The Mario Fenelli Affair


Elusiva como Carmen Sandiego, la ladrona de guante blanco buscada en todo el mundo por la Interpol, la figura de Mario Fenelli se escurre entre cartas archivadas en universidades, fotografías halladas en un viejo álbum, y créditos en internet que muchas veces son pistas falsas. Escritor, cineasta y custodio de las claves para pensar en la mítica transición del cine a la literatura de Manuel Puig, el nombre de Fenelli se mantiene como una incógnita, una silueta fantasmal que pareciera esforzarse por recogerse siempre en un segundo plano. A través de Martín Villagarcía, Moléculas Malucas rescata con este artículo a Mario Fenelli del olvido y la confusión a los que la homofobia y su retraimiento lo condenaron.



Mario Fenelli en Roma, 1964. Fuente: Archivo Manuel Puig.

Por Martín Villagarcía*



Mamita querida


Mario Ángelo Fenelli nació el 16 de julio de 1925 en el barrio de La Paternal, Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Su infancia estuvo signada por conflictos familiares, en especial producidos por haber manifestado desde muy temprano señales evidentes de amaneramiento. La fuerte represión machista que ejercieron sobre él su padre y sus dos hermanos mayores lo llevaron a refugiarse en su madre. A diferencia de los varones de la casa, ella estableció con Mario una relación de complicidad, permitiéndole que jugara con muñecas, que la ayudara en las tareas de la casa y que la acompañara a sus reuniones de señoras. El paso de Mario por el jardín de infantes y la escuela primaria también estuvo marcado por la violencia correctiva de compañeros que no admitían sus modales amanerados. A modo de defensa, y desde muy temprano, Mario desarrolló una habilidad especial para esfumarse y recluirse por temor a hablar y manifestarse frente a los otros, una actitud que se mantuvo como uno de sus rasgos fundamentales hasta el final de su vida. Ante esta realidad hostil, encontró una vía de escape en sus visitas al cine, al cual comenzó a asistir desde los 4 años. Sus películas favoritas en esa época fueron Grand Hotel [1] y Gold Diggers of 1933 [2], y su deslumbramiento por las actrices Ginger Rogers y Joan Crawford hizo que les escribiera cartas y que coleccionara sus fotografías.


El ambiente represivo generado por los varones de la casa familiar llevó a Mario a desarrollar sentimientos de culpa y a incursionar en la religión y sus estudios. Mientras cursaba el colegio secundario se hizo amigo de Jorge, otro chico homosexual con una historia similar a la suya, que lo ayudó a acercarse al mundo de la música y la literatura y a poder alejarse de la influencia familiar y religiosa.


Mario Fenelli a los 14 años con su padre y su madre en una visita que realizaron a las Cuevas de Ongamira, provincia de Córdoba, en 1939. Fuente: Archivo Mario Fenelli.


En su paso por el servicio militar, la atracción sexual sentida por la proximidad de sus compañeros y la presión homofóbica de los superiores lo llevaron a sufrir una crisis nerviosa que derivó en una internación en el Hospital Militar. Allí comenzó a escribir poesía y un primer proyecto de novela titulada El agujero, sobre un individuo sin posibilidades de intervenir en la vida que se halla condenado a contemplarla desde un agujero en la pared. Al final del relato, el personaje termina suicidándose, cubriendo con los dedos el orificio que lo vinculaba al mundo. Durante este tiempo Fenelli también se ocupó de un soldado en estado de catalepsia y se identificó con su incapacidad para manifestarse. Al finalizar el servicio militar, preso de una sensación de ahogo, Mario intentó suicidarse. A raíz de esta experiencia de angustia y desesperación comenzó un tratamiento psicoanalítico.


Ciao Italia!


En mayo de 1950 Mario Fenelli viajó a Roma con su amigo Fernando Birri [3] para estudiar cine en el Centro Sperimentale de Cinematografia. Ambos estaban entusiasmados con las primeras películas neorrealistas que habían empezado a llegar a la Argentina a partir de 1948. El viaje, al mismo tiempo, funcionó como una excusa perfecta para huir del oprimente panorama familiar. Una vez en Roma, junto a Luigi Bazzoni [4], quien sería a partir de entonces su más importante socio laboral, se instaló en un departamento cerca de la glamorosa Via Veneto. En el Centro Sperimentale tomó cursos con Roberto Rossellini, Ingrid Bergman, Vittorio De Sica y Jean Renoir, y tuvo compañeros de la talla de Domenico Modugno (autor de “Volare”) o de Sofía Loren. Así mismo, pudo presenciar el rodaje de los films Quo Vadis? (Mervyn LeRoy, 1951) y Roman Holiday (William Wyler, 1953), los dos filmados en los estudios Cinecittà. Al poco tiempo Mario empezó a colaborar con Bazzoni en la realización de películas documentales.


Mario Fenelli en Roma a comienzos de los años 50, durante su época de estudiante en el Centro Sperimentale de Cinematografia. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

La distancia del hogar, en vez de producir en Fenelli una sensación de nostalgia, pronunció su disociación y le generó una profunda dificultad para mantener el contacto con su familia. De manera análoga, sus inseguridades se pronunciaron ante lo intimidado que se sentía frente a sus colegas y optó una vez más por replegarse y aceptar trabajos de traducción que le permitieran esfumarse sin tener que manifestarse ante los demás, alejándose así de nuevo de su vocación creativa.


