Manifiesto de la Colectiva Combahee River


Harriet Tubman (1820-1913), luchadora por la libertad de l*s afroamerican*s esclavizad*s en Estados Unidos.

Sea por voluntad militante o por sencillo encantamiento, traducimos y publicamos este icónico manifiesto de los años 70, escrito por la Combahee River Collective, una organización de feministas negras y lesbianas que activaron en Boston entre 1974 y 1980. Su nombre fue elegido para conmemorar una operación militar planeada y liderada por Harriet Tubman, el 2 de junio de 1863, en el Combahee, un río de aguas negras en Carolina del Sur. Esta acción guerrillera liberó a más de 750 esclavos en la única campaña militar de la historia de Estados Unidos, planeada y dirigida por una mujer. Tubman (1820-1913) estaba comprometida con el abolicionismo de la esclavitud forzosa de su comunidad, era espía, soldada y enfermera conocida por su servicio durante la Guerra Civil y en defensa de los derechos civiles y el sufragio femenino. Sin lugar a dudas, representó una de las más importantes luchadoras por la libertad de sus herman*s negr*s. Ella misma escapó del cautiverio y luego se dedicó a participar de la red antiesclavista conocida como “ferrocarril subterráneo”. Este tejido facilitaba el escape de cientos de esclavos proporcionando instrucciones, disfraces y mapas. Eran grupos de abolicionistas constituidos por negr*s y blanc*s que fundaron una cantidad de hogares seguros, guaridas y escondites para que l*s fugitiv*s avanzaran hacia Canadá en búsqueda de su libertad. Tubman era sumamente precavida e inteligente y acostumbraba a disfrazarse. Así, siempre se la veía cargar con pollos vivos para mostrarse como una simple vendedora ambulante. Llevaba un rifle colgado en su brazo izquierdo. La mayoría de las veces lo usaba para intimidar a los proesclavistas y además para colaborar en la fuga de sus herman*s. En 1859 encabezó significativas protestas en Nueva York para la liberación de un esclavo fugitivo apresado. En suma, Tubman realizó trece misiones de rescate en las que liberó aproximadamente a cientos de esclavos forzosos. Era una hábil oradora tanto en las reuniones públicas antiesclavistas como en los circuitos de agitación por los derechos de las mujeres.

Entre tanto, en 1977, la declaración de la colectiva Combahee River fue escrita por un grupo de feministas negras y lesbianas involucradas en el proceso de definir su política interna y también desplegar coaliciones con otras organizaciones y movimientos. Con críticas virulentas, cuestionaban, por un lado, al feminismo hegemónico, blanco y universitario, su racismo y clasismo. Mientras que, por el otro, a sus camaradas varones les advertían el sexismo apremiante dentro la comunidad negra, sin por ello sostener fraccionamientos separatistas. Para Combahee River Collective etnia, clase y heterosexismo constituían categorías interrelacionadas de una totalidad dependiente imposible de escindir. Sin equívoco alguno, ellas proponían: “La síntesis de estas opresiones crea las condiciones de nuestras vidas.”


Este manifiesto representó una pieza vertebradora para el impulso de un feminismo Negro socialista, antiimperialista y antipatriarcal. Hoy, frente a la pandemia y con la precipitación de las urgencias por el espanto del racismo arraigado en la sociedad estadounidense y la violencia policial criminal, traer a la memoria una declaración de mujeres negras, feministas y lesbianas, se vuelve un acto de vida.  


Integrantes de la Colectiva del Río Combahee en la marcha por Bellana Borde, hacia fines de 1979 y comienzos de 1980, protestando contra la brutalidad policial hacia la comunidad negra en Boston. Bellana, que había sido agredida por la policía, terminó ella siendo arrestada injustamente acusada de haber sido la que cometió la agresión. Foto: Susan Fleischman. Cortesía The History Project: Documenting LGBTQ Boston.

