percibir los matices de la represión estatal a las sexualidades en un marco más amplio. Indagar en la excepcionalidad —o no— de la dictadura exige ubicarla en el marco histórico del mediano plazo y compararla con los regímenes estatales que la precedieron y la procedieron.


Desde diferentes géneros y formatos y con diferentes perspectivas y posiciones, otras y otros colegas tuvieron acercamientos valiosos al tema. La activista lesbiana María Luisa Peralta aportó una perspectiva interesante en un posteo en su perfil de Facebook en 2016 y en una entrevista publicada en marzo de 2021, sostuvo que los relatos contemporáneos sobre “los 400 homosexuales desaparecidos” invisibilizan la lucha de estos en las organizaciones armadas, su militancia, y el compromiso revolucionario que los llevó a la tortura y la muerte. Siguiendo su razonamiento, yo creo que reclamamos estar presentes en la historia como sus víctimas pero no como sus agentes: deberíamos recrear las memorias de estas lesbianas y gays combatiendo y liderando en las organizaciones armadas junto a sus compañeros, recolectar las historias de cómo vivían su sexualidad en la clandestinidad y de cómo influía esta en el modo en el cual pensaban la revolución y la sociedad liberada.


Ilustración de Maxo [Dante Bertini] para el editorial del número 1 del boletín clandestino "Somos", del Frente de Liberación Homosexual. Diciembre de 1973. Fuente: Archivos Desviados.

Además de María Luisa Peralta, Daniel Tortosa filmó “Los maricones”, un documental sobre la represión en Córdoba. Emmanuel Theumer escribió una nota en el suplemento Soy del diario Página/12 y un interesante artículo académico junto a Noelia Trujillo y Marina Quintero, ex-detenidas durante la última dictadura. Cristian Prieto y Ana Cecilia Solari Paz investigaron exhaustivamente los expedientes de la DIPBA (Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires) y los analizaron en varios artículos [3]. Solari Paz publicó y analizó un extenso compendio de materiales, y llega a conclusiones opuestas a las mías. Prieto, además, publicó un libro en el que narra las experiencias que emanan de esos expedientes a través de la unión entre archivo y ficción [4]. Dentro de la relativa autonomía que manejaban las zonas operativas en que había sido dividido el territorio, las lógicas de la persecución sexual en las provincias tenían sus particularidades. Laura Rodríguez Agüero enfocó el caso del comando Pio XII, dedicado a la persecución de prostitutas en la ciudad de Mendoza y halló varios casos de desapariciones [5]. El tratamiento que recibían las prostitutas en Mendoza posiblemente sea extrapolable al que recibían allí también las maricas.


Paralelamente, salieron a la luz nuevos archivos, testimonios y materiales. Patricio Torné, activista del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), relató en la radio de forma conmovedora su detención en la cárcel de Rawson en 1975 y el amor que lo unió a otro detenido político [6]. El Archivo Nacional de la Memoria y el Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba incorporaron archivos de memoria oral con las perspectivas sobre este tema por parte de víctimas y activistas, los cuales fueron analizados en detalle por Daniele Salerno [7]. Así mismo, la organización Memoria Abierta se encuentra empezando un proyecto similar.


Un capítulo aparte merecen los nuevos documentos encontrados por el proyecto Archivos Desviados y sacados a la luz por primera vez en Moléculas Malucas, entre ellos, el documento escrito por Néstor Perlongher en 1979 titulado “La represión a los homosexuales en la Argentina”. En este informe Perlongher es enfático en la descripción del terror que vivían los homosexuales en aquel momento, pero enmarca a éste en una historia de mediana duración que comienza con el primer peronismo -el cual es duramente criticado y responsabilizado de crear los edictos antihomosexuales- al tiempo que se enfatiza la continuidad de la represión entre gobiernos civiles y regímenes militares. El autor por ejemplo destaca un incremento de la represión durante el gobierno civil de Frondizi y un relativo deshielo durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse [8].


