Ruth Mary Kelly y su disputa con las feministas de la década del 70:

“UFA no es el Ejército de Salvación”

Por Mabel Bellucci*


Ruth Mary Kelly, una pionera, atrevida y precursora política del trabajo del sexo, abrió un debate aún no instalado dentro de las militancias feministas entre las agrupaciones locales. Ella ejercía la prostitución en el puerto de Buenos Aires, donde deambulaba con marineros de nacionalidades tan diversas como un mar confuso de lenguas. A lo largo de los años, recorrió distintas membresías militantes, en las que se entrecruzaban feministas de puro linaje con homosexuales tentados por subvertir el orden sexual. Para Ruth lxs integrantes de esas comunidades eran sus interlocutorxs legítimxs, atentxs a defender los derechos laborales de las prostitutas. En cierta forma, obtener conquistas relacionadas a visibilizar la condición de subalternidad y discriminación de las mujeres si bien resultaba un beneficio para el conjunto en su totalidad, como suele suceder, solo un grupo se habría favorecido. En efecto, el principio universal del "para todas", no siempre alcanzó su cometido. En palabras de Estefanía Martynowskyj “Los debates sobre el trabajo sexual en el seno del feminismo fueron en verdad una disputa por el sujeto político de representación, es decir, por delimitar los márgenes de las que cuentan como “las mujeres” y los legítimos “derechos de las mujeres” por los cuales el feminismo pretende luchar”[1].


Fragmento de la tapa del libro "Memorial de los Infiernos, Ruth Mary: Prostituta", de Julio Ardiles Gray. Ediciones La Bastilla, Buenos Aires, 1972. Archivo Moléculas Malucas.

Durante los 70, en una Argentina convulsionada frente a una coyuntura histórica particular, la intensidad de la protesta política y social generó circunstancias especiales para que asomasen dos organizaciones feministas en Buenos Aires: la Unión Feminista Argentina (UFA, 1970-1976) y el Movimiento de Liberación Feminista (MLF, 1972-1976). Sus militantes reivindicaban una radical independencia respecto de los partidos políticos clásicos como de las izquierdas revolucionarias. En ambas agrupaciones se invitaba a colocar en palabras el registro de la desigualdad entre los sexos, la opresión de sus pares, la igualdad de oportunidades para el acceso al trabajo y a la educación. Asimismo, tenían en la mira el trabajo doméstico, la doble jornada, la discriminación sexual y salarial, la maternidad, la sexualidad femenina, los métodos anticonceptivos, e, incluso, la pornografía. En sus orígenes, se dedicaban a grupos de lectura de textos icónicos del feminismo estadounidense, italiano y francés y a constituir encuentros de concientización. En ese discurso anclado en el cuerpo y en la sexualidad, no entraban la prostitución, el lesbianismo y, en menor medida, el aborto voluntario. “Si bien durante esa década la prostitución fue tema de análisis político ésta ocupó un lugar subsidiario -en la economía discursiva de la revolución sexual, la liberación de la mujer, el intento de maridaje con las izquierdas- a menudo bajo una operación más de rescate que de reafirmación subjetiva de si”[2].


De allí que Ruth atravesó situaciones de exclusión por parte de un número significativo de militantes feministas de sectores medios y altos: era pobre, sin educación formal, y se autoproclamaba prostituta y lesbiana a la vez. Por ser desafiante e insistente en sus demandas, no le importó el rechazo que le manifestaba una parte del feminismo heterocentrado y continuó su exhortación hacia otros grupos, entre ellos, al Frente de Liberación Homosexual de Argentina (FLH). De acuerdo al testimonio de Marcelo Benítez, miembro clave de esta agrupación, Ruth integraba el Grupo Safo de lesbianas, que formaba parte del FLH. En julio de 1972 el diario La Opinión publicó una breve nota en la cual hacía referencia a la agresión física sufrida por una militante del Frente mientras pintaba, en una estación de subte, la leyenda "Lesbianas: no están solas". Si bien el artículo no la nombra, probablemente haya sido Ruth.


Diario La Opinión, 21 de julio de 1972. En: Fondo Editorial Sarmiento, Dpto. de Archivos de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

El Movimiento de Liberación Feminista

Con el título “Reclamos de una feminista por la reivindicación de las prostitutas” una carta escrita por Ruth al diario La Opinión en agosto de 1972, ponderaba el diálogo y la discusión dentro del Movimiento de Liberación Feminista, liderado por María Elena Oddone, y consideraba “lograr acuerdo en algunos problemas en cuya solución trabajamos”. Mientras el MLF la recibía, la UFA la rechazaba. El escrito decía lo siguiente:

A la página La Mujer del diario La Opinión, agosto de 1972, llegó una carta de denuncia por la discriminación en la liberación de la mujer que pertenece al sector de la prostitución. La misma está firmada por Ruth Mary Kelly, protagonista del libro Memorial de los infiernos, recientemente publicado por Editorial Astrea y donde relata sus experiencias y vivencias como prostituta.