En su paso de unos meses por Zúrich, Suiza, en 1955, recibió tratamiento psicoterapéutico con el Dr. Bienswagner y el Dr. Strauss, discípulos de Carl G. Jung. Aunque al regresar a Italia continuó sometiéndose a terapia, no logró ningún resultado positivo. Dejando de lado las obsesiones sexuales en las que se había refugiado, consiguió concentrarse en su vocación de escritor y empezó a desarrollar otro proyecto literario al que tituló : Cazadores de estrellas, una colección de relatos que expresaba la tendencia argentina a fabricar ídolos a expensas de la propia identidad. También obtuvo un empleo como traductor para el diario del Vaticano L' Osservatore Romano, que además de brindarle un ingreso fijo le daba la posibilidad de almorzar en su comedor por unos pocos centavos. Allí tuvo la oportunidad de entrevistar a Tennessee Williams, entre otras celebridades. En esta época también retomó el vínculo con Luigi Bazzoni, y codirigió con él documentales que fueron galardonados en San Pablo y en el Festival de Cine de Venecia.


Mario Fenelli y estudiantes del Centro Sperimentale de Cinematografia junto a Ingrid Bergman en los estudios Cinecittà, Roma, 1950. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

De corazón a corazón


En octubre de 1956, Fenelli recibió un llamado telefónico de un tal Manuel Puig [5], que acababa de llegar a Roma desde Buenos Aires. Orlando Berlingieri, un amigo argentino que tenían en común y trabajaba en la Embajada de Argentina, le había dado su número. Mario y Manuel se citaron unos pocos días después frente al Correo Central de Piazza San Silvestro y para poder reconocerse acordaron que Puig llegaría al rendez-vous con el último número de la revista Cinema Nuovo bajo el brazo. En ese primer encuentro ambos se dieron cuenta enseguida de todo lo que tenían en común: además de su origen familiar de clase media argentina con ascendencia italiana (y española también, en el caso de Puig) y la devoción por el cine como refugio de la realidad, los dos habían sufrido el machismo represivo en sus respectivos hogares y se habían convertido en viajeros errantes deseosos de conocer el mundo. Si bien al principio la atracción sexual fue mutua, Fenelli y Puig enseguida se convirtieron en “hermanas”: compartían sus experiencias, se sentían fascinados por sus mundos interiores, admiraban la inteligencia del otro y disfrutaban de cada momento compartido entre los dos. A sus 31 años, y a miles de kilómetros de casa, Mario encontró en Puig la contención y amistad que tanto había anhelado durante toda su vida.


Poco tiempo después de haberse conocido, Fenelli alquiló un minúsculo departamento en el barrio de Aventino, sobre una de las siete colinas de Roma [6], y Puig se mudó a una habitación de una casa de familia en la misma zona. Día tras día Manuel llegaba a la casa de Mario con una bolsa de comida comprada en el mercado de Testaccio. En el reducido espacio del departamento no había lugar para sillas y ambos se las arreglaban para almorzar sentados en la cama. Manuel, en silencio, escuchaba fascinado las historias de vida que le relataba Mario (sus problemas familiares, sus experiencias sexuales, las aventuras en los viajes que realizó, y la fascinación por Greta Garbo) atesorando cada detalle en su prodigiosa memoria. A pesar de que los dos habían sentido la necesidad de alejarse de la Argentina, su amistad los volvió a conectar con cierta nostalgia por el país del que habían huido. En una carta a su familia con fecha del 20 de marzo de 1957, Puig detallaba cómo Fenelli le preguntaba a cada momento “de Buenos Aires y de qué negocios hay entre Maipú y Esmeralda y cómo se llamaba la confitería de tal esquina y tal otra” [7].


Mario Fenelli y Manuel Puig en Roma en 1958. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

Como la mayoría de los amigos de Puig, Fenelli recibió un apodo femenino: Chela, por una columnista de chismes de un programa radial argentino. También lo llamaba Eve o Hebe, un nombre que años más tarde Puig usó para la protagonista de la novela The Buenos Aires Affair (1973). A su vez, Manuel recibió de Mario el apodo Sally, en homenaje al personaje de Rita Hayworth en la película My Gal Sal [8].


Además de acompañarse en sus tiempos libres, durante la estadía de Puig en Roma, compartieron algunos trabajos de traducción de guiones, especialmente aquellos que Fenelli no alcanzaba a completar. Por su experiencia, Mario era un contacto directo con el universo cinematográfico al que Manuel ansiaba entrar y funcionaba como una especie de modelo a seguir. También, cada vez que podía, Fenelli llevaba a Puig a almorzar con él al comedor del Vaticano para ahorrar dinero y luego gastarlo en entradas para el cine. En esta época, aparte de su trabajo como escritor y montajista, Mario también tuvo una pequeña participación como actor en la película Souvenir d'Italie [9], donde interpretó al Profesor Scaglietti.



“Un reloj de cadena o un anillo”


En junio de 1957, Puig dejó Roma por unos meses y el vínculo con Fenelli continuó por correspondencia [10]. La complicidad en su amistad los llevó a desarrollar un lenguaje secreto propio, una mezcla de español, inglés, dialectos italianos, francés, alemán e incluso turco. Otra práctica habitual en sus cartas era feminizar palabras, incluyendo pronombres personales que pasaban, por ejemplo, a reemplazar “yo” por “yoa” y “usted” por “usteda” o “uda”, además de referirse el uno al otro siempre en femenino. Por lo general, Puig firmaba como Sally y Fenelli, como Chela, aunque también utilizaban otros nombres como “Bicha”, “Bianca”, “Irene”, “Saya” e infinidad de apodos más; y para referirse a ambos en conjunto lo hacían como “bobas”.