Primera versión del informe de Néstor Perlongher, "La represión de los homosexuales en la Argentina", escrita en 1979. El documento circuló inicialmente en la ciudad de San Pablo, Brasil, entre militantes homosexuales, lesbianas y feministas allegad*s a Perlongher. Un segunda versión clandestina (modificada, ampliada y actualizada) fue distribuida por la Comisión por los Derechos de la Gente Gay, en Buenos Aires, en 1981. Fuente: Archivos Desviados.

Al relatar la represión que llevaba a cabo en ese momento el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla, Perlongher es claro al señalar que “la persecución de los homosexuales no configura sino un episodio más dentro de la generalizada violación de los derechos humanos que caracteriza a la Argentina de los militares” y que “no se conocen internaciones masivas de homosexuales en campos de concentración”. Perlongher afirma además en su informe que la dictadura solo exacerba lógicas montadas por los gobiernos democráticos: “el régimen puede argüir que no ha hecho más que intensificar el rigor de las normas instauradas bajo un gobierno “popular” (el peronismo) y puestas en práctica con parecido celo por un gobierno 'democrático' (el frondizismo)”. Pero por otro lado, Perlongher da cuenta un in crescendo en la sistematicidad: en su relato, si bien las maricas eran detenidas mayoritariamente en las cárceles en virtud de las normativas vigentes y por los períodos establecidos en ellas, el cribaje del espacio público fue sistemático y tuvo como objeto la limpieza moral [9].


Sin embargo, lesbianas, travestis y maricas encontraban resquicios donde darse a la fiesta y al sexo. El informe de Perlongher nos pinta un cuadro de la joda desviada en la dictadura bastante diferente al que imaginaríamos: informa que, aunque con extremas dificultades, en 1978 varios boliches gays sobrevivían en Buenos Aires. Es el caso de “La Gayola”, en Caseros, protegida por la comisaría local, y clausurado en 1978; de Tivos y Vickingos, en Ciudadela, cerrados ese mismo año; de Experiment, distinguida disco de élite que inauguró ese mismo año; de Patos, en Barrio Norte, regenteada por un militar, y “Privado”, también en Barrio Norte. Todas los boliches mencionados, si bien debieron cerrar debido a la presión y las coimas de la policía, subsistieron varios años durante la dictadura.


Es interesante el dato de que algunos boliches estuviesen bajo el amparo de funcionarios policiales. Los regímenes autoritarios no son monolíticos sino que tienen contradicciones, tensiones y conflictos internos. El Estado es un aparato que se ve obligado a conciliar los intereses muchas veces contradictorios de las élites políticas, los funcionarios y las tecnocracias, las bases de apoyo del régimen y los sectores económicos cuyos intereses representan. Tampoco hay que presuponer que un régimen autoritario en lo político será necesariamente anti-sexual.


Hay muchos estudios interesantes sobre el tema. Respecto a Argentina, Debora D’Antonio estudia cómo la última dictadura financió las “sexy comedias” que promovían el adulterio, la prostitución, el sexo pre-matrimonial y el descontrol sexual: conductas que contradecían la moral oficial del régimen pero que contribuían a generar una falsa sensación de libertad en medio de la represión [10]. En líneas parecidas, Ben Cowan analiza cómo en Brasil la industria del cine erótico despega precisamente bajo la dictadura, generando un boom económico que causa tensión entre las clases dominantes que sostienen al régimen: entusiasma a ciertos sectores de la derecha liberal modernizadora hambrienta de divisas al tiempo que crispaba a los sectores conservadores [11]. En Perú, el porno prospera durante la dictadura de Francisco Morales Bermúdez pero se extingue durante el gobierno civil de Fernando Belaúnde Terry, quien asume aliado al Partido Popular Cristiano [12]. En Alemania, la historiadora Dagmar Herzog demuestra cómo en el régimen nazi existía una ambivalencia entre un discurso oficial anti-sexual junto a discursos que también eran parte del régimen que promovían el erotismo y la experimentación heterosexual [13]. Estos ejemplos nos sirven para imaginar las tensiones existentes entre algunos sectores de las élites conservadoras argentinas ansiosas por moralizar la ciudad y los intereses de aquellos cuadros policiales ávidos de recaudar mientras promovían y extorsionaban a los dueños de discotecas de ambiente.