“En oportunidad de haber llegado a la UFA (Unión Feminista Argentina), invitada por una de sus miembros, iniciamos el acercamiento al tema de la prostitución a través de una serie de entrevistas, para una posterior concientización, en las cuales expuse mis experiencias vividas a lo largo de casi treinta años como prostituta. Planteé los problemas que afectan a la mujer que ejerce la prostitución como medio de vida y expresé que buscaba que se contemplara en UFA la situación de la prostituta en cuanto mujer oprimida y explotada.

Consideraba lógico mi pedido, por cuanto se refería a mujeres sometidas a la forma más dramática de la opresión y esperaba encontrar eco en el lugar que creí más indicado,

Encabezamiento de la carta escrita por Ruth Mary Kelly al diario "La Opinión" en agosto de 1972. Archivo Moléculas Malucas.

desde donde se lucha por la liberación total de la mujer. Debo dar ahora testimonio de que la UFA no es un movimiento amplio, sino cerrado para ciertas mujeres. La UFA no da cabida a los problemas para la liberación de la mujer prostituta, pues, según se me informó “UFA no es el Ejército de Salvación”. Por lo tanto, no le preocupan los problemas de este sector femenino, no consideran que sean mujeres “rescatables para el feminismo, ni seres humanos recuperables mediante la liberación”. Para cortar finalmente mi relación personal, se me dijo que “UFA es un club que se reserva el derecho de admisión”. En consecuencia, si yo personalmente, una mujer argentina, en un plano de igualdad en la opresión que sufrimos todas las mujeres de nuestra patria, por mi vida anterior y por los problemas que planteo, no tengo cabida en UFA, este movimiento no coincide en su actitud para conmigo, con las pretensiones que implica su nombre.

Deseo dar testimonio, por otra parte, que puesta en contacto con militantes del Movimiento de Liberación Feminista (MLF) hallé en esta otra agrupación la acogida necesaria a los problemas que planteo, y aunque se me rebatieron mis puntos de vista, mantenemos el diálogo y la discusión y hasta logramos acuerdo en algunos problemas en cuya solución trabajaríamos. Mi testimonio es, entonces, que el Movimiento de Liberación Feminista en la medida en que crece, contempla la liberación, en todos los niveles, de la mujer en la Argentina”.


Con un estilo mediático, el MLF se propuso instalar en escenarios pocos receptivos una serie de polémicas y así comenzó su batalla: la educación sexual obligatoria en los ciclos primarios y secundarios, el uso de métodos anticonceptivos, la patria potestad compartida y el divorcio vincular. María Elena Oddone, con un afán por conquistar lo que se reclamaba en otros lares, se impuso con virulencia. Su presencia provocó un impacto tal que el diario La Nación del 31 de diciembre de 1972, la incluyó entre las doce mujeres del país más publicitadas del año. De más está decir, su nombre y su rostro fueron noticia. El 26 de agosto de 1973, en el artículo “La urgente emancipación femenina”, publicado por La Opinión, el MLF declaraba que sus luchas iban más allá de las conquistas legislativas, al cuestionar las instituciones básicas de la sociedad que constituían los aparatos reproductores de la sujeción: la familia, el matrimonio, la supremacía y el autoritarismo masculino. Asimismo, interpelaban al sistema de roles, la educación sexista, la dependencia económica, psicológica y sexual de las mujeres, la maternidad como destino, la esclavitud doméstica, la violencia sexual y el aborto como una práctica delictiva. Viéndolo a la distancia, habría que pensar que el diálogo entre Ruth y María Elena resultó fructífero, pese a que Oddone si bien no se manifestaba a favor del ejercicio de la prostitución, todavía no se oponía. Al menos, Ruth sentía que alguien dentro del feminismo blanco y hegemónico escuchaba sus reclamos. María Elena era una mujer de acción directa. Y Ruth también. Ambas, presentaban perfiles con un alto protagonismo que, en algún momento, iban a crisparse hasta estallar. Lamentablemente, eso pasó. No había cabeza para entender discursos tan avanzados a su época: no solo la prostitución era concebida como un trabajo, sino que además proponía armar un sindicato que defendiese sus derechos al igual que el resto de la población. Al mismo tiempo, Ruth la vivía con orgullo sin un dejo de victimización. Únicamente en ese lugar de adelantada a su tiempo se comprenden las reivindicaciones de esta pionera. En cambio, María Elena, ahora no lograba despegarse de la idea de que el trabajo del sexo simbolizaba una esclavitud para cualquier mujer. Por eso, le costaba procesar el discurso de la prostitución para transformarlo en un relato visible. A la vez, la falta de participación de las prostitutas dentro del movimiento feminista hizo que los avances fueran lentos y, por supuesto, en los años 70, imposibles.



María Elena Oddone, 1973. Archivo Editorial Abril.

