Manuel Puig y el Frente de Liberación Homosexual: un diálogo nunca abandonado


En agosto de 1971 se llevó a cabo la reunión fundacional del Frente de Liberación Homosexual (FLH) en el departamento del escritor y abogado Blas Matamoro, en el barrio de Once, en Buenos Aires. Participaron, entre otros, Héctor Anabitarte, Juan José Hernández, Juan José Sebreli y Manuel Puig. Si bien la participación de Puig en esa y en las sucesivas reuniones del frente es apenas un recuerdo fantasmal en la memoria de quienes estuvieron presentes, el impacto de su relación con el FLH podría leerse en su obra inmediatamente contemporánea y posterior a la agrupación: las novelas The Buenos Aires Affair (publicada en Argentina en 1973) y El beso de la mujer araña (España, 1976). La lectura de ambas, así como las entrevistas de la época, a la luz del manifiesto Sexo y revolución del FLH, permiten pensar al autor de este artículo un diálogo fluido entre los debates públicos del colectivo político de lucha homosexual y el trabajo de Puig como escritor en un momento histórico que exigía a artistas e intelectuales un compromiso social.



Por Martín Villagarcía*


Manuel Puig en Roma, 1962. Fuente: Archivo Manuel Puig. Gentileza Carlos Puig.


The Buenos Aires Affair, 1967/1973


A fines de 1967 Manuel Puig regresó a la Argentina desde Nueva York para publicar su primera novela La traición de Rita Hayworth. La editorial Sudamericana se había comprometido a hacerlo, pero el temor a la censura del gobierno de Juan Carlos Onganía frustró la edición y el libro finalmente vio la luz a través de la editorial Jorge Álvarez en 1968. A pesar de la tibia recepción de la crítica y el público, el éxito que cosechó la traducción francesa y la rápida popularidad de su segunda novela, Boquitas pintadas (publicada en 1969), catapultaron a Puig a la fama y lo convirtieron en un best-seller. A continuación, se abocó a la escritura de su tercer libro, The Buenos Aires Affair, el primero que tendría como escenario principal la ciudad de Buenos Aires y como problema central el sexismo como sinécdoque de la violencia que se vivía en el país. Este viraje notablemente político no es casual y entra en consonancia con las discusiones que se estaban teniendo al interior del Frente de Liberación Homosexual.


The Buenos Aires Affair fue el primer libro que Puig empezó a escribir en Buenos Aires como resultado de la impresión que le causó la ciudad a su regreso. La Argentina con la que se encontró en 1967 no era la misma que había dejado. Juan Carlos Onganía llevaba un año en el poder y el clima represivo de la dictadura de la Revolución Argentina contrastaba fuertemente con la ebullición artística y cultural que estaba teniendo lugar al mismo tiempo. Ese clima opresivo, sumado a los problemas de censura que tuvo para publicar La traición de Rita Hayworth, impactaron fuertemente en Puig. En una entrevista publicada en la revista Primera Plana el 25 de enero de 1972, recordó ese momento:


Tuve una visión de Buenos Aires, de la experiencia que había sido sacar ese libro, tres años tratando de conseguir editor y, sobre todo, tenía la impresión clara de una actitud mía equivocada, una actitud ansiosa, muy especial. Entonces, como nunca, yo traté [sic]. Buenos Aires, siempre los pueblos, tuve ganas de hacer algo sobre Buenos Aires, sobre esa atmósfera, ese horror que yo había sentido. Me pareció que el mejor modo de expresar eso era a través de una novela policial [1].



Tapa de la primera edición de "The Buenos Aires Affair" de Manuel Puig (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1973). Fuente: Archivo personal Martín Villagarcía.

También en 1967, una pequeña agrupación clandestina que se presentaba como “Homosexuales de Buenos Aires” empezó a reunirse en Lomas de Zamora con el objetivo de reivindicar sus derechos. El grupo, fundado por Héctor Anabitarte y Luis Troitiño, “nació de la confluencia entre militantes sindicales de izquierda y de maricas que se reconocían mutuamente y compartían vivencias en sus lugares de trabajo y en barrios de la zona sur del conurbano bonaerense” [2]. Ese mismo año comenzaron a editar y repartir el boletín Nuestro mundo, que daría nombre a la agrupación e incluía información relevante sobre homosexualidad publicada por la prensa y reclamaba la derogación de los edictos antihomosexuales. En 1971 el grupo comenzó a aparecer en medios “progresistas” como las revistas Siete Días, Panorama y Confirmado, donde se daba cuenta de su existencia y se remarcaba su labor de difundir y “sintetizar material publicado por otros medios y circularlo entre aquellos sectores que pudieran tener más impacto en el tratamiento de las minorías sexuales” [3].


En paralelo otro grupo de homosexuales se reunía en el departamento del escritor Blas Matamoro para compartir lecturas y charlas sobre homosexualidad. Se trataba del grupo que, una vez formado el FLH, pasaría a llamarse Profesionales. Lo integraban entre otros José Bianco, Juan José Sebreli, Teddy Paz y el mismo Matamoro. El nexo entre este grupo y los editores de Nuestro Mundo fue el escritor Juan José Hernández, pareja de Bianco y amigo de Manuel Puig. Según testimonios de Héctor Anabitarte y Blas Matamoro, fue Hernández quien llevó a Puig a aquella mítica primera reunión del Frente de Liberación Homosexual en agosto de 1971 [4]. Si bien la presencia de Manuel Puig es recordada por varios testigos, su participación y compromiso en las actividades se vuelve más borroso. En una entrevista realizada por Juan Queiroz, Teddy Paz recuerda:


En esa [primera] reunión se planteó que el peor enemigo del homosexual eran los mismos homosexuales, los caricaturescos. Es que en esa época nadie tomaba en serio a la marica, desde un lado intelectual se la veía como algo banal y frívolo, y de eso se agarraba la prensa de la época para condenar la homosexualidad. En cambio Puig hablaba todo en femenino, se refería a todos los escritores como “la tal” o “la cual”, y Juan José Hernández también.