Año 1987. Las travestis se organizan para reclamar por las compañeras muertas en la Panamericana. Abajo, de izquierda a derecha, Kuky López, Bubú del Tigre, Norma Gilardi y Mónica Ramos. Arriba, de izquierda a derecha, dos compañeras que no han podido ser reconocidas, Gaby de Martelli y Deborah Singer. Foto: Mario Cocchi. Archivo personal del fotógrafo.

Mi capítulo describe cómo la extorsión a los boliches gays se perpetúa en los años ochenta. Hoy agregaría que el objetivo principal de la policía en esa década y en la del noventa fueron las travestis [14]. Ivana Tintilay, archivista y trabajadora sexual travesti, tuvo acceso a su legajo policial y testimonia haber sido detenida 96 veces por los edictos policiales entre 1992 y 1996. Recuerda que en una de esas detenciones, en agosto de 1992, tuvo que ser alojada en el calabozo de una comisaría porque el pabellón de travestis del penal de Devoto estaba saturado de reincidentes contraventoras de los edictos policiales [15].


Tras el fin de la última dictadura cívico-militar, la policía vio reducido su presupuesto. En este marco, prostitutas y travestis se volvieron objeto obsesivo de la extorsión policial ávida por incrementar su recaudación ilegal. Los años ochenta fueron así el escenario de pugnas entre las mafias policiales y las travestis, que eran sistemáticamente detenidas, extorsionadas y asesinadas impunemente en ajustes de cuentas. En este marco, las torturas y los vejámenes alcanzaron un nivel de crudeza y sistematicidad difícil de imaginar aplicado a detenidos por otros delitos contravencionales que no eran económicamente explotables por la policía. Un informe de GaysDC del año 1998 relata las condiciones de detención:


[...] El comisario Blanco ha introducido en la seccional la modalidad de golpear a las personas travestis, durante la detención, con un bate de béisbol. Durante uno de esos ataques policiales a una travesti le pulverizaron los huesos de la rodilla. […] En muchos casos son bañados con manguera en la celda ‘para tranquilizarlos’, en Tucumán las travestis son torturadas y hasta picaneadas por personal de las comisarías. […] El acoso sexual y la tortura son también herramientas de intimidación y violencia para ceder a los pedidos sexuales de los oficiales de turno [16].


No tiene sentido tratar de contrastar los tratamientos antes y después de la transición democrática: el horror inenarrable de la tortura no es susceptible de ser mesurado. Pero estos relatos nos permiten reflexionar lo que cambió y lo que se perpetuó luego de 1983. Por un lado, es cierto, la última dictadura usufructuó un aparato represivo previo, que se venía constituyendo por lo menos desde fines de la década del cincuenta, y que se perpetuó una vez concluida esta: el inmenso aparato represivo de un Estado no se disuelve y refunda de la noche a la mañana. Por otro, las lógicas que ahora primaban eran novedosas. La represión ya no tenía como objeto principal extirpar el vicio de las calles sino la recaudación ilegal de dinero proveniente de las coimas haciendo uso de las tácticas mafiosas por excelencia: la extorsión, la tortura y el homicidio aleccionador. Y en este contexto, es posible pensar que en los años ochenta y en los noventa, bajo la democracia, la policía haya sido igual o más violenta con las travestis que con las maricas en cualquier otro momento histórico.


La respuesta que articularon las travestis fue tan creativa como eficiente. Rápidamente articularon un discurso político empoderado y agente. Sandy González cuenta que usufructuaron sus perfos escandalosas y sus looks atrevidos y sensuales para generar rating y volverse atractivas para los empresarios televisivos para así poder acceder a los medios en prime time y denunciar a la policía con un discurso político sofisticado. En estas apariciones las travestis impugnaban públicamente a la policía refiriéndose a los comisarios con sus nombres y apellidos, arriesgando así sus vidas por exponerse a represalias que llegarían tarde o temprano [17]. Algunas de estas activistas, como María Belen Correa, pudieron demostrar que sus vidas estaban en peligro ante la violencia institucional sistemática del Estado y fueron reconocidas como refugiadas obteniendo asilo político en Estados Unidos o Europa a fines de la década del noventa. Al mismo tiempo, las travestis no dudaban en defenderse cuando se veían acorraladas. Ivana Tintilay recuerda la pesadilla vivida por ella y unas compañeras en la comisaría 23 de Palermo durante una noche de 1995:


[...] Mónica León se abrazó a una gran maceta de yeso para evitar que la lleven a la celda, y al intentar ser arrastrada se le cae al piso y se rompe en pedazos, lo que le costó una fuerte golpiza. Nadia [Echazú] intervino a los golpes para defenderla arrojando a la policía los restos de lo que fue la maceta y la molieron a palos hasta dejarla sin aire. Ella ponía el cuerpo con toda su fuerza olvidando que era muy menudita y que su aguante era limitado. Ahí yo estallo de furia y comienzo a destrozar toda la comisaría con un hierro largo que sostenía un cenicero. No quedó nada en pie, y no exagero. Máquinas de escribir, computadoras, sillas, macetas, escritorios, objetos de oficina junto a papeles volaban por el aire. Me arrastraron hasta el subsuelo, me desvistieron hasta dejarme desnuda y con mis manos esposadas y los brazos hacia arriba, me colgaron de las rejas de la celda para comenzar a tirarme baldes de agua fría [18].


Como puede verse, para los años noventa las travestis ya estaban organizadas y respondían colectivamente, arriesgando la vida para defender a las compañeras. La resistencia provenía de las viejas políticas maricas de la amistad: como dice Perica Burrometo, "[las travestis] ante la represión éramos seguramente aun más unidas, mucho más amigas" [19].


La policía en general pensaba que todas las travestis podrían ser extorsionadas, que no iban a resistir respondiendo con violencia, que nadie las iba a apoyar y que no iban a poder socavar la impunidad policial. Pero la mayoría de ellas, en una situación de vulnerabilidad extrema y con muy pocas herramientas, demostraron lo errado de esta caracterización.


Recapitulando, diferentes marcos memoriales posibilitan u obstruyen distintos modos de hacer política. Mi artículo analiza cómo, en diferentes coyunturas, las organizaciones queer construyen para legitimarse pasados diferentes. La memoria es una construcción contemporánea que se delinea tácticamente para legitimar las demandas presentes en el espacio público. Por ejemplo, la necesidad de reparar las injurias recibidas en el pasado fue uno de los argumentos principales en pos del matrimonio igualitario. Los gays nos hemos presentado frecuentemente ante el Estado como seres inherentemente vulnerables que requieren necesariamente de su tutela: en las décadas del ochenta y noventa como víctimas ante la epidemia del SIDA, en este siglo como víctimas del terrorismo de Estado. Estas estrategias fueron necesarias y exitosas. Yo sospecho, sin embargo, que en la coyuntura actual estas memorias dolientes tienen sus limitaciones: solo nos permiten trabajar políticamente si hay una injuria que habilite una reparación. No construyen un sujeto político plausible de emanciparse, sino uno encaminado principalmente a demandar asistencia. Frente a las políticas de odio no se puede responder desde la victimización y la vulnerabilidad. Las memorias del horror no nos dan las mejores herramientas en un mundo en el cual los neoconservadurismos religiosos y las derechas homofóbicas ganan cada vez mas legitimidad social y empiezan progresivamente a manejar los engranajes de los Estados. ¿Se podría interpelar al Estado bolsonarista, a la new-right norteamericana o al Lepenismo francés solicitando protección y reparo? Las memorias victimizantes tampoco nos dan herramientas para confrontar a los homo-nacionalismos y los nuevos racismos de las élites gays, porque precisamente estos fundan la legitimidad de sus reclamos en la vulnerabilidad que sienten frente a las minorías étnicas y religiosas. Los tiempos que se vienen quizá requieran de otras políticas y otras memorias. Necesitamos recordar y re-actualizar las estrategias lúdicas y gozosas que travas y maricas enarbolaban para burlarse del poder y resistir a la violencia estatal. Quizá ahora sí haya llegado el momento de recuperar las memorias del escándalo travesti y del mariconeo, las poéticas de las fiestas y la potencia política de la amistad.