Tras el regreso de Puig a Roma, en octubre de 1957, Sally y Chela retomaron el contacto y sus cotidianas comidas en conjunto, pero pocos meses más tarde Manuel partió rumbo a Londres abandonando para siempre sus estudios en el Centro Sperimentale de Cinematografía. El reencuentro entre ambos se produjo en agosto de 1958 cuando Fenelli viajó a Londres luego de una fallida ayudantía en el rodaje de Ben-Hur [11]. Para entonces, Puig se encontraba desarrollando su segundo guion cinematográfico, Summer Indoors [12], y requirió la lectura atenta de su amigo. Gracias a un criterio en común y al respeto que le inspiraba Mario, Manuel entabló a partir de entonces un vínculo crítico con él, que sería un elemento clave no solo en la amistad sino en su transición del cine a la literatura.


Mario Fenelli en Roma a fines de los 50. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

Puig regresó a fines de 1959 a Buenos Aires, ciudad a la que tanto él como Fenelli se referían como “Reina”, y se instaló en la casa de sus padres hasta febrero de 1961. Si bien tuvo la posibilidad de participar en la filmación de películas, enseguida entró en un proceso depresivo. La vida porteña lo había decepcionado, se sentía reprimido, todo le parecía atrasado y, fundamentalmente, extrañaba a Mario, quien en una carta que le envió en mayo de 1960 le aseguraba la profundidad de su amistad. Al recibirla, Manuel le respondió: “Tu carta es un monumento que conservaré siempre: en ella está todo lo fundamental de nuestra relación. Siento como si me hubiesen regalado un reloj de cadena o un anillo, algo que te va a acompañar toda la vida. No sabés lo contento que estoy” [13].


Fenelli supo ver en las cartas de Puig una cualidad literaria, una riqueza de lenguaje y, sobre todo, espontaneidad, que revelaban un verdadero talento para la escritura. Sin embargo, Manuel aún estaba convencido de que su vocación era solamente la de escribir guiones cinematográficos y no literatura.



Una valija llena de cuentos


En mayo de 1961 Manuel y Mario se reunieron en Roma y comenzaron a trabajar en producciones cinematográficas bajo la órbita de Giuseppe Scotese. Además, continuaron subtitulando películas y desarrollaron por primera vez un proyecto creativo en conjunto, dos argumentos en italiano firmados con el seudónimo Stuart & Rafferty: Cast y Rose appassite per Apollo. Mientras tanto, Fenelli continuaba escribiendo sus cuentos:


Me pasaba el día entero llenando páginas y páginas al dictado de la “línea directa” que improvisadamente me parecía haber establecido con mi propio subconsciente. Mi forma de trabajar era muy desordenada y bastante demencial pasando con gran desenvoltura de una idea a otra antes de haberlas desarrollado y acumulando textos que muchas veces no habían superado la fase embrionaria. Me sentía como acuciado por la urgencia de transportar rápidamente al papel el torrente de ideas que iban surgiendo con la intención de desarrollarlas en un segundo momento. Lamentablemente, por misteriosos motivos neuróticos (o por neuróticos motivos misteriosos) fui postergando ese momento eternamente. Mientras tanto había llenado en pocos meses una valija de textos casi siempre fragmentarios con extrañas historias parecidas a sueños a menudo inconclusas. La temática partía siempre de experiencias infantiles en una ya lejana Buenos Aires; las vecinas, la escuela, el cine... y el barrio, sobre todo el barrio... A Manuel no le leía esas cosas sino que se las contaba. Él me escuchaba fascinado y sin duda se sintió contagiado por todo ese frenesí creativo [14].


Algunos de esos cuentos eran: “La rosa de sangre”, sobre un muchacho de Buenos Aires que vive con tanta intensidad las historias del radioteatro de la tarde que termina entrometiéndose y conversando con los personajes; “La boda de la muñeca pintada”, donde un joven se enamora de una muñeca, pero ella se casa con el muñeco de un soldado y lo abandona. El muchacho se consuela yendo al cine con una joven vecina, pero una tarde el Hombre Vampiro baja de la pantalla y rapta a la chica. El muchacho “entra” a la película para salvarla pero no puede, y tampoco él puede regresar de la ficción de la película al mundo real. La tercera historia es “Diálogo con Jean Harlow en su jardín de invierno”, sobre una conversación entre la legendaria actriz con un freak en una mansión misteriosa donde el cadáver de Gable está tendido en una de las habitaciones. Por último, la cuarta historia (escrita en italiano, a diferencia de las otras tres redactadas en español), se titula “Le orme” (“Las huellas”) y trata sobre una mujer que recuerda obsesivamente una película que ha visto acerca de un astronauta abandonado en la luna. La vida real del personaje y la película se vuelven una, un film dentro de un film, condenándola a una locura quijotesca.


Mario Fenelli (en el extremo derecho) junto a Vittorio De Sica en el Centro Sperimentale de Cinematografia, Roma, 1950. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

Puig, consciente del valor artístico de la producción de su amigo, insistía en alentarlo. En una carta enviada a su familia el 27 de noviembre de 1961 escribió: “Fenelli se está despertando un poco, un amigo (que es asistente de Bolognini desde hace años) le pidió un argumento y le escribió una cosa, parece que gusta. Está por eso nervioso a más no poder, tiene unas neuras tremendas” [15].


