Coccinelle: entre el cabaret y la pantalla grande

En julio de 1962 arribó a Buenos Aires Jacqueline Dufresnoy, la “Coccinelle”, una curvilínea diva francesa que fue presentada por la prensa amarilla local como “la hermosa ‘vedette’ que un día fue muchacho”. Su fama se había hecho mundial unos años antes con la película Europa di Notte. En América Latina, su gira la haría crecer. En cada aeropuerto la esperaban no sólo reporteros gráficos sino una gran cantidad de admiradoras maricas y travestis. Para ellas, la Coccinelle no sólo mostraba las posibles transformaciones corporales permitidas por la medicina, sino quizás, más importante, imaginar futuros donde podrían caminar por las calles en libertad. Ana Álvarez reconstruye a través de archivos la vida de esta icónica vedette francesa.




Por Ana Álvarez



Para la queridísima Perica Burrometo, por su infinita voluntad de ser feliz, su honestidad brutal y su inmenso corazón



La tarde de otoño en octubre de 2016 transcurría lenta en el patio romano de Perica Burrometo. Ya desde mediados de los noventa, cuando comencé mi activismo con las militantes travestis, Perica era un nombre mítico: "la matriarca de la Panamericana", a quien todas las travestis jovencitas recién llegadas iban a pedir ayuda y protección, la que se había enfrentado a golpes con la cana infinidad de veces, la que había roto patrulleros, la única que era temida por la policía. Finalmente, mediante su amiga Ivana Tintilay, trabajadora sexual y archivista de la memoria travesti, Perica me invitó a Roma para que pudiera entrevistarla. Hablamos de sus años en la Panamericana, de su escape de Buenos Aires con una bala en la pierna y de la sentencia de muerte de la Brigada de Munro. Aquella tarde, sus palabras nos llevaron a su temprana juventud en los años sesenta en Buenos Aires: “Lo más increíble fue cuando vimos a la Coccinelle. Yo había escuchado que te podías operar, pero sonaba a cuento. Y cuando la vi, no lo podía creer”. Ese día me enteré de Coccinelle (París, 1931-Marsella, 2006), la transexual más famosa del mundo, la hermosísima y curvilínea rubia francesa que fácilmente podría ser confundida con Brigitte Bardot. Asombrada de mi ignorancia y con sus ojos encendidos Perica me afirmó: “Fue la marica más hermosa del mundo”.


Coccinelle paseando por la Avenida Corrientes junto a su pareja Mario Heyns y al actor y productor teatral Pepe Parada. Revista Así. Nro. 347, 20 de Septiembre de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

Coccinelle nació en París en 1931, hija de un limpiador de vidrios y de una vendedora de frutas. Vivió hasta su adolescencia en un modesto apartamento en la Rue Notre-Dame-de-Nazareth, en París. Como contó en su biografía, que la revista Así presentó en extractos semanales para el público argentino en 1962, su barrio natal era muy pobre: “Casas viejísimas con paredes carcomidas por la acción del tiempo y gente que arrastraba una vida de miseria inenarrable”. Durante los años de la ocupación alemana, la enviaron al campo a vivir con su tío, quien fue el primero en permitirle a la niña a vestirse con ropas femeninas. Al volver a París, ya entrando en la adolescencia, su padre la mandó a trabajar a una peluquería donde rápidamente se especializó en peinados para mujeres. Coccinelle más tarde recordará: “Un día me indicaron que debía ir a una casa para peinar a una señorita que se llamaba Monique. Fui y me encontré con que Monique, que se desempeñaba como artista de variedades, era un hombre. Su caso, al parecer, era muy similar al mío”. Durante esa época, Coccinelle siguió usando pantalones, pero comenzó a vestir remeras femeninas con colores suaves y se dejó los cabellos largos. A comienzos de los años 50, luego de una cortísima temporada en el ejército, de donde fue eximida a los pocos días de ingresar, comenzó a trabajar en el naciente Chez Madame Arthur, el primer cabaret parisino de transformistas femeninas, propiedad de Madame Germaine y Monsieur Ouizman, ubicado en un sótano de un modesto barrio parisino.