Consultados al respecto, tanto Anabitarte como Matamoro recuerdan que Puig asistió a un par de reuniones más, dejó algunos contactos y dio dinero para homosexuales detenidos en el penal de Villa Devoto. Dos años más tarde, en julio de 1973, colaboró económicamente para la impresión del periódico Homosexuales, una edición de un solo número a cargo del Grupo Profesionales, publicado por el FLH.


Por aquel entonces Manuel Puig ya era una celebridad literaria en la Argentina debido al enorme éxito comercial que tuvo Boquitas pintadas desde su publicación. No obstante, parte de la crítica y la comunidad intelectual continuaba recibiéndolo de manera tibia, algo que Puig sospechaba que era un signo de homofobia en desprecio de una literatura que se consideraba peligrosamente frívola para la época. Curiosamente, su plan original era publicar su “folletín” por entregas, en la tradición original del género, y había presentado esta idea en las mismas revistas que dieron a conocer la existencia del boletín Nuestro mundo. A mediados de 1971 Puig se encontraba en plena redacción de la que sería su tercera novela, The Buenos Aires Affair, un libro sobre el presente. La escritura demandaba a Puig un riguroso ejercicio de lectura de teoría psicoanalítica contemporánea que lo ayudara a representar adecuadamente la historia que tenía en mente, especialmente en lo que concernía al estudio de la sexualidad. Si bien no hay evidencia de que esto haya sido así, no sería extraño pensar que fue esa necesidad la que llevó a Puig a acercarse al FLH, donde se compartían lecturas y charlas sobre homosexualidad con el objetivo de conformar un marco teórico. Los borradores de los textos elaborados por los distintos grupos del frente circulaban entre sus integrantes previamente a su publicación, principalmente aquellos materiales que se publicarían con la firma conjunta del FLH. Entre ellos se destaca el manifiesto titulado Sexo y revolución, publicado en 1973, el mismo año que The Buenos Aires Affair.


Primera versión del manifiesto "Sexo y revolución". Noviembre de 1973. Fuente: Archivos Desviados.

Sexo y revolución, como la mayoría de los textos producidos y distribuidos por el FLH, se publicó sin la firma de sus autores. Según el trabajo de investigación realizado por Juan Queiroz, el manifiesto fue distribuido por primera vez en hojas mecanografiadas y abrochadas durante noviembre de 1973 dentro del FLH y entre agrupaciones estudiantiles de izquierda de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Con una tirada de pocas decenas de ejemplares, en su primera página podían leerse proclamas del frente exigiendo la derogación de los edictos policiales antihomosexuales y la libertad de los contraventores presos. Cada uno de los miembros del Grupo Profesionales, muy ligados a Puig, recibieron el manifiesto. Un año más tarde, precisamente a principios de diciembre de 1974, el FLH le introdujo modificaciones y volvió a publicar el documento, esta vez en forma de boletín, con una atractiva tapa a cargo del dibujante e ilustrador Dante Bertini, quien usaba el seudónimo Maxo en algunos de sus trabajos para la agrupación. A las pocas semanas, el boletín se reimprimió para acompañar el número 5 de la publicación clandestina Somos. Según testimonios que recogió Queiroz en entrevistas a miembros del FLH, Sexo y revolución fue discutido y producido colectivamente en reuniones del Grupo Eros y Nuestro Mundo, y escrito principalmente por Néstor Perlongher y Alejandro Jockl. Néstor Latrónico, encargado de mecanografiar las producciones de Eros, se ocupó de hacerlo en las dos ediciones que tuvo el manifiesto. El grupo Eros era el ala más radicalizada del Frente y estaba compuesto por estudiantes universitarios con experiencia en la militancia de izquierda y anarquista. Su objetivo ya no era “redibujar los límites de la moral sexual, sino precipitar, a través de la agitación callejera, una revolución social y sexual” [5]. Entrevistado por Queiroz, Marcelo Benítez, figura clave de Eros, recuerda:


Sexo y revolución lo escribió el Grupo Eros para dialogar sobre sexualidad con la izquierda. Por ese entonces, los grupos de izquierda eran reichianos, de ahí el carácter reichiano que tiene todo el texto. La derecha no nos iba a dar bola, los únicos interlocutores posibles venían de la izquierda y el punto común entre sexo y marxismo era Wilhem Reich.


En The Buenos Aires Affair, como señala Juan Pablo Canala, las voces que repiten banalidades de las dos primeras novelas dan lugar a diálogos donde intervienen “discursos sobre la sexualidad, la política y el psicoanálisis” [6], discursos que coinciden con lo que se debatía en el FLH y que Puig recuperó en sus diálogos con la prensa contemporáneos a la publicación del libro. En una entrevista realizada en 1973 por Ovidio Lagos Rueda para el periódico La Capital de Rosario, Santa Fe, el periodista afirmaba que la novela “gira alrededor de la imposición de una moral sexual, de la explotación de un sexo por el otro. Puig, utilizando un neologismo, ha bautizado a esta característica que aliena a los protagonistas de su novela: sexismo” [7]. Acerca del origen de la novela, allí Puig afirmaba: “llegué a la conclusión que el origen de la explotación era la represión sexual” [8]. En otra entrevista[9] concedida también en 1973, Puig recalcaba: “La represión sexual es una de las armas principales del capitalismo. Para mí está clarísimo. Reducir a una mujer a objeto de modo que el hombre no solo tenga el techo y la comida sino la tercera gran necesidad, que es el sexo” [10]. En términos muy similares, el Frente de Liberación Homosexual expresaba en Sexo y revolución el modo en que la mujer se convierte en objeto:


El coito deviene una institución estructurada culturalmente para la satisfacción del varón, que detenta toda la iniciativa, y que posee el derecho legítimo a gozar. Esta dominación en el coito es en última instancia, en el terreno ideológico, la manifestación objetiva de la dominación de la mujer por el varón en la vida cotidiana. Así la mujer deviene un objeto de placer y de re-producción [11].