Algo similar ocurrió en agosto de 1962 cuando Puig le escribe a su familia que “Fenelli está insoportable. Todo porque resurgió la posibilidad de que le filmen ese argumento policial y el miedo de que le vuelva a fallar lo tiene mal. Yo he hecho todo lo posible por no darle importancia a sus locuras pero ahora ha llegado a un extremo insoportable, se imagina cosas, traiciones, desprecios, muy estilo Ramona” [16].



El crepúsculo de las diosas


Unos días antes que Puig escribiera aquella carta, él y Fenelli fueron testigos de un hecho que los impactó profundamente. La noche del 5 de agosto de 1962 salieron a cenar a una fonda que frecuentaban en Trastevere y en la tapa del periódico de la tarde, en una mesa contigua, alcanzaron a leer la terrible noticia: MARILYN MONROE È MORTA. El mito, que parecía eterno como los dioses, había revelado su finitud. Movilizado, en el camino de regreso, Manuel le comentó a Mario sobre el reciente proyecto literario en el que había empezado a trabajar, aceptando por fin la sugerencia que él le había realizado. Se trataba de un texto que había nacido como un argumento cinematográfico, pero que se había convertido en “otra cosa”. A los pocos días Fenelli oyó por primera vez esos escritos en la voz de Puig. Con estas palabras, relataba lo que sintió en ese momento:


[Manuel] vino a visitarme al departamento que yo compartía con Bazzoni en Monteverde Vecchio y fue entonces que sucedió el MILAGRO. Hacía un calor insoportable y nos tendimos a dormir la siesta, yo en mi habitación y él en la contigua (Bazzoni no estaba). Nos pusimos a charlar de cuarto a cuarto y de pronto me dice que había traído uno de los escritos de que me había hablado y que quería leérmelo. Lo hizo. Era el monólogo de Coco, más tarde incluido en La traición de Rita Hayworth. Lo escuché sin poder creer en mis propios oídos. Se trataba de un texto original, auténtico, sugestivo, bellísimo. Y lleno de espontaneidad (¡como sus cartas!). Me precipito a su cuarto y le digo: “¿Es posible que vos hayas escrito esa maravilla?”. Sonrió con la expresión un poco avergonzada de un chico que confiesa una travesura [17].


La traición de Rita Hayworth, que trata sobre un niño que vive en un pueblo de la provincia de Buenos Aires y encuentra en el cine un refugio de la cruel realidad que lo circunda, estaba emparentada directamente con los textos que escribía Fenelli. Sin embargo, mientras Mario optaba por dar a sus relatos una resolución fantástica, Puig prefería una óptica realista y, además, parecía dispuesto a terminar lo que se había propuesto, algo que a Fenelli le resultaba difícil lograr.


Mario Fenelli trabajando en un rodaje durante sus años de estudiante en el  Centro Sperimentale de Cinematografia, Roma, 1950. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

Sin compromisos laborales a la vista, Puig decidió marcharse de Roma para viajar a Nueva York, no sin antes insistirle a Fenelli para irse juntos y conquistar con él la gran manzana. Mario no tenía intenciones de abandonar su carrera cinematográfica y tenía compromisos laborales con Bazzoni; sin embargo, no descartó del todo la posibilidad de un encuentro futuro con Manuel en Estados Unidos. El diálogo continuó por carta y Fenelli alentó en todo momento a Puig a seguir adelante con la escritura de la novela y dejar de lado lo que pudiera distraerlo o producirle inseguridad (sobre todo teniendo en cuenta el carácter autobiográfico del texto y las posibles objeciones de sus padres ante el relato de su infancia).



The Buenos Aires Affair


Entre 1962 y 1963 Puig regresó a Buenos Aires para pasar un tiempo con su familia. Mientras tanto, Fenelli se dedicó a escribir el guion del corto Di domenica, dirigido por Bazzoni, que les valió una mención especial en el Festival de Cine de Cannes de ese año. Por esta época empezó a desarrollar su cuento “Le orme” como guion cinematográfico. Pero atormentado por la presión de su familia para que viajara a Buenos Aires, Mario huyó a Abruzzi, al este de Roma, para “pensar” y luego viajó por Lichtenstein, Austria, Suiza y Francia. En una carta enviada por Puig a su familia el 27 de marzo de 1964, se refería así al malestar de su amigo:


Recibí carta de Fenelli, está muy mal de ánimo, por el suelo, me parece que el 25 de abril en vez de París iré a Roma a ver si lo puedo reanimar un poco, está destruido, la macana es que no está escribiendo, tiene un gran agotamiento y no se puede concentrar, ese debe ser el origen de todos sus males [18].


De izquierda a derecha, arriba: Elena Muzi, Carmen Delledonne, Margherita Muzi, Ema Delledonne y Male Puig Delledonne. Abajo: Manuel Puig y Mario Fenelli. Roma, 1964. Fuente: Archivo Manuel Puig.