Declaración de la Colectiva Combahee River

Somos una colectiva de feministas negras que nos hemos estado reuniendo desde 1974[1]. Desde entonces nos hemos abocado al proceso de definir y clarificar nuestras políticas, al tiempo que hacemos trabajo político dentro de nuestro grupo y en coalición con otras organizaciones y movimientos progresistas. La declaración más general de nuestra política en el presente es que estamos dedicadas a luchar contra la opresión racial, sexual, heterosexual y de clase, y vemos como nuestra tarea particular el desarrollo de un análisis y práctica integrales basados en el hecho de que los mayores sistemas de opresión están interrelacionados. La síntesis de estas opresiones crea las condiciones de nuestras vidas. Como mujeres negras vemos al feminismo Negro como el movimiento político más indicado para combatir las múltiples y simultáneas opresiones a las que toda mujer de color se enfrenta.


En el documento que sigue, discutiremos cuatro temas principales: 1) La génesis del feminismo Negro contemporáneo; 2) lo que entendemos como el área específica de acción de nuestra política; 3) los problemas de organización del feminismo Negro, incluyendo una breve historia (Herstory) de nuestra colectiva; 4) temas y prácticas del feminismo Negro.

1. La génesis del feminismo Negro contemporáneo


Antes de abocarnos a los desarrollos recientes del feminismo Negro nos gustaría afirmar que encontramos nuestros orígenes en la realidad histórica de la continua lucha a vida o muerte de las mujeres afroamericanas por la supervivencia y la liberación. La relación extremadamente negativa de las mujeres Negras con el sistema político americano (un sistema de regido por hombres blancos) siempre ha estado determinada por nuestra pertenencia a dos castas racial y sexualmente oprimidas. Como señala Angela Davis en “Reflexiones sobre el papel de la mujer negra en la comunidad de esclavos”, las mujeres Negras siempre han encarnado, aunque sea en su manifestación física, una postura adversa al dominio masculino blanco y hemos resistido activamente sus embates contra ellas y sus comunidades de forma tan dramática como sutil. Siempre ha habido mujeres Negras activistas –algunas conocidas, como Sojourner Truth, Harriett Tubman, Frances E.W. Harper, Ida B. Wells, y Mary Church Terrell, y miles de miles de desconocidas –quienes tuvieron una conciencia común sobre cómo su identidad sexual se combinaba con su identidad racial para hacer de sus situaciones de vida y del foco de sus luchas políticas algo único. El feminismo Negro contemporáneo es el resultado de incontables generaciones de sacrificio personal, militancia, y trabajo realizado por nuestras madres y hermanas.


Una presencia del feminismo Negro ha evolucionado claramente en conexión con la segunda ola del movimiento de mujeres norteamericano que comenzó a fines de la década del 60. Las mujeres Negras, las mujeres del Tercer Mundo y las mujeres trabajadoras han estado involucradas en el movimiento feminista desde sus inicios, pero las fuerzas racistas y elitistas fuera y dentro del movimiento han servido para ocultar nuestra participación. En 1973, unas feministas Negras, principalmente localizadas en Nueva York, sintieron la necesidad de formar un movimiento feminista Negro aparte. Esto se convirtió en la Organización Feminista Negra Nacional [OFNN, NBFO en inglés].

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La política feminista Negra también tiene una conexión obvia con los movimientos de liberación Negros, particularmente los de los años 60 y 70. Muchas de nosotras estuvimos activas en esos movimientos (Derechos Civiles, Nacionalismo Negro, y Panteras Negras) y todas nuestras vidas fueron enormemente afectadas y transformadas por sus ideologías, sus objetivos, y las tácticas utilizadas para lograr esos objetivos. Nuestra experiencia y nuestra desilusión al interior de esos movimientos, así como también la experiencia en la periferia de la izquierda masculina blanca, fue lo que nos llevó a la necesidad de desarrollar una política que fuera antirracista, a diferencia de la de las mujeres blancas, y antisexista, a diferencia de la de los hombres Negros y blancos.


Está también la innegable génesis personal del Feminismo Negro, es decir, el entendimiento político que viene de las experiencias aparentemente personales de las vidas individuales de las mujeres Negras. Las feministas Negras y las muchas más mujeres Negras que no se definen a sí mismas como feministas han experimentado todas la opresión sexual como un factor constante en nuestra existencia cotidiana. De niñas nos dimos cuenta de que éramos diferentes de los niños y de que éramos tratadas de manera diferente. Por ejemplo, nos decían al mismo tiempo que nos calláramos para ser “femeninas” y para hacernos menos criticables ante los ojos de la gente blanca. Al crecer nos volvimos conscientes de la amenaza del abuso físico y sexual por parte de los hombres. Sin embargo, no teníamos manera de conceptualizar lo que era tan evidente para nosotras, lo que sabíamos que estaba pasando.