Hacia el final de la última entrevista mencionada, se le preguntaba a Puig: “¿Por qué te parece que los movimientos de liberación social se ponen tan reaccionarios cada vez que se trata el punto sexual, inclusive que lleguen a defender una posición de puritanismo similar al de la Iglesia católica y al del partido comunista?” [12]. A lo que Puig respondió:


Al endurecimiento, creo. La gente que lucha (esto es muy feo, no sé si tendría que decírtelo) y que está decidida a morir, en cierto modo niega la posibilidad del goce. El goce viene a ser una cosa que estorba porque lo que importa en este momento es dar la vida por cambiar el régimen, tal vez sea el único modo; una actitud así casi suicida [13].


Ante ese desdén por la dimensión sexual de la experiencia, Sexo y revolución proponía darle un lugar central en la agenda política, en tanto "Lo real es que en la sexualidad, en la multiplicidad y riqueza de sus potencialidades está inscripto el primer atisbo de libertad que encontramos en la naturaleza, y es este enorme caudal de energía potencial de la libido lo que debe ser desviado hacia la meta social del trabajo enajenado" [14]. Y advertía:


[...] en la medida en que estas necesidades de libertad no son integradas a un planteo revolucionario explícito, es el mismo sistema el único que les da respuesta, manteniendo las mismas bases de la opresión sexual pero brindando satisfacciones ilusorias o sustitutivas [15].


Manuel Puig en Buenos Aires, 1967. Fuente: Archivo Manuel Puig. Gentileza Carlos Puig.

Como sostiene Marcelo Benítez, los destinatarios del manifiesto además de los homosexuales eran los militantes de izquierda, cuyas ideas conservadoras acerca de la sexualidad el FLH deseaba cambiar. La estrategia tenía una pretensión tautológicamente convincente: la revolución será sexual o no será. Las últimas palabras de Puig en aquella entrevista fueron:


Ahora, una vez que se establece un régimen socialista, no veo por qué insistir en la represión. Personalmente, yo creo más que nada en la bisexualidad. La liberación sexual es la posibilidad de goce con una persona, con una mesa, con cualquier cosa, porque el sexo es el elemento de juego que se tiene para alegrar la vida. No veo conflicto entre marxismo y liberación sexual [16].


El conflicto, por más que Puig no lo viera, era real y constituía uno de los grandes obstáculos que enfrentaba el FLH a la hora de consolidarse como una fuerza política. A comienzos de los años 70 el peronismo, como indica Julia Romero, había “invadido el imaginario popular con la significación de un proceso de liberación como forma de luchar contra la represión y el capitalismo” [17]. Es conocido el hecho, documentado por Néstor Perlongher en su "Historia del Frente de Liberación Homosexual de la Argentina" (1979) y narrado en la voz del militante de Eros, Jorge Giacosa en el film documental Sexo y revolución (2021), de Ernesto Ardito, acerca de cómo el Frente intentó sumarse a las filas del peronismo de izquierda ante el regreso de Perón al país en 1973 y fueron discriminados en una manifestación al ritmo del cántico: “No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros”. La liberación sexual, y en especial la homosexual, perseguida por el FLH, no tenía lugar en la revolución popular que el peronismo y la izquierda esperaban que estallara en cualquier momento, y esto derivó en una abrupta ruptura. Puig propondría una resolución utópica a este conflicto entre el Frente de Liberación Homosexual y la izquierda en El beso de la mujer araña.

El beso de la mujer araña, 1973/1976


A diferencia de Boquitas pintadas, que había sido un éxito de crítica y de ventas, la publicación de The Buenos Aires Affair en abril de 1973 resultó sumamente problemática. A pesar de agotar 15 mil ejemplares en sus primeras tres semanas a la venta, el libro recibió mayormente reseñas negativas y medios como la revista Gente, que antes habían llevado a Puig a sus páginas, le dieron la espalda. En marzo del mismo año el candidato peronista Héctor Cámpora había ganado las elecciones, pero las esperanzas del peronismo de izquierda de una revolución popular empezaron a venirse abajo tras el enfrentamiento con el ala de centro-derecha del partido en la Masacre de Ezeiza, ocurrida en junio con el regreso de Perón al país. La inestabilidad política, sumada a la renuncia de Cámpora para que Perón volviera a ser electo presidente en septiembre y una amenaza telefónica de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), hicieron que Puig, temeroso, saliera del país rumbo a Nueva York primero y luego a México. Por ese entonces apenas comenzaba el rodaje de la adaptación cinematográfica de Boquitas pintadas bajo la dirección de Leopoldo Torre-Nilsson.


Quien se encargó de llevar a Puig al aeropuerto en esa oportunidad, oculto bajo su capa dorada, fue Mimí Pons. Respecto a ese momento, la vedette recuerda:


Fuimos muy amigos con Manuel, era mi fiel admirador, me adoraba. Manuel fue lo mejor que me pasó, creo que nadie me amó y admiró tanto como él. Yo vivía en Pueyrredón y Juncal, y él me dirigía para que yo interpretara el personaje principal de Boquitas Pintadas. Me preparó durante un mes viniendo todas las noches a casa. Finalmente Torre Nilsson eligió a su amiga Marta González porque yo era vedette. El día de la partida de Manuel yo me ofrecí a llevarlo al aeropuerto, creo que era la única de sus amigos y allegados que tenía auto. Era de noche, y lo llevé a Ezeiza.