París era una fiesta


París aún representaba el centro del mundo en los años 50. Era la ciudad más alabada, reproducida y cantada, donde escritores, músicos, pintores, prostitutas y mendigos habitaban sus barrios más conocidos: Montmartre, el Barrio Latino y Montparnasse. La vida nocturna incluía numerosos cabarets, entre los cuales se encontraba uno concurrido por lesbianas y transformistas varones que, según se rumoreaba, era financiado por Marlene Dietrich.


El rápido éxito de Chez Madame Arthur, que se especializó en espectáculos de “transformistas” femeninas con un estilo de los años 30, hizo que Monsieur Ouizman se entusiasmara y abriera Le Grand Carrousel, otro cabaret más lujoso ubicado a unas pocas cuadras de los Champs-Élysées. Allí, las más bellas transformistas armaban sus shows imitando a las actrices y cantantes más sensuales de la época. Transcurrió poco tiempo para que el lugar comenzara a ser frecuentado no solo por diplomáticos y políticos, sino también por artistas e intelectuales.Maria Callas, Josephine Baker y Marlene Dietrich fueron algunas de las figuras célebres que pasaron por el cabaret.


Programa del Cabaret Madame Arthur, de 1952.

April Ashley, otra famosa transexual inglesa, contaba que los contratos con Le Grand Carrousel, además de ensayos de baile y canto, incluían visitas semanales a la clínica del Doctor Four, quien bajo las órdenes de Ouizman les inyectaba a las transformistas hormonas y, probablemente, siliconas [1]. Pero el propietario no sólo vigilaba la producción de actuaciones y cuerpos espléndidos, también, quizás con laxitud, se aseguraba que las transformistas no salieran a la calle vistiendo ropas “del sexo contrario”, lo que, fuera de la época de carnaval, estaba criminalizado en la ciudad desde 1853 por el Código Penal francés. Para hacer cumplir la ley, la prefectura de París contaba con una brigada de represión llamada “Grupo Cabaret”, encargada de controlar lo que ocurría en las calles del centro con el ojo puesto especialmente, en travestis o transformistas que se mostraban en el escenario, o en las más osadas que se atrevían a salir a las calles. En Les Secrets de la Nuit, la cronista policial francesa, Veronique Willemin, describía la noche de París de la época e incluía el informe de 1953 redactado por un prefecto:


M. Ouizman, el director deLe Grand Carrousel’ nos ha hecho saber por segunda vez las dificultades de tener dos de sus bailarines recién contratados, un brasileño y un venezolano, desembarcados en Francia hace más de cinco años. Ambos están sin papeles de identidad en regla en este momento, pero esperan estar regularizados. Llegan vestidos en ropa de mujer al cabaret, no se esconden en la calle, donde ostentan ropas provocativas femeninas como tacos altos, bolso de mano, un tapado de piel y una peluca. Como travestis (original en francés) se vanaglorian de hacer servicios particulares a domicilio. Parecen un verdadero desafío a la moral. Hace falta que esta enfermedad no se propague más. Estos hombres no son transformistas, es decir actores que imitan hábitos femeninos sobre el escenario de un cabaret, se maquillan por las necesidades del espectáculo y se … en función de ello. (…). Imitan el otro sexo por parodiarlo, por gusto y por vivir, permanecen hombres fuera de la escena. Ella sabría volverse él. Hemos podido constatar al vigilarlos que los travestis aman provocar y desafiar la moral. Ellos se consideran como mujeres, toman hormonas, se hacen depilar y rechazan toda idea de su masculinidad [2].