Siguiendo su plan, Manuel viajó con su madre y sus tías a Roma, donde visitaron a Fenelli y pasaron un tiempo con él. En mayo de 1965 Mario se decidó a viajar a la Argentina donde permaneció por cuatro meses. Para su sorpresa, Buenos Aires lo recibió con los brazos abiertos de su familia y también de los hombres argentinos. A diferencia de los italianos, Mario creía que podía comprender su “tipo” y sentía una gran ternura por los modos en que ejercían su masculinidad en público y su voracidad sexual en privado. Pero su encantamiento con Argentina se desvaneció cuando Mario regresó a Roma. Desde lejos, el país recuperó su carácter oscuro y ominoso y estando en Europa sintió una fuerte sensación de alivio. Aunque las crisis existenciales continuaron, recuperó también la sociabilidad que lo caracterizaba y rápidamente se reincorporó al ambiente cinematográfico, sin dejar de apoyar a Puig para que publique La traición de Rita Hayworth, que en 1966 quedó como finalista del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral. Si bien no ganó, Carlos Barral le ofreció un contrato de publicación y Manuel intentó sumar a Fenelli a ese acuerdo, instándolo a presentar sus cuentos a la editorial española. Mario se entusiasmó y continuó corrigiendo sus textos, en vistas de no solo publicarlos en formato libro, sino también adaptarlos a guiones cinematográficos, con el apoyo de Bazzoni y otros colegas que estaban al tanto de su talento. Al mismo tiempo, se dedicó también a trabajar sobre un viejo diario íntimo escrito durante su adolescencia en Buenos Aires y recuperado durante su última visita.



Las huellas


Si bien Fenelli postergó su regreso definitivo a la Argentina una y otra vez, Puig cumplió con su parte del trato y volvió en 1967 para publicar su novela La traición de Rita Hayworth, cuyo reconocimiento internacional, sumado al éxito de Boquitas pintadas, lo catapultó a la fama. Desde esa posición de privilegio, Manuel ofreció a Mario los contactos para publicar sus cuentos e, incluso, escribir como corresponsal en medios nacionales. Sin embargo, Fenelli no se sentía del todo seguro y tampoco creía posible instalarse en Argentina sin una oferta laboral concreta. Mientras tanto continuó adaptando a guion su cuento “Le Orme” y se encontró en Roma con la madre y el hermano de Puig. La visita coincidió con una de sus tantas crisis amorosas con Vittorio, uno de los típicos accattones (jóvenes heterosexuales que le quitaban el aliento y que disfrutaban teniendo relaciones con él), que rápidamente se convertían en vínculos tormentosos y terminaban en violentos enfrentamientos con toda clase de objetos volando por el aire.


Mario junto a su padre y su madre en 1969 frente al Campidoglio, Roma. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

En agosto de 1969 Fenelli recibió la visita de sus padres. Su madre, luego de sentir a su hijo tanto tiempo alejado, intentó recomponer el vínculo apelando a la misma complicidad que había puesto en práctica durante su infancia, compartiendo todo con él a solas: paseos de compras, salidas al cine y reuniones sociales. Una vez más, el trauma del pasado hizo que Mario tuviera que recurrir a los tranquilizantes para poder sobrellevar el tiempo con sus padres.


Hacia 1970 la relación con Vittorio cambió radicalmente y el accattone incluso lo invitó a pasar una temporada con su familia en el campo. En el plano laboral, retomó la escritura de guiones y se puso a desarrollar varios proyectos: La sirena de dos cabezas (un giallo para Massimo Raineri para que dirija Bazzoni); Relámpago en un cuento de hadas (destinado a Luchino Visconti); Oratorio de Navidad (para Pierre Clementi); Desconocidos en la noche y Ritmo Fascinador (un musical con los protagónicos pensados para Nino Manfredi y Mónica Vitti). Por otro lado, también intentó vender los dos argumentos que había escrito con Puig (Cast y Rose appassite per Apollo), sin demasiada suerte. Los guiones, en cambio, prosperaron paulatinamente y sus colaboraciones con Bazzoni empezaron a llegar a las salas de cine cosechando éxito a lo largo de Europa. Primero fue el turno de Giornata nera per l'ariete en 1971 [19] y luego, Blu Gang e vissero per sempre felici e ammazzati en 1973 [20]. El momento cumbre de su trabajo en conjunto y de su carrera cinematográfica llegó con el estreno de Le Orme [21] en 1975 (comercializada en inglés como Footsprints on the Moon y en español como Huellas de pisadas en la luna), basada íntegramente en una idea original suya. El film fue protagonizado por la actriz brasileña Florinda Bolkan e incluyó una participación especial de Klaus Kinski [22].


Afiche italiano del film "Le Orme", estrenado el 1º de febrero de 1975.

En la entrada que Roberto Curti le dedica en la enciclopedia Italian Gothic Horror Films, afirma sobre Le Orme:


Alice, una intérprete, se ve acechada por una pesadilla recurrente en la que un astronauta es abandonado en la luna por un científico llamado Blackmann -en realidad se trata de una escena de una película de ciencia ficción que vio años atrás, "Huellas de pisadas sobre la luna". Alice se sorprende al descubrir que ha tenido un blackout y no recuerda nada de los últimos dos días. Las únicas pistas son una postal de un hotel costero llamado Germa, donde ella no recuerda haber estado antes, un aro perdido y un vestido amarillo, que encuentra en su armario. Alice viaja a Germa a averiguar qué fue lo que pasó. Una vez ahí, todos parecen conocerla, y otras pistas apuntan a que ella en verdad pasó esos dos días ahí, bajo el nombre falso de Nicole. Alice conoce a una niña llamada Paola, que le cuenta que ella estuvo buscando una misteriosa casa en una isla. Eventualmente, Alice descubre que su blackout fue gatillado por el recuerdo de un evento en su pasado, cuando fue abandonada por su joven amante Henry, que conectó con la escena de la película que vio. [...] A través del espejo, Alice se encuentra con su trauma sin resolver, el miedo al abandono y la soledad: la fortaleza de independencia y autoafirmación que construyó a su alrededor finalmente colapsa, y su inseguridad reprimida la lleva a un acto de violencia.