Mimí Pons. Fuente: Foto Estudio Luisita. Gentileza galería Hache.

En enero de 1974 la División Moralidad de la Policía Federal secuestró de las librerías de Buenos Aires todas las copias de The Buenos Aires Affair. Meses más tarde, precisamente en el mes de abril, los libros fueron devueltos con todos los pasajes que incluían referencias a la represión durante el primer peronismo y detalles “obscenos” censurados con corrector blanco. A continuación, el libro fue prohibido como pornografía tras una denuncia presentada por la Liga de Madres de Familia de la Parroquia de la Merced, pasando a formar parte de una lista negra integrada también por la novela El frasquito de Luis Gusmán. En diciembre del mismo año, mientras Puig permanecía en México, su familia recibió otra amenaza telefónica de la Triple A que selló su destino de exilio definitivo.


En medio del derrotero de The Buenos Aires Affair, a un mes de su lanzamiento en mayo de 1973, Puig se entrevistó con varios presos políticos liberados por la amnistía de Cámpora como parte de su proceso de investigación para su nueva novela, El beso de la mujer araña. A comienzos de 1974, la idea de Puig era continuar explorando la fascinación de una mujer débil por un hombre fuerte. Sin embargo, los debates feministas que estaban teniendo lugar en ese momento lo hicieron darse cuenta de que esa atracción ya era poco creíble y decidió cambiar a la mujer por Molina, un homosexual con “fijación femenina”, una marica anticuada todavía enamorada de los viejos estereotipos de género de mujer sometida, que los movimientos de liberación sexual estaban derrumbando. No obstante, la inclusión de un personaje como Molina era problemática por el amplio desconocimiento del público acerca de la homosexualidad. Fue en esa instancia que Puig decidió intervenir el texto con una serie de notas al pie que informaran a l*s lector*s acerca de un fenómeno que en ese entonces era una incógnita.


Tapa de la primera edición de El beso de la mujer araña de Manuel Puig (Barcelona: Editorial Seix Barral, 1976). Fuente: Archivo personal Martín Villagarcía.

En total El beso de la mujer araña incluye nueve notas al pie. Ocho de ellas son relativas a distintas teorías acerca de la homosexualidad y, como afirma Daniel Balderston, “configuran un breve tratado sobre la sexualidad, que enfoca sobre todo la relación entre la liberación sexual y el cambio social general” [18]. Es decir, brindan un marco teórico al cambio de paradigma con respecto al sexo, que era también uno de los objetivos principales del FLH al momento de su fundación. En total se citaron veintiséis autoridades y treinta y un textos y, si bien ninguna de esas fuentes era el manifiesto del FLH, el diálogo entre Sexo y revolución y las notas al pie de El beso de la mujer araña es evidente.


La primera nota presenta tres teorías principales consideradas por el investigador D. J. West sobre el origen físico de la homosexualidad: el desequilibrio hormonal, la intersexualidad y el factor hereditario, para luego refutarlas. La tercera nota considera las tres “más generalizadas interpretaciones del vulgo sobre las causas de la homosexualidad” [19]: la perversión, la seducción y la segregación. A continuación, se sostiene que según el psicoanálisis “las peculiaridades sexuales tienen su origen en la infancia” [20] de una manera muy variada “pero que las reglas de la sociedad obligan a vigilarlas en un constante acecho, sobre todo para preservar la célula base del conglomerado social: la familia” [21]. A tal fin debe garantizarse la reproducción, que la homosexualidad pone en peligro. La importancia de la familia como agente reproductor de un orden social aparece también como uno de los primeros y principales puntos de Sexo y revolución. Luego de preguntarse cómo se crea, mantiene y perpetúa la dominación en el ser humano, la familia aparece como el actor clave:


¿Qué significa la familia? A un ser como el humano, cuyo período de aprendizaje (infancia) es el más prolongado de la escala biológica, le es necesaria una agencia social específicamente encargada de orientarlo, ayudarlo y mantenerlo en ese proceso. Esto significa que la familia es una fábrica de seres humanos sociales. Ahora bien, en la medida en que un grupo social basado en la explotación necesita gente preadaptada para entrar en el proceso de producción alienada, la familia, sustentadora, debe convertirse en una agencia de-formadora [22].


Tapa de la segunda edición del manifiesto "Sexo y Revolución". Ilustración de Maxo [Dante Bertini]. Diciembre de 1974. Fuente: Archivos Desviados.

La cuarta nota de El beso de la mujer araña se ocupa de “las tribulaciones que el individuo ha debido sufrir a lo largo de la historia para aprender a reprimirse y así adecuarse a las exigencias sociales de cada época” [23]. Enseguida retoma el desarrollo de la sexualidad en la infancia y se establece que en sus primeras manifestaciones, la libido es de carácter bisexual, hasta que a los cinco años el complejo de Edipo exige empezar a reprimir. En Sexo y revolución el tabú del incesto aparece como un síntoma de la cultura represora en la que vivimos: “La sexualidad infantil está negada explícitamente por la ideología del sistema; en tanto que, sin embargo, ella existe objetivamente, esta negación funciona en la práctica como una mutilación” [24].


En la quinta nota Puig analizaba la influencia de la madre en el niño homosexual y el desarrollo de su sensibilidad erótica, pasando del complejo de Edipo al narcicismo, en tanto la identificación materna produciría el deseo de otro que es el mismo, reproduciendo así el amor recibido. A continuación, volvía a insistir sobre el carácter predominantemente difuso de la libido infantil temprana en el camino hasta llegar a la fase genital. Al respecto, en Sexo y revolución se afirma: “La sexualidad infantil muestra la variedad de impulsos de todo tipo y objeto que conforman la libido humana, y en este sentido, es el rostro más auténtico de la vida” [25].