Las feministas Negras solemos hablar de nuestros sentimientos de locura antes de volvernos conscientes de los conceptos de política sexual, orden patriarcal, y sobre todo, feminismo, el análisis político y la práctica que las mujeres usamos para luchar contra nuestra opresión. El hecho de que la política racial y especialmente el racismo son factores omnipresentes en nuestras vidas, no nos permitió, y todavía no les permite a la mayoría de las mujeres Negras, observar más profundamente nuestras experiencias y, a partir de esa consciencia compartida y creciente, construir una política que cambiará nuestras vidas e inevitablemente terminará con nuestra opresión. Nuestro desarrollo debe también estar ligado a la posición política y económica de las personas Negras. La generación de la juventud Negra posterior a la Segunda Guerra Mundial fue la primera en poder acceder a ciertas posibilidades de educación y empleo, que previamente estaban completamente cerradas para las personas Negras. Aunque nuestra posición económica sigue siendo la más baja de la economía capitalista norteamericana, un puñado de nosotres hemos podido obtener ciertas herramientas como resultado del tokenismo en educación y empleo, lo que potencialmente nos habilita a luchar contra nuestra opresión de manera más efectiva.


Una posición antirracista y antisexista nos unió inicialmente, y mientras nos desarrollamos políticamente encaramos el heterosexismo y la opresión económica bajo el capitalismo.


2. Lo que creemos


Por sobre todas las cosas, nuestra política surgió de la creencia compartida de que las mujeres Negras somos intrínsecamente valiosas, que nuestra liberación es una necesidad en sí misma, no como complemento a la de alguien más, por nuestra necesidad de autonomía como personas humanas. Esto puede parecer obvio y hasta sonar muy simple, pero es evidente que ningún otro movimiento ostensiblemente progresista ha considerado jamás nuestra opresión específica como una prioridad, ni ha trabajado seriamente por el fin de esa opresión. Sólo nombrar los estereotipos peyorativos atribuidos a las mujeres Negras (por ejemplo mama, matriarca, Sapphire, puta, tortón Bulldagger) para no mencionar el trato cruel y muchas veces asesino que recibimos, indica cuán poco valor se ha atribuido a nuestras vidas durante siglos de esclavitud en el hemisferio occidental. Nos damos cuenta de que las únicas personas a las que les importamos lo suficiente como para trabajar consistentemente para nuestra liberación somos nosotras. Nuestra política crece desde un amor saludable hacia nosotras mismas, nuestras hermanas y nuestra comunidad que nos permite continuar nuestra lucha y nuestro trabajo.


Este foco en nuestra propia opresión está encarnado en el concepto de política identitaria. Creemos que la política más profunda y potencialmente más radical proviene directamente de nuestra propia identidad, que sería todo lo contrario de trabajar para terminar la opresión de otrxs. En el caso de las mujeres Negras éste es un concepto particularmente repugnante, peligroso, amenazador y por lo tanto revolucionario, porque es obvio al mirar todos los movimientos que nos han precedido que nadie es más merecedorx de la liberación que nosotras. Rechazamos los pedestales, la reinitud y las reverencias. Ser reconocidas como humanas, ecuánimemente humanas, es suficiente.


Creemos que la política sexual bajo el patriarcado es tan penetrante en la vida de las mujeres Negras como lo son las políticas de clase y raza. A menudo nos parece difícil separar opresión racial, opresión de clase y opresión sexual porque en nuestras vidas la mayor parte del tiempo las experimentamos simultáneamente. Sabemos que existe tal cosa como la opresión racial-sexual que no es ni solamente racial ni sólo sexual; por ejemplo, la historia de la violación de hombres blancos a mujeres Negras como arma de represión política.