El informe del precepto no sólo mostraba que ya en los años cincuenta había travestis latinoamericanas viviendo en París (indocumentadas, como muchas actualmente) sino que la policía observaba una jerarquía entre travestis, quienes no sólo se mostraban en la calle con ropas femeninas y trabajaban como prostitutas sino que “hasta se vanagloriaban”, y “los transformistas” (probablemente franceses) quienes eran artistas que “imitan el otro sexo… (pero) permanecen hombres fuera de la escena.” Sin embargo, como cuentan sus compañeras de Le Grand Carrousel, Coccinelle era audaz y llegaba al cabaret con ropas femeninas y tenía distintos novios y “admiradores”. Aún así, su nombre no aparece fichado en los archivos policiales bajo una detención, mostrando estas jerarquías.


Tapa de la revista Así, nro. 337, 12 de julio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

Coccinelle, la mujer más bella de la Villa Lumiere


Siguiendo a varias travestis de Le Grand Carrousel, Coccinelle viajó en 1958 a Casablanca, Marruecos, para realizarse la operación de “cambio de sexo” en la clínica del doctor Georges Burou. El rumor de las maravillosas operaciones realizadas por este cirujano, prohibidas en Francia desde antes de la segunda guerra mundial, corría de boca en boca entre transformistas y travestis de Europa. Cuando Coccinelle retornó a Francia luego de su cirugía no lo hizo silenciosamente, sin nada que ocultar, se mostró orgullosa como la “primera” en devenir mujer.


Coccinelle pudo ver que para permanecer no bastaba con ser famosa en los círculos de la noche parisina, había que devenir estrella de los espectáculos mediáticos. Ella, quizás, fue la primera transexual en aparecer en la televisión nacional de su país y en ser entrevistada innumerables veces en diarios y revistas luciendo su figura curvilínea que se mostraba una y otra vez en la prensa internacional. “El joven rubio deviene estrella del cabaret”, “la mujer más bella de la villa Lumiere” eran la clase de titulares que se reproducían desde el Paris Match en Francia, el Manchete en Brasil, hasta la revista Así en Argentina, obsesionada con el “fenómeno” Coccinelle, a quien en diversas ediciones le dedicó sus tapas y decenas de páginas.


En 1958, un director de cine con pasado fascista y en plena decadencia, Alessandro Blasetti, propuso a los estudios Cinecittà el bosquejo de una película sobre la noche europea inspirado por la fama de Coccinelle. En el proyecto de Europa di Notte, Blasetti la presentaba como una de sus figuras centrales: “nos guardaremos de revelarle al público que Coccinelle, a quien todos nombran como la mujer más bella de la villa Lumiere, no es una mujer. Y el público apreciará el garbo, el impacto, las maravillosas curvas.” El film la mostraba cantando y bailando en Le Grand Carrousel, realzando con el novedoso uso del Technicolor la sensualidad de la vedette. En una aparición de cinco minutos realizó dos números musicales frente a un público compuesto de varones en trajes oscuros y de edad media: el primero, cantando una canción nostálgica acompañada por un piano, con un vestido de raso verde, el pelo rubio casi blanco y labios rojísimos. En el siguiente número, con un bikini y rodeada de bailarines, cantaba moviendo sensualmente sus curvas. Hacia el final, una voz masculina en off revelaba la transexualidad de la Coccinelle: “nadie creería que hace cuatro años fue relevado del servicio militar por insuficiencia torácica”.


Afiche para el estreno en Buenos Aires de la película "Europa de Noche", en 1959.