La sexta nota al pie de El beso de la mujer araña explora la represión sexual como un síntoma del patriarcado, un sistema social de dominación masculina basado en la inferioridad de la mujer. En estos mismos términos se puede entender el dominio del padre tal como se lo introduce en Sexo y revolución: “En la familia standard hay un detentar del poder, el macho, que, en la medida en que maneja el poder económico en la familia y el poder político en la sociedad, maneja por derecho propio el sistema de relaciones familiares y su extensión, las relaciones sociales” [26]. A continuación, en la misma nota al pie, se caracteriza a la dominación paterna como una extensión del dominio estatal, en términos de Otto Rank, y ambas como una necesidad humana de producir “gran cantidad de hijos para fines económicos y de defensa” [27], según Dennis Altman. Esta necesidad de base es la que se destaca en Sexo y revolución como sentido último de la familia: “producir seres que reemplacen a sus progenitores en sus tareas, inculcándoles antes los mecanismos de la dominación para que las realicen sin protesta” [28].


Hacia el final de esta sexta nota se relaciona también la represión sexual con la legitimación que le otorga la tradición judeo-cristiana en occidente, algo que está notablemente ausente en el manifiesto del FLH. Antes de concluir, la sexta nota introduce también la necesidad, según Marcuse, de “una nueva moralidad y una revisión de la noción de ‘naturaleza humana’” [29] a fin de lograr la liberación sexual. En un tono similar, en Sexo y revolución se advierte: “en la medida en que estas necesidades de libertad no son integradas a un planteo revolucionario explícito, es el mismo sistema el único que les da respuesta, manteniendo las mismas bases de la opresión sexual pero brindando satisfacciones ilusorias o sustitutivas” [30].


Manuel Puig fotografiado por su amigo José "Pepe" Lamarca. Buenos Aires, 1969. Fuente: Archivo José Lamarca, © José Lamarca.

Una séptima nota al pie introduce el concepto de sublimación como una variante a la represión en términos de Freud, un modo saludable de canalizar los impulsos libidinosos a fin de preservar la sociedad, a lo que Marcuse responde con la necesidad de cambiar la sociedad “sobre la base de una evolución que tenga en cuenta los impulsos sexuales originales”[31].


La nota siguiente estudia las causas del rechazo a la homosexualidad por parte de la sociedad. Al respecto Freud asegura que no es motivo de vergüenza en tanto se trata de “una variante de las funciones sexuales producida por un determinado detenimiento del desarrollo sexual” [32] en una instancia previa a la superación de esa “perversidad polimorfa” original. Por el contrario, Marcuse señala la represión de esa etapa como uno de los desencadenantes de la normalización de la agresividad masculina y destaca la función del homosexual como “un señalador constante de la parte reprimida de la sociedad”[33]. Esto aparece también en Sexo y revolución en los siguientes términos:


Aquellos individuos que no cumplen con el rol sexual establecido, los homosexuales, son vividos como un máximo peligro por este sistema, en tanto que no sólo lo desafían, sino que desmienten sus pretensiones de identificarse con el orden de la Naturaleza”[34].

Y un poco más adelante llega a una conclusión similar: “son los homosexuales los chivos emisarios de la represión sexual [35].


A continuación, en la misma nota, señala la observación de Altman sobre los dos componentes que reprimen la “perversidad polimorfa”: “la eliminación de lo erótico de todas las actividades humanas que no sean definidamente sexuales, y por otro lado la negación de la inherente bisexualidad del ser humano” [36]. Sobre lo primero, Sexo y revolución se extiende ampliamente y lo vincula con la explotación capitalista:


La dominación de la libido (la sexualidad) culmina con su reducción a determinadas partes del cuerpo, los genitales. En realidad, todo el cuerpo es capaz de aportar al goce sexual, pero la sociedad de dominación necesita de la mayor cantidad de zonas del cuerpo posibles para adscribirlas al trabajo. La genitalización está destinada a quitar al cuerpo su función de reproductor de placer para convertirlo en instrumento de producción alienada, dejando a la sexualidad sólo lo indispensable para la reproducción [37].


Tapa del número 5 del boletín clandestino "Somos", del FLH, que incluía una copia de la segunda edición de "Sexo y revolución". Diciembre de 1974. Fuente: Archivos Desviados.

La novena y última nota al pie de El beso de la mujer araña es quizás la más interesante porque es donde Puig introdujo su propio punto de vista, enmascarado en la voz de una supuesta doctora danesa llamada Anneli Taube, autora de Sexualidad y revolución, un libro cuyo título es casi el mismo del manifiesto del FLH. La Dra. Taube recuperaba el aspecto consciente de la resistencia del niño a identificarse con los valores agresivos de la masculinidad (y los de la niña con la sumisión femenina) e incluso le otorgaba características revolucionarias, en tanto se trata de una rebelión contra el sistema. Sin embargo, advertía que los homosexuales son “recapturados” por los modelos propuestos por la burguesía heterosexual al identificarse con el valor contrario al supuesto, “aburguesando” la homosexualidad al trasladarse la misma dinámica binaria, pero invertida. Y concluía:


Este prejuicio, u observación justa, sobre los homosexuales, hizo que se los marginara en movimientos de liberación de clases y en general en toda acción política. Es notorio la desconfianza de los países socialistas por los homosexuales. Mucho de esto -afortunadamente, acota la doctora Taube-, empezó a cambiar en la década de los sesenta, con la irrupción del movimiento de liberación femenina, ya que el consiguiente enjuiciamiento de los roles «hombre fuerte» y «mujer débil» desprestigió ante los ojos de los marginados sexuales esos modelos tan inalcanzables como tenazmente imitados. La posterior formación de frentes de liberación homosexual sería una prueba de ello [38].