Aunque somos feministas y Lesbianas, estamos en solidaridad con los hombres Negros progresistas y no abogamos por la fragmentación que las mujeres blancas separatistas demandan. Nuestra situación como personas Negras requiere que seamos solidarias en relación con el tema de la raza, lo cual las mujeres blancas no necesitan tener con los hombres blancos, excepto que sea su solidaridad negativa como opresorxs raciales. Nosotras luchamos junto a los hombres Negros contra el racismo, mientras luchamos con los hombres Negros por el sexismo.


Sabemos que la liberación de todas las personas oprimidas requiere la destrucción de los sistemas económico-políticos del capitalismo y el imperialismo así como del patriarcado. Somos socialistas porque creemos que el trabajo desde ser organizado para el beneficio colectivo de quienes hacen el trabajo y crean los productos, y no para la ganancia de los jefes. Los recursos materiales deben ser equitativamente distribuidos entre aquellxs que crean esos recursos. No estamos convencidas, sin embargo, de que una revolución socialista que no sea también una revolución feminista y antirracista, vaya a garantizar nuestra liberación. Hemos llegado al punto de la necesidad de desarrollar un entendimiento de las relaciones de clase que tenga en cuenta la posición de clase específica de las mujeres Negras que son generalmente marginales en la fuerza de trabajo, aunque en este momento particular algunas de nosotras seamos vistas como piezas simbólicas (tokens) doblemente deseables en niveles de clases medias y profesionales. Necesitamos articular la situación real de clase de las personas que no son simplemente trabajadorxs sin raza y sin sexo, sino para lxs cuales la opresión racial y sexual son determinantes significativas en sus vidas laborales/económicas. Aunque estemos esencialmente de acuerdo con la teoría de Marx en lo que concierne a las relaciones económicas específicas que él analizó, sabemos que su análisis debe ser ampliado para que nosotras entendamos nuestra situación económica específica como mujeres Negras.

Una contribución política que sentimos que ya hemos hecho es la expansión del principio feminista de que lo personal es político. En nuestras sesiones de concientización, por ejemplo, en muchos sentidos hemos llegado más lejos respecto de las revelaciones de las mujeres blancas porque tratamos con las implicancias de raza y clase tanto como con las de sexo. Hasta nuestro estilo propio de mujeres Negras de hablar/testificar en lenguaje Negro sobre lo que hemos experimentado tiene una resonancia que es cultural y política. Hemos gastado mucha energía profundizando en la naturaleza cultural y experiencial de nuestra opresión por necesidad ya que ninguno de estos temas han sido tratados antes. Nadie antes que nosotras ha examinado la textura múltiple de las vidas de las mujeres Negras. Un ejemplo de este tipo de revelación/conceptualización ocurrió en una reunión mientras hablábamos de los modos en que nuestras primeros intereses intelectuales habían sido atacados por nuestros compañeros, particularmente hombres Negros. Descubrimos que todas nosotras, porque éramos “inteligentes” también habíamos sido consideradas “feas”, tipo “fea-inteligente”. “Fea-inteligente” cristalizaba el modo en que la mayoría de nosotras habíamos sido forzadas a desarrollar nuestros intelectos a expensas de nuestras vidas “sociales”. Las sanciones en las comunidades Negras y blancas contra las pensadoras Negras son mucho peores que para las mujeres blancas, particularmente las de clases medias y altas educadas.


Como ya hemos declarado, nosotras rechazamos la postura del separatismo Lésbico porque no es un análisis político ni una estrategia viables para nosotras. Deja demasiado afuera a demasiada gente, particularmente a hombres, mujeres y niñxs Negrxs. Tenemos enormes críticas y sentimos aversión hacia el rol que los hombres blancos han sido socializados para cumplir en esta sociedad: lo que apoyan, cómo actúan, y a quiénes oprimen. Pero no tenemos la noción equívoca de que es su masculinidad en sí misma –por ejemplo su masculinidad biológica- lo que los hace ser lo que son. Como mujeres Negras encontramos cualquier tipo de determinismo biologicista particularmente peligroso y nos parece una base reaccionaria sobre la cual construir una política. También debemos cuestionar que el separatismo Lésbico sea un análisis y una estrategia política adecuados y progresistas, incluso para las que lo practican, ya que niega completamente todas las fuentes de la opresión de las mujeres salvo la sexual, negando los datos de clase y raza.