* Santiago Joaquín Insausti, (Universidad de Buenos Aires) sinsau@gmail.com



Tapa del libro “Deseo y represión: Sexualidad, género y Estado en la historia reciente argentina” compilado por Débora D’Antonio, donde se publicó por primera vez el trabajo “Los cuatrocientos homosexuales desaparecidos: Memorias de la represión estatal a las sexualidades disidentes en Argentina”, de Santiago Joaquín Insausti. Ediciones Imago Mundi, Buenos Aires, 2015.


Agradecimientos


Debatí estas ideas efusivamente con mi amigo Pablo Ben; muy pasado de copas y enarbolando todas las falacias y chicanas posibles en "La Continental" con los pibes de Antroposex; en tés con pastaflora en casa de Marcelo Benítez; en las reuniones de trabajo del equipo de Mario Pecheny en el Instituto de Investigaciones Gino Germani; entre clases y recreos con Alejandra Oberti, Claudia Bacci y mis compañeras de docencia en la UBA, con quienes entonces dictábamos una materia sobre género y “orgas” en los setenta. El texto ganó en complejidad con la edición de Debora D’Antonio. También lo presenté en un panel en Rosario organizado por Sole Cutuli y Horacio Sívori y en un workshop en Providence convocado por Javi Fernández Galeano y James Green. Luego de su publicación, el Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexogenéricas del CeDInCI me invitó a presentarlo y discutirlo. Para este prólogo, conté con los valiosos testimonios de Sandy González, Ivana Tintilay y Perica Burrometo sobre la experiencia de las travas en la década del ochenta. Juan Queiroz, Mabel Bellucci y Marcelo Ernesto Ferreyra recabaron en este escrito luego de un quinquenio, me animaron a armar este post scríptum e hicieron críticas y comentarios muy enriquecedores. Juan además realizó —como siempre— una edición atenta y amorosa. Ellas y ellos no son responsables de las falencias de este escrito pero sí de sus aciertos, así que aprovecho la oportunidad para agradecerles el acompañamiento crítico y mandarles un gran abrazo.



Referencias


[1] Entre otros, Águila, Gabriela, Garaño, Santiago y Scatizza, Pablo (comps.) (2016) Represión estatal y violencia paraestatal en la historia reciente argentina, FaHCE, UNLP; Casola, Natalia (2017) “Los indeseables. El exilio chileno en la mirada de la DIPBA (1973- 1983)”, Clepsidra, vol 4, n° 7; AA.VV. (2015) Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Tomo I. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado, Buenos Aires, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.; Eidelman, Ariel (2012) “Construcción de la identidad policial y representación de la violencia política en la revista PFA-Mundo Policial durante los años 70”, en Contemporánea, vol. 3, año 3; Eidelman; D ́Antonio, Débora y Eidelman, Ariel (2010) “El sistema penitenciario y los presos políticos durante la configuración de una nueva estrategia represiva del Estado argentino (1966-1976)”, en Iberoamericana, año X, n° 40; Garaño, Santiago (2008) Entre resistentes e “irrecuperables”: Memorias de ex presas y presos políticos (1974-1983), Tesis de Licenciatura, Facultad de Filosofía y Letras, UBA; Tiscornia, Sofía (comp.) (2004) Burocracias y violencia. Estudios de antropología jurídica, Buenos Aires, Antropofagia; Sarrabayrouse Oliveira, María José (2003) ‘Memoria y dictadura’. Poder Judicial y dictadura. El caso de la Morgue Judicial, Buenos Aires, Cuadernos de trabajo del Instituto de Estudios e Investigaciones.


[2] La cúpula del Partido Comunista no cuestionó a la última dictadura militar, porque la Union Soviética necesitaba preservar sus relaciones comerciales con Argentina. Las bases del PC, de todos modos, fueron perseguidas. Sobre la relación del Partido Comunista con la última dictadura, es fundamental el trabajo de Natalia Casola.