La fama que le trajo Europa di Notte no fue desperdiciada y en 1960 el estado francés le otorgó el documento femenino. Desde entonces, Jacqueline Dufresnoy no tenía impedimentos para casarse con Francis Bonnet, “el hombre que la enamoró definitivamente” [3]. Bambi, otra famosa transexual parisina, recordaba que “Coccinelle quiso casarse rápido para ser la primera, para dar un impacto mediático a su cambio de estado civil. Ella sabía hacer escándalos. Los organizaba, los creaba. Quería ser la referencia, la que permanecía, la que había abierto todas las puertas” [4]. De esta manera, en marzo de 1962, Coccinelle se casó en una pequeña iglesia de París con la autorización directa del Papa Juan XXIII. Al finalizar la ceremonia, la esperaban a la salida grupos de fanáticos católicos que a los gritos le arrojaron tomates. Frente a esta situación, Coccinelle reaccionó con total naturalidad: ante las cámaras de la prensa, como una gran diva, solo respondió con sonrisas mientras recibía una lluvia de arroz que le arrojaban sus admirador*s.



La Coccinelle desembarca en Buenos Aires


El patriótico 9 de julio de 1962 Coccinelle aterrizó en el aeropuerto de Ezeiza. La aguardaban numerosos periodistas y reporteros gráficos junto a “fervientes admiradores, incluidos en el tercer sexo…”, como se refirió la revista Así al grupo de maricas y travestis que ansiosas esperaban ver de cerca a su adorada diva. “La hermosa ‘vedette’ que un día fue muchacho”, “Una mujer sublime. Coccinelle, más mujer que una mujer”, fueron algunos de los titulares que ocuparon las tapas de la prensa sensacionalista local. Buenos Aires fue la primera escala de su gira latinoamericana, luego de varios intentos frustrados dos años antes por distintos países de la región, cuyas autoridades adujeron “razones de moral” para justificar la denegación de su ingreso. Pero ahora el asunto ya parecía estar arreglado y, con los papeles “en regla”, durante varios meses Coccinelle viajó por diversas ciudades de Sudamérica.


La revista Así anunció la denegación del ingreso de Coccinelle al país en junio de 1962. Un mes más tarde, la diva hacía su arribo triunfal a Buenos Aires. Revista Así nro. 332, 7 de junio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

En Santiago de Chile, donde volvió en otras ocasiones durante la década, Pedro Lemebel la describió:


Y el tumulto a la entrada del Ópera era un empujar de santiaguinos curiosos que deseaban ver este milagro de la cirugía. Y todos quedaron mudos cuando Cocchinelli bajó del auto en un relámpago de flashes. Era más bella de lo imaginado, con su pelo aluminio, sus grandes ojos verdes, y el par de mamas como rosados melones que desembolsó en el escenario para estupor del público. ‘Todo es falso, puro relleno’, murmuraban los bailarines colisas sapeando envidiosos tras las cortinas [5].


Su arribo a la Argentina también atrajo a un sinnúmero de admirador*s. “Era la más hermosa, la única. La esperábamos afuera para verla, para saludarla. No lo podíamos creer. Había tenido problemas con los militares pero finalmente la dejaron entrar” recuerda emocionada Perica Burrometo, quien junto a otras maricas amigas caminaron las largas cuadras que separaban su pensión en Plaza Miserere con el legendario teatro de revistas El Nacional, en donde la diva presentaba su show. Esa noche Perica y sus amigas estuvieron de suerte y la policía no apareció para arrestarlas, como solía ocurrir. Felices, finalmente pudieron ver en vivo a la explosiva rubia francesa.


Revista Así. Nro.337, 12 de julio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

Sin duda atraído por el éxito de Europa di Notte, el director de cine y teatro Enrique Carreras, invitó a Coccinelle a participar en su film Los Viciosos, un policial con vari*s actores y actrices ya famos*s en Argentina. La película se centraba en una red internacional de tráfico de “narcóticos” con centro en Francia y distribución en América Latina. Una jovencísima Graciela Borges de clase media, bella y de buen corazón, caía en la droga y era utilizada por los jefes para la distribución. Un cabaret usado como fachada para el negocio de las drogas era donde la Coccinelle hacía su breve aparición. Tan embriagante como los narcóticos, la Coccinelle también venía de Francia y seducía al público de la pantalla. Allí, mostrando su cuerpo femenino con un bikini de strass, actuó de sí misma mientras bailaba y cantaba una suerte de twist en francés. La cámara se detenía una y otra vez en sus pechos blancos y en su pequeña cintura. Cuando concluyó su número, un periodista y un fotógrafo la esperaban en su camarín. Al posar para un retrato, se puso un tapado de piel y tomó una muñeca. Cuando el periodista le preguntó si no era algo muy infantil, ella respondió: “como mujer tengo sólo cuatro años.”