El cierre de esta última nota al pie funciona como umbral entre la literatura de Puig y el FLH, pero también como límite. Si bien los puntos de contacto están claros y el diálogo es profuso, hay una diferencia que es fundamental y tiene que ver con el modo de pensar la identidad y su inmanencia. El diálogo de Puig y el FLH se basa en el horizonte común de las teorías de la liberación del deseo que articulan marxismo y psicoanálisis con una fuerte impronta de Herbert Marcuse, y circulaban, como indica Germán Garrido, “entre la juventud contracultural de los sesenta y los setenta, (y) abogaba por una sociedad menos represiva para con sus propios impulsos eróticos” [39]. “En este clima de época –continúa Garrido-, el mapa de la liberación homosexual fue, también, un mapa de la liberación nacional como parte de un esfuerzo mancomunado de pueblos que alrededor del mundo buscaban librarse del yugo del imperialismo y el colonialismo” [40]. Esta voluntad emancipadora estaba basada en una idea de identidad que apelaba a generar un sentido de comunidad de los sujetos que integraban cada grupo oprimido, hacia afuera, como una totalidad con un mismo sistema como denominador común, pero también hacia adentro, con sus características y necesidades particulares. En este sentido el FLH se construyó como un espacio de pertenencia y formación de una identidad homosexual. Sin embargo, en el interior no había una única postura al respecto. Mientras Perlongher y el grupo Eros pensaban la homosexualidad como una identidad política en un sentido marginal, combativo y contracultural, Sebreli y el grupo Profesionales la veían como una característica más que, una vez lograda la tan ansiada igualdad total en una sociedad libre, no tendría por qué formar una comunidad aparte. La postura de Puig estaba más cerca de la del grupo Profesionales. Si bien reconocía su admiración y respeto por los movimientos de liberación homosexual, veía allí también el riesgo de forjar una identidad con características esenciales que volverían a capturar el deseo sexual, coartando otra vez la inicialmente anhelada libertad total de un proyecto colectivo.

“El error gay”, 1976/1990


El reconocimiento que dio a Puig El beso de la mujer araña también lo convirtió en objeto de interés para las publicaciones especializadas de la comunidad homosexual. Revistas como Christopher Street, Lampião da Esquina y Masques se interesaron por ese autor argentino con una novela protagonizada por una loca y llena de notas al pie con apuntes de teoría de género. A través de estas intervenciones periodísticas, alejadas de la especificidad literaria, Puig continuó desarrollando el diálogo que venía sostenido con el FLH y los movimientos de liberación acerca de la sexualidad, culminando en un artículo publicado póstumamente en la revista El Porteño en 1991.


Manuel Puig en la tapa de Christopher Street. Nueva York, abril de 1979. Fuente: Archivos Desviados.

En abril de 1979, mientras aún vivía en Nueva York, Puig concedió una entrevista a Ronald Christ para la revista estadounidense Christopher Street [41] a propósito de la reciente publicación en inglés de El beso de la mujer araña. Lo primero que Christ le comentaba es: “Un romance homosexual en una prisión argentina es verdaderamente un salto desde tu ficción previa, ¿no lo es?” [42]. A lo que Puig contestaba:


Yo no lo llamaría un romance homosexual. En esa celda hay sólo dos hombres, pero es sólo en la superficie. Realmente son dos hombres y dos mujeres. Yo estoy de acuerdo con Theodore Roszak cuando dice que la mujer más desesperada en la necesidad de la liberación es la mujer que cada hombre ha encerrado en el calabozo de su propia psiquis [43].


En su respuesta, Puig rápidamente desmarcaba su novela de la categoría “homosexual” y enseguida desarmaba cualquier posibilidad de esencialismo. Cuando Christ le preguntaba por la recepción de las notas al pie, comentando que la información que traían ya tenían amplia difusión en Estados Unidos, Puig contestaba que el trato de la homosexualidad en Latinoamérica es diferente: “el rechazo es universal. Universal. En este país (Estados Unidos) ha habido un avance, un avance muy grande, quieren elaborar un nuevo respeto propio –los movimientos de liberación, etc.- la manera en que crean sus propios lugares. Para mí todo eso tiene un aspecto muy positivo: respeto propio” [44]. Sin embargo, advertía:


[...]al mismo tiempo veo gran peligro en la actitud americana. Los homosexuales americanos tienden a pensar en sí mismos como totalmente diferentes de los heterosexuales, y a segregarse a sí mismos drásticamente, lo que significa negar el verdadero origen de todo esto. Para mí, la única sexualidad natural es la sexualidad total”[45]. Al final de su respuesta, Puig concluye: “Ni lo heterosexual ni lo homosexual –no importa cuán ideal y remoto suene- debería estar prohibido” [46].


En julio de 1979 Héctor Anabitarte y Ricardo Lorenzo, en calidad de miembros del FLH en el exilio, se reencontraron con Manuel Puig en Madrid. Además de entregarle el documento “Los roles sexuales y la loca” (realizado para el Font d’Alliberament Gai de Catalunya y la agrupación gay Mercurio, de Madrid, y conservado por Puig en su archivo), Lorenzo le realizó una entrevista a propósito del lanzamiento en España de Pubis angelical. Allí ante la pregunta sobre la bisexualidad como un resultado deseable de la liberación femenina, Puig contestaba:


La bisexualidad supongo que sería el resultado último de una evolución, de una liberación a todo nivel. Cuando los órganos sexuales estén deslindados de conceptos de poder, entonces se los podrá ver como lo que realmente son: meros órganos de placer, o mejor dicho, divinos órganos de placer, o aún más, humanos órganos de placer. El órgano masculino tiene hasta el momento una innegable connotación de poder y dominación. En el reino de las amazonas, en cambio, podría tener una connotación de esclavo. Pero tanto una connotación como la otra son simples connotaciones culturales. En cuanto al vínculo que se establece entre las dos mujeres del libro, es tan sólo de amistad, de solidaridad. Se trata de dos mujeres criadas dentro de esquemas heterosexuales y que los han asimilado totalmente. No tienen la libertad de verse la una a la otra como posibilidad de placer físico. Así como los homosexuales, igualmente producto de esos esquemas, tampoco tienen la libertad de ver al sexo opuesto como posibilidad de placer.