Florinda Bolkan como Alice, protagonista de Le Orme, acechada por un trauma sin resolver: el miedo al abandono y la soledad.


Aquella noche en Rio


Luego de varias mudanzas dentro de Roma, a mediados de los 70 Fenelli se trasladó a Ostia, una ciudad costera donde solía ir a pasar los veranos. A pesar de la distancia, el fácil acceso a la capital italiana le permitía ir y venir cada vez que necesitaba trabajar. La cercanía de la playa le aportó un estado de tranquilidad mental y le dio la oportunidad de alojar a sus amigos lejos del ruido y la contaminación romana.


Al recibir la noticia de la muerte de su padre en 1979 Mario sintió que precisaría de compañía y contención. Por entonces Puig y él volvieron a conversar sobre la idea de vivir juntos. El primer destino soñado había sido Buenos Aires, pero en 1974 Manuel había tenido que exiliarse de la Argentina luego una amenaza de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). La segunda opción era Marruecos, una ciudad de la que ambos guardaban gratos recuerdos de los años 60, pero hubo dos incidentes que clausuraron esa posibilidad. Por un lado, Fenelli fue diagnosticado con desprendimiento de retina y tenía que esperar a ser operado para mudarse. Por el otro lado, Puig y su madre viajaron a Marruecos para esperarlo allí, pero luego de que ella y él se enfermaron, estaba claro que ese no era el destino adecuado, así que finalmente se dirigieron a Brasil.


Río de Janeiro les ofrecía el ambiente tropical que ambos deseaban y les permitía a la vez estar suficientemente cerca de la Argentina ante cualquier emergencia familiar, especialmente teniendo en cuenta que la madre de Fenelli acababa de quedar viuda. Sin embargo, Mario no aceptó el cambio de rumbo enseguida e incluso se sintió traicionado por Puig, que en vez de priorizar a su mejor amigo había elegido trasladar a su madre con él. Ambos eran conscientes de los conflictos edípicos que tenían con sus familias y la necesidad de superarlos, pero así como Fenelli había conseguido despegarse de su madre, Puig con el tiempo no haría más que apegarse cada vez más a la suya.


Mario Fenelli en Túnez durante sus viajes por el continente africano en los años 80. Fuente: Archivo Mario Fenelli.

La mudanza hacia Rio de Janeiro se llevó a cabo luego de que la madre de Mario falleciera en agosto de 1982 y lo dejara sin ningún motivo para regresar a la Argentina. Si bien el plan había cambiado con la presencia de la madre de Puig, para Fenelli tener su propio departamento en Río también tenía ventajas. Con un pie en Brasil (donde pasaba la mitad del año) y otro en Italia, alcanzó el equilibrio ideal entre la compañía de su amigo en un paisaje tropical y el vínculo laboral con el ambiente cinematográfico de Roma, donde seguía trabajando y conservaba un departamento. En ambos lados del océano podía llevar adelante su vida de soltero y viajar, que era en definitva lo que más le interesaba. Por otra parte, esa doble ubicación le permitía también colaborar con la última afición de Puig que era coleccionar cine en VHS. Desde Europa tuvo la posibilidad de importar una videocasetera a Brasil y obtener copias de toda clase de películas gracias a sus vínculos con el ambiente audiovisual. Cada vez que regresaba a Río, traía varias cintas bajo el brazo que miraban con Manuel y su madre todas las tardes al regresar de la playa. Una vez finalizada la función, ambos amigos salían a pasear y conversaban sobre sus respectivas aventuras.


A pesar de la mala experiencia de Puig con su madre en Marruecos, Fenelli no abandonó su deseo de viajar a Medio Oriente y continuó realizando viajes esporádicos a Casablanca. El paisaje no solo garantizaba el exotismo de su ambiente sino también una gran oferta sexual por parte de sus habitantes, que devolvió a Fenelli a un idilio de sensualidad como el que había experimentado en la Mar del Plata de los años 40. Ese mismo ímpetu lo llevó también a recorrer Brasil de punta a punta, con especial interés en la selva amazónica. Durante ese periodo también entró en contacto con el director de cine argentino Carlos Hugo Christensen para colaborar en el guion de “La casa de azúcar”, una película basada en el cuento homónimo de Silvina Ocampo.


Mario Fenelli en Mar del Plata, c. 1946. Fotos de Gustavo Juan Pueyrredón. Fuente: Archivos Desviados.

La “luna de miel” brasileña se terminó a fines de los años 80 con la creciente violencia y delincuencia en las calles cariocas. Mientras estaba de viaje, el departamento de Fenelli fue robado y no pudo regresar hasta que se hubieran instalado barrotes de seguridad para impedir otro incidente similar. Otro tema clave fue el avance del sida, que durante mucho tiempo había parecido un problema exclusivo de los Estados Unidos y Europa y pronto empezaba a cobrarse víctimas en el resto del mundo. Ante ese panorama, tanto Puig como Fenelli abandonaron Brasil.



El canto del cisne


A principios de 1990, Puig se trasladó con su madre a Cuernavaca, México, donde falleció el 22 de julio del mismo año como consecuencia de una cirugía de vesícula. La noticia fue un golpe fuerte para Fenelli que inesperadamente y sin siquiera poder despedirse, perdió a su mejor amigo y alma gemela. Sin más motivos ahora para seguir visitando Río o México, el tiempo de Fenelli se dividió entre Roma y Medio Oriente.