[3] Solari Paz, Ana Cecilia; Prieto Carrasco, Cristián Oscar Jilberto. Cuerpos disidentes en la mira de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA). IV Jornadas del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género. Memoria Académica. UNLP-FaHCE, 13, 14 y 15 de abril de 2016.


[4] Cristian Prieto, Fichados: Crónicas de amores clandestinos. La Plata, Pixel, 2017; Cristian Prieto, El Maricón de los chilenos, Buenos Aires, Binder, 2021.


[5] Rodríguez Agüero, Laura. El fortín del orden: La Policía de Mendoza en el combate a la subversión. Contenciosa; Lugar: Rosario; Año: 2020 p. 1-17


[6] Radio de la Universidad de Rosario. "Historia de amor dentro del horror: Entrevista a Patricio Torne", 23 de marzo de 2018.


[7] Daniele Salerno, The Closet, the Terror, the Archive: Confession and Testimony in LGTB Memories of Argentine State Terrorism, In Adam Sharman, Milena Grass Kleiner, Anna Maria Lorusso e Sandra Savoini (a cura di), MemoSur/MemoSouth. Memory, Commemoration and Trauma in Post-Dictatorship Argentina and Chile, Londra. Critical, Cultural and Communication Press.


[8] Perlongher, Néstor, "La represión de los homosexuales en la Argentina", 1979. Documento clandestino de circulación privada. Fuente: Archivos Desviados.


[9] Documento publicado en Queiroz, Juan. La represión a los homosexuales en la Argentina. El informe de Néstor Perlongher y la Comisión por los Derechos de la Gente Gay. Moléculas Malucas, octubre de 2021. https://www.moleculasmalucas.com/post/la-represion-a-los-homosexuales-en-la-argentina


[10] D'Antonio, Débora. “Las sexi-comedias en la filmografía argentina durante los años de la última dictadura militar argentina: una lectura sobre el control y la censura”. En: Débora D'Antonio (Comp.) Deseo y represión. Buenos Aires: Imago Mundi, 2015.


[11] Cowan, Ben. Securing sex morality and repression in the making of Cold War Brazil. Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 2016.


[12] Santiago Joaquin Insausti y Pablo Ben, “Global Porn Boom and the Latin American Late Cold War: The Case of Perú and Argentina” Journal of Latinoamerican Cultural Studies. London: Routledge. (En evaluación).


[13] Herzog, Dagmar. Sex after Fascism: Memory and Morality in Twentieth-Century Germany. Princeton, NJ : Princeton University Press, 2007


[14] El título de este capítulo, recupera las palabras de Carlos Jáuregui en su libro La homosexualidad en la Argentina, publicado en 1987. En ese momento, “homosexual” era aun una categoría ambigua que podía incluir, o no, a lesbianas y a travestis. No está claro cuál es la amplitud de este término en el libro de Jáuregui. Al mismo tiempo, la frontera entre travestis y maricas no estaba del todo clara en la década del sesenta y del setenta. En esa época muchas travestis se nombraban como maricas y muchas maricas se identificaban íntimamente con la feminidad.


[15] Entrevista del autor con Ivana Tintilay, noviembre de 2021.


[16] "Detenciones y accionar represivo de la policía federal argentina y las policías provinciales a causa de la identidad sexual", Gays y Lesbianas por los Derechos Civiles (GaysDC), 1998.


[17] Entrevista del autor con Sandy González, mayo de 2021.


[18] Tintilay, Ivana. Ángela Vanni. La guardiana de las travestis. Moléculas Malucas, julio de 2020.


[19] Entrevista del autor con Perica Burrometo, noviembre de 2021.




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Cómo citar este trabajo


Insausti, Santiago Joaquín. Post scríptum al capítulo "Los cuatrocientos homosexuales desaparecidos: Memorias de la represión estatal a las sexualidades disidentes en Argentina".

Moléculas Malucas, diciembre de 2021.

https://www.moleculasmalucas.com/post/los-cuatrocientos-homosexuales-desaparecidos