3. Problemas para organizar a Feministas Negras


Durante nuestros años juntas como una colectiva feminista Negro hemos experimentado éxitos y derrotas, alegría y dolor, victorias y fracasos. Hemos percibido que es muy difícil organizarse alrededor de los temas del feminismo Negro, ha sido difícil incluso declarar en ciertos contextos que somos feministas Negras. Hemos tratado de pensar sobre las razones de estas dificultades, particularmente mientras el movimiento de mujeres blancas continua fortaleciéndose y creciendo en muchas direcciones. En esta sección abordaremos algunas de las razones generales de los problemas organizativos que enfrentamos y también hablaremos específicamente sobre las etapas de la organización de nuestra propia colectiva.

La mayor fuente de dificultad para nuestro trabajo político es que no sólo estamos tratando de luchar contra la opresión en un frente o incluso dos, sino que tratamos de encarar todo un abanico de opresiones. No tenemos privilegios raciales, sexuales, heterosexuales, o de clase donde apoyarnos, ni tenemos el más mínimo acceso a recursos y al poder que tienen otros grupos que poseen cualesquiera de estos tipos de privilegio.


La carga psicológica de ser una mujer Negra y las dificultades que esto presenta para alcanzar la consciencia política y hacer trabajo político nunca pueden ser subestimados. Las psiquis de las mujeres Negras están muy desvalorizadas en esta sociedad, lo cual es racista y sexista. Como una de las primeras integrantes del grupo dijo una vez: Todas estamos jodidas meramente por el hecho de ser mujeres Negras. Estamos desempoderadas psicológicamente y en todo nivel, y aun así sentimos la necesidad de luchar para cambiar la condición de todas las mujeres Negras. En “La búsqueda de la hermandad de una feminista Negra”, Michele Wallace llega a la siguiente conclusión:


Nosotras existimos como mujeres que son Negras que son feministas, cada una estancada por el momento, trabajando independientemente porque todavía no hay un ambiente remotamente propicio en esta sociedad para nuestra lucha –porque, al estar abajo de todo, tendríamos que hacer lo que nadie más ha hecho: tendríamos que pelear contra el mundo[2].

Wallace es pesimista pero realista en su diagnóstico sobre la posición del feminismo Negro, sobre todo en su alusión al casi aislamiento que la mayoría de nosotras enfrenta. Podríamos usar nuestra posición desde abajo, sin embargo, para dar un paso claro a la acción revolucionaria. Si las mujeres Negras fuéramos libres, significaría que todxs tendrían que ser libres ya que nuestra libertad requeriría la destrucción de todos los sistemas de opresión.


El feminismo resulta, no obstante, muy amenazador para la mayoría de las personas Negras porque pone en cuestión los supuestos básicos sobre nuestra existencia, por ejemplo, que el sexo debería ser un factor determinante de las relaciones de poder. Así definimos los roles masculino y femenino en un panfleto del nacionalismo Negro a principios de los 70:


Entendemos que ha sido y sigue siendo la tradición que el hombre sea la cabeza del hogar. Él es el líder de la casa/nación porque su conocimiento del mundo es más amplio, su consciencia es mayor, su entendimiento es más profundo y su aplicación de esta información es más sabia… Después de todo, sólo es razonable que el hombre sea el jefe de familia porque él es capaz de defender y proteger el desarrollo de su hogar… Las mujeres no pueden hacer las mismas cosas que los hombres –están hechas por naturaleza para funcionar de manera diferente. La igualdad entre hombres y mujeres es algo que no puede ocurrir ni siquiera en un mundo abstracto. El valor de los hombres y de las mujeres puede verse como el valor del oro y de la plata –no son iguales, pero ambos tienen un gran valor. Debemos entender que hombres y mujeres son complementarios entre sí porque no hay casa/familia sin un hombre y su esposa. Ambos son esenciales para el desarrollo de cualquier vida[3].

Las condiciones materiales de la mayoría de las mujeres Negras difícilmente las lleven a alterar los arreglos económicos y sexuales que parecen representar alguna estabilidad en sus vidas. Muchas mujeres Negras tienen un claro entendimiento tanto del sexismo como del racismo, pero por las presiones cotidianas de sus vidas, no pueden arriesgarse luchando contra ambos.