Pocos años más tarde, en 1995, fue contactado por Suzanne Jill Levine, traductora al inglés de las primeras novelas de Puig, que se encontraba escribiendo su biografía. Para ese entonces Fenelli se encontraba desarrollando su propio proyecto sobre Manuel, un libro sobre la amistad que los había unido basado en la fluida correspondencia que mantuvieron a lo largo de sus vidas. Con la memoria fresca, colaboró con Levine, cuyo libro fue enriquecido por su testimonio.


Mario Fenelli con Carmen Delledonne y Male Puig Delledonne, tía y madre de Manuel Puig respectivamente. Roma, 1964. Fuente: Archivo Manuel Puig.

En una carta de 1967 Puig le había preguntado a Fenelli por los cuentos que conservaba en su famosa valija y él le había contestado que los había arrojado al fuego explicando:


Me he convencido de que nunca podré elaborar un lenguaje totalmente mío, que me permita expresar todo lo que de únicamente mío me bulle por dentro. Nada de lo que escribo me satisface y siento que estoy perdiendo tiempo. Puede que se trate tan sólo de excesiva autocrítica. Lo cierto es que quisiera tener tu humildad. Yo en cambio parezco haberme impuesto el aut aut de ser un genio o no ser nadie. Elijo esta última posibilidad no sólo para liberarme de esa espada de Damocles sino también porque necesito demostrarme a mí mismo que también el anonimato puede ser una condición aceptable.


A lo que Puig había contestado:


Yo sé que tenés algo importante que decir y que lo dirás. No es necesario que lo digas ahora. Tal vez a los 80 años y con pocas páginas esenciales, pero lo dirás. Para ser un escritor no se necesita una carrera ni llenar muchas carillas, a veces basta un único libro incluso de esos chiquitos que caben en el bolsillo [23].


Ese libro llegó casi 40 años después de ese encuentro con el lanzamiento en 2006 de La pagoda, la única publicación literaria que hizo Fenelli en vida. Escrita en italiano, la novela transcurre en El Tigre, Buenos Aires, durante el 24 de marzo de 1976 cuando una pareja emprende un viaje por la memoria hacia el inconsciente confundiendo la realidad con los sueños. El libro iba a ser tan solo el primero de varios que tenía en preparación, pero la muerte lo sorprendió en Roma el 9 de enero de 2008, dejando inconcluso su trabajo. Pocos años antes, en 2004, había viajado a la Argentina por última vez para visitar a los Puig.


Tras su muerte y en contra de lo que parecía su última voluntad, Fenelli volvió a recluirse. Sus cuentos quedaron inéditos, como así también sus guiones, el libro sobre su amistad con Puig y Cazadores de estrellas.


Mario Fenelli en Playa Grande, c. 1946. Foto: Gustavo Juan Pueyrredón. Fuente: Archivos Desviados.

Un error de tipeo que se replica en todos los rincones de internet condenó a la obra de Mario Fenelli a quedar cruzada en numerosas bases de datos como Wikipedia e IMDB con la de Mario Fanelli, un director de cine italiano con una profusa carrera en películas y la televisión de la ex-Yugoslavia. El hallazgo del proyecto Archivos Desviados de un grupo de fotos de Fenelli en el álbum de Gustavo Juan Pueyrredón, posando en las playas de Mar del Plata en los años ’40, puso en marcha un plan de rescate de sus documentos. Algunos fueron recuperados gracias a la buena voluntad de sus familiares y herederos en Argentina y en Italia, como así también a la monumental tarea de Carlos Puig como albacea del archivo de su hermano (donde se conservan gran parte de las cartas enviadas por Mario a Manuel); otros permanecen cautivos del colonialismo cultural en la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU).


El rescate de la obra de Mario Fenelli es de suma importancia no solo por su valor literario, sino también como testimonio de una época y de una experiencia que es la del llamado “exilio invisible”. Si bien está claro que Fenelli no se fue de la Argentina por una amenaza pública, al igual que un sinnúmero de homosexuales, lesbianas y personas trans, lo hizo escapando de la opresión homofóbica social y familiar, circunstancia que tornó invivible su existencia en Buenos Aires y dejó secuelas en su sensibilidad para el resto de su vida.





*Martín Villagarcía es escritor, artista, docente e investigador. Publicó los libros La gira (De Parado, 2012), Éxtasis (Eloisa Cartonera, 2014), XXX (Saraza, 2019) y Nunca nunca nunca quisiera volver a casa (De Parado, 2021). Investiga el Archivo Manuel Puig. Publicó en Moléculas Malucas en noviembre de 2021 su trabajo Manuel Puig y el Frente de Liberación Homosexual: un diálogo nunca abandonado.


Mario Fenelli en 2004 en Albano Laziale, Italia, donde pasó sus últimos años. Fuente: Archivo Mario Fenelli.


Agradecimientos


A Carlos Puig, Graciela Goldchluck, Lea Hafter y Pedro Ghergo. A Germán Fenelli, Michela Mariotto y Atilio Fenelli, por sus valiosos aportes e incondicional predisposición para preservar la memoria de su tío. A la colectiva editora de Moléculas Malucas: Mabel Bellucci, Marcelo Ernesto Ferreyra, Jorge Luis Giacosa y, especialmente, a Juan Queiroz, sin cuya ayuda, complicidad e incansable dedicación esta investigación no hubiera sido posible.