Esta entrevista a Puig realizada por Ricardo Lorenzo y la que le hizo en 1988 pueden consultarse aquí.


En septiembre de 1980 la revista brasileña Lampião da Esquina [47] publicó una entrevista a Manuel Puig con motivo de la traducción al portugués de El beso de la mujer araña. Cuando se le preguntó si mantuvo contacto con grupos homosexuales y cómo ve esos movimientos, Puig respondió:


Siempre de forma muy positiva. En los Estados Unidos, solo existe esa tendencia hacia la separación, hacia el gueto. Creo que no se debe perder de vista el fin último de la liberación, que es la sexualidad total. Está bien, vamos a defender una posición de minoría atacada, unirse para defenderse mejor. Pero no pensemos que este es el punto final. Porque así los heterosexuales también tendrían razón al defender sus posturas cerradas [48].

El título de la entrevista fue “Manuel Puig habla de casi todo”, en referencia a la diversidad de temas tratados, pero también a cierta reticencia de Puig a hablar sobre su propia sexualidad.


Manuel Puig durante la entrevista con miembros del consejo editorial del periódico brasileño homosexual "Lampião da Esquina". Septiembre de 1980. De izquierda a derecha: Aguinaldo Silva, Francisco Bittencourt, Alceste Pinheiro y Manuel Puig. Fuente: Centro de Documentação Prof. Dr. Luiz Mott y Grupo Dignidade, Curitiba.

La revista francesa Masques, revue des homosexualités publicó en otoño de 1981 una entrevista a Puig realizada por J. Michel Quiblier y J. Pierre Joecker a propósito de la reciente edición en francés de su novela Pubis angelical. Escrita íntegramente en el exilio luego de su traslado de México a Nueva York en 1976, este libro narra el devenir feminista de Ana, su protagonista, y retoma la idea inicial de El beso de la mujer araña, que era estudiar la fascinación femenina por la figura del hombre fuerte y agresivo. Al respecto, Puig comentaba en la entrevista:


No quería un protagonista homosexual porque, en el 72-73, en Argentina, no se sabía nada sobre la homosexualidad. Solo hablamos de vicio, enfermedad contagiosa... Es por eso que tuve que agregar todas estas notas explicativas que quizás le dieron al libro una dimensión didáctica [49].


Hacia el final de la entrevista, los periodistas le preguntan a Puig si cree que la bisexualidad es una alternativa y él contesta retomando argumentos de su diálogo con Ricardo Lorenzo:


Creo que debería ser normal. Sería ideal tener relaciones en ambos sentidos, pero, ay, somos el producto de una educación que siempre nos limita. Creo que un hombre capaz de ser pasivo y una mujer capaz de ser activa, eso daría más dinamismo, el equilibrio sería mejor, la existencia más rica. Lo que me preocupa especialmente es la hipertrofia de la masculinidad que necesariamente conduce al fascismo [50].



Tapa de "Masques, revue des homosexualités" de mayo de 1981. Fuente: Archivos Desviados.

En 1984, Puig pronunció una conferencia en un encuentro de escritores censurados organizado por la revista Index of Censorship donde se extendió sobre su forma de pensar la sexualidad. Primero que nada, reconoce las conquistas de los grupos de liberación gay, pero enseguida advertía que “existe el peligro de fortalecer las paredes del ghetto y solamente alienarse más” [51]. Luego establecía que el sexo no tiene peso moral y que una actividad así de insignificante no debería definir nada, mucho menos una identidad:


No debería existir ni la heterosexualidad ni la homosexualidad. Los homosexuales no existen, hay personas que tienen prácticas homosexuales, pero el aspecto banal de sus vidas no debería definir su personalidad o establecer su identidad. La homosexualidad no existe, es el producto de la mente reaccionaria [52].


Esta misma afirmación apareció al comienzo del artículo “El error gay”, que publicó en Argentina la revista El Porteño en septiembre de 1990, dos meses después dela muerte de Puig. Allí retomó mayormente los argumentos de la conferencia de 1984, como su admiración por los grupos de liberación homosexual, pero volvía a advertir:

[...]pero veo en ellos el peligro de adoptar, de reivindicar la identidad homosexual como un hecho natural, cuando en cambio no es otra cosa que un producto histórico-cultural, tan represivo como la condición heterosexual. La formación de un ghetto más no creo que sea la solución, cuando lo que se busca es la integración [53]. Y finalmente proponía:


[...]me parece necesaria una posición más radical, si bien utópica: abolir inclusive las dos categorías, hetero y homo, para poder finalmente entrar en el ámbito de la sexualidad libre. Pero esto requerirá mucho tiempo. Los daños han sido demasiados. Sexualmente hablando, el mundo es una disaster area. En el próximo siglo muy probablemente nos verán como un rebaño tragicómico de reprimidos: un montón de curas y de monjas sin el hábito, pero disfrazados de grandes pecadores, todos víctimas de nuestras represiones [54].


A pesar de que el paso de Puig por el Frente de Liberación Homosexual fue breve, sin duda ese contacto marcó un viraje político en su proyecto y dejó secuelas indelebles en su obra. Por un lado, le dio herramientas para pensar la articulación entre sexo y política que ya se podía vislumbrar en sus dos primeras novelas, y por el otro, se convirtió en un interlocutor. Si bien la homosexualidad no volvió a ocupar un lugar central en ninguno de sus libros luego de El beso de la mujer araña, Puig continuó pensando el tema hasta su muerte. Ni dejado de lado ni superado, se mantuvo como un límite de su pensamiento, algo que si bien para él virtualmente “no existía”, nunca terminó de desaparecer de su escritura.