La reacción de los hombres Negros contra el feminismo ha sido notablemente negativa. Se sienten, obviamente, más amenazados que las mujeres Negras por la posibilidad de que las feministas Negras nos podamos organizar en relación con nuestras necesidades. Se dan cuenta de que podrían no solo perder aliadas valiosas y trabajadoras para sus luchas, sino también de que podrían ser obligados a cambiar su manera habitualmente sexista de interactuar con y oprimir a las mujeres Negras. Las acusaciones de que el feminismo Negro divide la lucha Negra son poderosos impedimentos para el crecimiento de un movimiento autónomo de mujeres Negras.


Aun así, cientos de mujeres han activado en diferentes momentos durante los tres años de existencia de nuestro grupo. Y cada mujer Negra que vino, vino por una profunda necesidad de posibilidades que no existían previamente en su vida.


Cuando empezamos a juntarnos al principio de 1974 luego de la primera conferencia regional de la Organización Feminista Negra Nacional de la costa este, no teníamos ninguna estrategia para organizarnos, ni siquiera un foco en particular. Solo queríamos ver lo que teníamos. Luego de un período de meses sin reunirnos, empezamos a juntarnos de nuevo hacia el final del año y comenzamos a hacer una intensa variedad de actividades de concientización. La sensación abrumadora que teníamos es que después de años y años finalmente nos habíamos encontrado. Aunque no estábamos haciendo trabajo político en cuanto grupo, cada una continuó su participación en la política Lésbica, trabajando contra las esterilizaciones forzadas y el derecho al aborto, las actividades del Día Internacional de las Mujeres del Tercer Mundo, y las actividades de apoyo a los juicios del Dr. Kenneth Edelin, Joan Little e Inéz García. Durante nuestro primer verano cuando la membresía cayó considerablemente, las que seguimos dedicamos serias discusiones a la posibilidad de abrir un refugio para mujeres golpeadas en una comunidad Negra. (No había refugios en Boston en ese momento). También por esa época decidimos convertirnos en una colectiva independiente ya que teníamos serios desacuerdos con la posición feminista burguesa de NBFO y su falta de foco político claro.


En ese momento también fuimos contactadas por las feministas socialistas, con quienes habíamos trabajado en actividades por el derecho al aborto, que querían alentarnos para participar de la Conferencia Nacional Feminista Socialista en Yellow Springs. Una de nuestras integrantes asistió, y a pesar de la estrechez de la ideología que se promovía en esa conferencia en particular, nos volvimos más conscientes de nuestra necesidad de entender nuestra propia situación económica y hacer nuestros propios análisis económicos.


En el otoño, cuando algunas integrantes volvieron, tuvimos varios meses de relativa inactividad y desacuerdos internos que primero fueron conceptualizados como una división entre Lesbianas y heterosexuales pero que eran también el resultado de diferencias de clase y políticas. Durante el verano, aquellas de nosotras que seguimos encontrándonos habíamos decidido hacer trabajo político y avanzar más allá de las actividades de concientización y de servir exclusivamente como grupo de apoyo emocional. A principios de 1976, cuando algunas de las mujeres que no querían hacer trabajo político y que también habían manifestado desacuerdos dejaron de venir por su cuenta, volvimos a buscar el foco. En ese momento decidimos, con la incorporación de nuevas integrantes, convertirnos en un grupo de estudio. Siempre habíamos compartido nuestras lecturas entre nosotras, y algunas habíamos escrito textos sobre feminismo Negro para debatir en grupo pocos meses antes de tomar esa decisión. Empezamos a funcionar como un grupo de estudio y también empezamos a conversar sobre la posibilidad de comenzar una publicación feminista Negra. Hicimos un retiro al final de la primavera que nos dio tiempo para la discusión política y para resolver temas interpersonales. Actualmente estamos planeando armar una colección de textos sobre feminismo Negro. Sentimos que es absolutamente fundamental demostrar la realidad de nuestra política a otras mujeres Negras y creemos que podemos hacerlo al escribir y distribuir nuestro trabajo. El hecho de que individualmente las feministas Negras viven en aislamiento en todo el país, de que nuestros propios números son bajos y de que tenemos habilidades para escribir, pintar y publicar, nos hace querer llevar a cabo este tipo de proyectos como un medio para organizar a las feministas Negras mientras continuamos con nuestro trabajo político en coalición con otros grupos.