Fotografías


Las fotos del Archivo Mario Fenelli son gentileza de Germán y Atilio Fenelli.

Las fotos del Archivo Manuel Puig son gentileza de Carlos Puig.



Notas al pie

[1] Grand Hotel es una película estadounidense de 1932 dirigida por Edmund Goulding, producida por la Metro-Goldwyn-Mayer y protagonizada por Greta Garbo, John Barrymore, Joan Crawdford, Wallace Beery y Lionel Barrymore. En Argentina se estrenó bajo el título Gran Hotel el 15 de septiembre de 1932. [2] Gold Diggers of 1933 es un film musical de Warner Bros. dirigido por Mervyn LeRoy con canciones de Harry Warren (música) y Al Dubin (letra) y puesta en escena y coreografía de Busby Berkeley. Está protagonizada por Warren William, Joan Blondell, Aline MacMahon, Ruby Keeler, Dick Powell, Guy Kibbee, Ned Sparks y Ginger Rogers. En Argentina se estrenó con el título Vampiresas. [3] Cineasta, director y actor argentino. Nació en Santa Fe el 13 de marzo de 1925 y murió en Roma el 27 de diciembre de 2017. Es considerado el padre del "nuevo cine latinoamericano". [4] Director de cine y guionista italiano. Nació en Salsomaggiore Terme el 25 de junio de 1929 y murió en el mismo lugar el 1º de marzo de 2012. [5] Escritor, guionista y dramaturgo argentino. Nació en General Villegas, Buenos Aires, el 28 de diciembre de 1932 y falleció en Cuernavaca, México, el 22 de julio de 1990. [6] Años más tarde ese edificio, ubicado en Piazza di Sant’Anselmo y a escasos metros de la villa del actor italiano Vittorio Gassman, se convertiría en un hotel de lujo. [7] Puig, Manuel. Querida familia: tomo 1- Cartas Europeas (1956-1962). Buenos Aires: Entropía, 2005. [8] My Gal Sal es un musical de 1942 de la 20th Century Fox dirigido por Irving Cummings y protagonizado por Rita Hayworth y Victor Mature. Se trata de un biopic del compositor Paul Dresser y la cantante Sally Elliot. En Argentina se estrenó con el título Una chica con sal. [9] Souvenirs d'Italie es una película italiana de 1957, dirigida por Antonio Pietrangeli. Se estrenó en Argentina el 14 de octubre de 1958 con el título Hasta siempre, Italia y en inglés se comercializó como It Happened in Rome. [10] Parte de las cartas enviadas por Mario Fenelli se encuentran alojadas en el Archivo Manuel Puig. Otra parte de la correspondencia entre ambos escritores se encuentra en la Universidad de Notre Dame, Indiana, EEUU. [11] Ben-Hur es una película épica religiosa estadounidense de 1959, dirigida por William Wyler, producida por Sam Zimbalist y la MGM y protagonizada por Charlton Heston. El rodaje se llevó a cabo íntegramente en Italia. [12] Al igual que el primer guion completado por Puig, Ball Cancelled de1958, Summer Indoors también fue escrito en inglés y evocando el cine clásico de Hollywood. Fue Mario Fenelli quien le recomendó a Puig escribir en castellano sobre un tema con el que estuviera familiarizado. Producto de esa sugerencia fue su tercer guion completado, La tajada de 1960, sobre el rodaje de una película durante el ascenso del peronismo en la Argentina. El título también fue una idea de Fenelli. [13] Levine, Suzanne Jill. Manuel Puig y la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 2002. [14] Ibid. [15] Puig, Manuel. Querida familia: tomo 1- Cartas Europeas (1956-1962). Buenos Aires: Entropía, 2005. [16] Ibid. [17] Levine, Suzanne Jill. Manuel Puig y la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 2002. [18] Puig, Manuel. Querida familia: tomo 2- Cartas Americanas (11963-1983). Buenos Aires: Entropía, 2006. [19] Giornata nera per l'ariete [Un día negro para el carnero] es un giallo italiano de 1971, dirigido y escrito por Luigi Bazzoni con la colaboración de Mario Fenelli y Mario di Nardo. El film se comercializó en inglés con el título The Fifth Cord y en español Un día negro (en España) y Orgía de amor y muerte (México). [20] Blu Gang - E vissero per sempre felici e ammazzati es un Spaghetti Western italiano de 1973, dirigido y escrito por Luigi Bazzoni con colaboración de Augusto Caminito y Mario Fenelli. En inglés se comercializó con el título Brothers Blue y en Argentina se estrenó como El clan de la muerte el 6 de febrero de 1975. [21] Le Orme es una película de terror psicológico italiana de 1975, dirigida por Luigi Bazzoni, escrita por Mario Fenelli y protagonizada por Florinda Bolkan. En inglés se comercializó con los títulos Footprints on the Moon y Primal Fear, y en español como Huellas de pisadas en la luna. Fue el último film de Bazzoni. [22] Dos años más tarde, en 1977, se estrenó Grazie tante arrivederci, un drama erótico italiano dirigido por Mauro Ivaldi con guion de Mario Fenelli y Enzo Milioni.

[23] Correspondencia inédita entre Manuel Puig y Mario Fenelli y existente en el archivo Manuel Puig.




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Cómo citar este trabajo


Villagarcía, Martín. The Mario Fenelli Affair

Moléculas Malucas, enero de 2022.

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