*Martín Villagarcía es escritor, artista, docente e investigador. Publicó los libros La gira (De Parado, 2012), Éxtasis (Eloisa Cartonera, 2014), XXX (Saraza, 2019) y Nunca nunca nunca quisiera volver a casa (De Parado, 2021). Investiga el Archivo Manuel Puig.



Agradecimientos


A Juan Queiroz, Blas Matamoro, Héctor Anabitarte, Ricardo Lorenzo, Néstor Latrónico, Carlos Puig, Pepe Lamarca, Mimí Pons, Alberto Montenegro, Graciela Goldchluk, Lea Hafter, Mausi Martínez, Carlos Castro, Alejandro Modarelli, Andrea Cecilia Grillo y Mariano Blatt. A la colectiva editora de Moléculas Malucas. A Hache galería. Al equipo de editor*s del periódico Lampião da Esquina.



Manuel Puig, 1967. Fuente: Archivo Manuel Puig. Gentileza Carlos Puig.


Notas al pie

[1] Romero, Julia. Puig por Puig. Madrid: Iberoamericana, 2006. [2] Fernández Galeano, Javier y Queiroz, Juan. “Agosto de 1971. Nace el Frente de Liberación Homosexual de Argentina” en Moléculas Malucas, agosto de 2021. https://www.moleculasmalucas.com/post/agosto-de-1971 [3] Ibid. [4] Testimonios recogidos de entrevistas realizadas entre 2020 y 2021. [5] Fernández Galeano, Javier y Queiroz, Juan. “Agosto de 1971. Nace el Frente de Liberación Homosexual de Argentina” en Moléculas Malucas, agosto de 2021. [6] Canala, Juan Pablo. “The Buenos Aires Affair: el comienzo de la obra por venir” en Orbis Tertius, nº 32, vol.25, noviembre de 2020. [7] Romero, Julia. Puig por Puig. Madrid: Iberoamericana, 2006. [8] Ibid. [9] Como indica Julia Romero en Puig por Puig, esta entrevista fue encontrada entre sus papeles en forma de fotocopia sin información del medio donde se publicó ni su autor. [10] Romero, Julia. Puig por Puig. Madrid: Iberoamericana, 2006. [11] Frente de Liberación Homosexual. “Sexo y revolución”. 1º edición noviembre de 1973. [12] Romero, Julia. Puig por Puig. Madrid: Iberoamericana, 2006. [13] Ibid. [14] Ibid. [15] Ibid. [16] Romero, Julia. Puig por Puig. Madrid: Iberoamericana, 2006. [17] Romero, Julia. (1999). Manuel Puig: del delito de la escritura al error gay. Revista Iberoamericana, LXV (187), 305-3025. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.9853/pr.9853.pdf [18] Balderston, Daniel. “‘Sexualidad y revolución’: en torno a las notas de El beso de la mujer araña” en Amícola, José y Panesi, Jorge (coords.) El beso de la mujer araña. Barcelona: Colección Archivos, 2002. [19] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [20] Ibid. [21] Ibid. [22] Frente de Liberación Homosexual. Sexo y revolución. 1º edición noviembre de 1973. [23] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [24] Frente de Liberación Homosexual. Sexo y revolución. 1º edición noviembre de 1973. [25] Ibid. [26] Ibid. [27] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [28] Frente de Liberación Homosexual. Sexo y revolución. 1º edición noviembre de 1973. [29] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [30] Frente de Liberación Homosexual. Sexo y revolución. 1º edición noviembre de 1973. [31] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [32] Ibid. [33] Ibid. [34] Frente de Liberación Homosexual. Sexo y revolución. 1º edición noviembre de 1973. [35] Ibid. [36] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [37] Frente de Liberación Homosexual. Sexo y revolución. 1º edición noviembre de 1973. [38] Puig, Manuel. El beso de la mujer araña. Barcelona: Seix Barral, 1976. [39] Garrido, Germán. “Mapas de sexo y revolución” en Anfibia. http://revistaanfibia.com/ensayo/aniversario50-flh/ [40] Ibid. [41] Christopher Street fue una revista de Nueva York orientada al público gay que salió entre 1976 y 1995. [42] Romero, Julia. Puig por Puig. Madrid: Iberoamericana, 2006. [43] Ibid. [44] Ibid. [45] Ibid. [46] Ibid. [47] Lampião da Esquina fue un periódico homosexual brasileño que se publicó entre 1978 y 1981. Nació en el contexto de la prensa alternativa en el momento de la apertura política a fines de la década de 1970, durante el ablandamiento de la censura promovida por la dictadura militar brasileña. [48] Canala, Juan Pablo. “Puig en Río: la sexualidad ‘casi’ escondida. La traducción de la entrevista es de Jimena Reides. https://www.revistatransas.com/2020/08/13/puig-en-rio/ [49] Quiblier, J. Michel y Joecker, J. Pierre. “Entretien avec Manuel Puig” en Masques, revue des homosexualités nº 11, otoño de 1981 [cortesía del archivo de Archivos Desviados, traducción propia]. [50] Ibid. [51] Romero, Julia. “Manuel Puig: del delito de la escritura al error gay” en Revista Iberoamericana LXV (187), 305-3025, 1999. [52] Ibid. [53] Puig, Manuel. “El error gay” en El porteño nº 105, septiembre de 1990. [54] Ibid.



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Cómo citar este trabajo


Villagarcía, Martín. Manuel Puig y el Frente de Liberación Homosexual: un diálogo nunca abandonado

Moléculas Malucas, noviembre de 2021.

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