4. Temas y Proyectos del Feminismo Negro


Durante nuestro tiempo juntas hemos identificado y trabajado en muchos temas de particular relevancia para las mujeres Negras. La inclusividad de nuestras políticas nos lleva a preocuparnos por cualquier situación que afecte la vida de las mujeres, las personas del Tercer Mundo y lxs trabajadorxs. Claro que estamos particularmente comprometidas a trabajar en aquellas luchas en las cuales la raza, el sexo y la clase son factores simultáneos de opresión. Podríamos, por ejemplo, dedicarnos a organizar las fábricas que emplean a mujeres del Tercer Mundo o hacer piquetes en hospitales que recorten los ya inadecuados servicios de salud a una comunidad del Tercer Mundo, o fundar un centro de apoyo a víctimas de violación en un barrio Negro. Organizarse en relación con asuntos de bienestar social y las guarderías para niñes también podría ser un foco. El trabajo que debe hacerse y los incontables temas que este trabajo representa sólo reflejan la capilarización de nuestra opresión.


Los temas y proyectos que integrantes de la colectiva han efectivamente trabajado son las esterilizaciones forzadas, el derecho al aborto, las mujeres golpeadas, la violación y el cuidado de la salud. También hemos hecho muchos talleres y clases educativas sobre feminismo Negro en campus de universidades, en encuentros de mujeres, y más recientemente en colegios secundarios.


Un tema que es de gran preocupación para nosotras y que hemos comenzado a tocar públicamente es el racismo en el movimiento de mujeres blancas. Como feministas Negras estamos permanente y dolorosamente conscientes del poco esfuerzo que las mujeres blancas han hecho para entender y combatir su racismo, lo cual requiere entre otras cosas que tengan una comprehensión más que superficial de la raza, el color, y la historia y la cultura Negras. Eliminar el racismo en el movimiento de mujeres blancas es por definición un trabajo que las mujeres blancas deben hacer, pero continuaremos hablando y demandando responsabilidad sobre este tema.


En nuestra práctica política no creemos que el fin siempre justifica los medios. Muchos actos reaccionarios y destructivos han sido cometidos en nombre de objetivos políticos “correctos”. Como feministas no queremos hacerle mal a nadie en nombre de la política. Creemos en el proceso colectivo y en una distribución del poder no jerárquica dentro de nuestro grupo y en nuestra visión de una sociedad revolucionaria. Estamos comprometidas a hacer una continuo balance de nuestras políticas que avanzan a través de la crítica y la autocrítica como un aspecto esencial de nuestra práctica. En la introducción al libro La sororidad es poderosa, Robin Morgan escribe:


No tengo la más pálida idea de qué rol revolucionario podrían cumplir los hombres blancos heterosexuales, ya que son la propia encarnación del poder y el interés reaccionariamente establecidos.

Como feministas Negras y Lesbianas sabemos que tenemos una tarea revolucionaria muy definida que cumplir y estamos listas para encarar la vida entera de trabajo y lucha que nos espera.




Traducido por Cecilia Palmeiro para Moléculas Malucas. Buenos Aires, junio de 2020 .


Agradecemos a The History Project: Documenting LGBTQ Boston ( http://historyproject.org ).



[1] Esta declaración está fechada en abril de 1977.


[2] Wallace, Michele. "A Black Feminist's Search for Sisterhood," The Village Voice, 28 July 1975, pp. 6-7.


[3] Mumininas of Committee for Unified Newark, Mwanamke Mwananchi (The Nationalist Woman), Newark, N.J., ©1971, pp. 4-5.


Cómo citar esta traducción:

Manifiesto de la Colectiva Combahee River (2020). (Trad. Cecilia Palmeiro). https://www.moleculasmalucas.com/post/manifiesto-de-la-colectiva-combahee-river Título original The Combahee River Collective Statement (1977).

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