La revista Así siguió de cerca los romances y tribulaciones de Coccinelle. En la narrativa de esta publicación se vio un lento cambio en la forma de presentarla: desde los primeros números, cuando se referían a ella como “vedette” entre comillas y enfatizaban el masculino para nombrarla como el “ex soldado”, hasta cuando meses más tarde ya la reconocían como una vedette más. Incluso, en la cobertura de la separación y posterior divorcio de su marido, quien intentó golpearla frente a testigos, el caso fue relatado por la prensa desde estereotipos de género rígidos. Su romance y posterior casamiento con un bailarín del elenco del teatro Maipo también la instituyó dentro de los marcos sexo-genéricos normativos. Como en el caso del prefecto parisino, este trato no se extendía hacia otras personas del “tercer sexo” que mediante el uso de la sorna, eran caricaturizadas con violencia y desprecio.


Revista Así. Nro.346, 13 de septiembre de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

Pero fuera de las historias narradas por las revistas, que la ubicaban como un milagro único, la Coccinelle abrió un camino de posibilidades a muchas maricas latinoamericanas que la miraron con fascinación y la imitaron dentro de sus posibilidades periféricas y pobres. La matriarca travesti Malva Solís la nombrará también: “A partir de ‘Coccinelle’ hay toda una apertura (…) social (…), nuevas oportunidades para las mariconas. Se inaugura el ‘travesti artista’” [6]. Siguiendo su estela rubia platinada vendrán otras: Vanessa Show, Dominique Sanders, Evelyn… pero esa ya es otra historia.


Perica y varias de sus amigas fueron varias noches al teatro para ver a su adorada Coccinelle durante los sucesivos años que volvió a Buenos Aires. Siempre y cuando la policía no apareciera en la puerta del teatro para subirlas a los empujones al patrullero, la noche se volvía un recuerdo atesorado para ellas. Entonces podían atravesar las espesas cortinas de terciopelo rojo del teatro y ver de cerca a esta rubia única. Y quizás, soñar con futuros posibles donde ellas también pudieran ser aplaudidas en el escenario o caminar por las calles de la ciudad en libertad.



Coccinelle posa para la revista Así, nro. 337, 12 de julio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.


Agradecimientos


A Norma Gilardi e Ivana Tintilay.

A las Moléculas Malucas Juan Queiroz, Mabel Bellucci, Javier Fernández Galeano y Jorge Luis Giacosa por los aportes que realizaron para la realización de este artículo.

A Archivos Desviados por los materiales que acompañan el texto.



Notas al pie


[1] Falloway, Duncan y Ashley, April. April Ashley’s Odyssey. London 1982, Jonathan Cape.


[2] Willemin, Veronique. Les Secrets de la Nuit. Argent, Sexe, Police, Réseaux. París, 2014, Flammarion.


[3] Revista Así. 12 de julio de 1962..


[4] Willemin, Veronique. Les Secrets de la Nuit. Argent, Sexe, Police, Réseaux. París, 2014, Flammarion.


[5] Lemebel, Pedro. Loco afán: crónicas del sidario. Santiago de Chile, 1996. LOM Ediciones.


[6] Entrevista a Malva en Cutuli, María Soledad. Entre el escándalo y el trabajo digno. Etnografía de la trama social del activismo travesti en Buenos Aires. Buenos Aires, 2015, Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras.




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Cómo citar este trabajo


Álvarez, Ana. Coccinelle: entre el cabaret y la pantalla grande

Moléculas Malucas, junio de 2021.

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