Aborto, maternidad y lesbianismo

El testimonio de Fuad Zahra (1942-2015), uno de los fundadores del grupo Eros del FLH, revela el armado de una coalición puntual entre homosexuales y feministas, de la cual participaba Ruth. En agosto de 1973, en pleno centro porteño, se llevó a cabo una volanteada en condena al aborto clandestino. El contenido de la proclama y de la acción consistía en repudiar la conmemoración del día de la madre, a tono con las protestas del movimiento feminista que, en algunas regiones, se preguntaban ¿Qué celebramos el día de las madres? La crítica a la exaltación social y comercial de la maternidad ocupó un rol destacado en la agenda feminista y encontró, en aquel festejo, un momento ideal para su despliegue. A modo de cuestionar la subordinación social de las mujeres durante la maternidad, la UFA produjo una serie de volantes. Mientras, la revista Persona, publicación variada y poliforme dirigida por María Elena Oddone[3], manifestó ácidos e irónicos saludos a las madres “en su día”: “Única trabajadora que: no está protegida por la ley, no tiene sindicato, no tiene jornada de ocho horas, no tiene descanso dominical, no tiene salario mínimo vital y móvil, no tiene ningún reconocimiento a su trabajo silencioso. Considerada jurídicamente inferior al varón, es explotada por el sistema que tratan de negarlo, con regalos, por un día, mientras la utiliza todo el año”[4].


El impulso de aquella volanteada estuvo a cargo de militantes feministas y compañerxs del FLH, incluida Ruth. Dejemos que Fuad relate lo acontecido: Actividades conjuntas con las compañeras feministas hubo varias. Recuerdo una como si fuera hoy, fue un domingo de 1973, día de la madre. El tema de la legalidad del aborto estuvo presente en nuestra lucha acompañando el reclamo de las compañeras feministas. El día anterior habíamos ido a bailar a Monalí, la primera discoteca que existió para gays y lesbianas, ubicada frente a la estación Lanús, donde habíamos leído varias veces con un micrófono algunos comunicados del FLH. El boliche se llenaba porque la policía de la provincia era menos jodida que la Federal, entonces allí concurrían gays y lesbianas de Capital y de distintos puntos de la provincia. Pero inesperadamente esa noche hubo allí una razia donde detuvieron a unas 100 personas. Cuando irrumpió la policía una avalancha se tiró hacia la puerta, muchos escaparon pasando por encima de la cana, otros, como yo, lo hicimos por los techos. Para el día siguiente, aquel domingo día de la madre, Néstor Perlongher y Marcelo Benítez junto a compañeras feministas de UFA habían organizado una entrega de volantes donde se reclamaba la legalidad del aborto, el fin de los abortos clandestinos y donde se afirmaba que el embarazo no deseado era una forma de esclavitud. Y allí fuimos, con la adrenalina de la rabia de la noche anterior, a la zona de Córdoba y Florida a repartir esos volantes junto con otros [volantes] de nuestro grupo EROS con dibujos de Marcelo y otros hechos por Ruth Mary Kelly con la leyenda “Lesbiana no estás sola”. Sarita y Néstor Latrónico se quedaron por la zona de Florida y Paraguay, Marcelo Benitez y Eduardo Todesca fueron para la zona de Lavalle, la Rosa Perlongher, Ruth y yo por la avenida Córdoba. Otras compañeras feministas fueron a la plaza San Martin. A los minutos empezamos a sentir sirenas, y paralelamente los gritos de la Rosa: “Rajemos chicas! Turca rajemos!” Y nos fuimos corriendo hacia el bajo. Ruth, como siempre desafiante en situaciones como ésta, decidió quedarse repartiendo los volantes dispuesta a enfrentar a la policía si era necesario[5].


Volante al que refiere el testimonio de Fuad Zahra. Unión Feminista Argentina, UFA. 1973. Archivo Moléculas Malucas.

El testimonio de Fuad Zahra no solo habla de una alianza estratégica e histórica, entre feministas y homosexuales, contra el machismo hegemónico y la cultura sexista en tiempos revolucionarios, sino que, además, exhibe otro elemento a tener en cuenta: Ruth, a diferencia del resto de lxs militantes, no repartía el volante de la UFA, sino uno propio con una consigna distinta a la consensuada: “Lesbiana no estás sola”. ¿A qué apuntaba con ese lema? Se sabía que ella era lesbiana, y aunque varias integrantes de la UFA también lo eran, lo callaban. No solo afuera sino también dentro de su propio grupo. La tensión estaba en no traspasar la línea de frontera entre lo que se debía y se podía decir. Ante todo, se armaban acuerdos de ocultamiento y disimulo con las demás compañeras de ruta. En rigor, el lesbianismo no entraba en la generalidad de los discursos feministas ya que no era asumido como tal y, de ese modo, hasta ese momento se ignoraba su potencial político-afectivo. La poeta feminista Hilda Rais, una referente indiscutida de la UFA, se refirió alrededor de ese clima de secreto: “Éramos un grupo numeroso. Tengo presente que cuando hacíamos referencia a nuestra relación, decíamos con la persona que salimos, tanto y tanto, era una forma elegante de no especificar que estábamos con una mujer, pero, a la vez, también evitábamos mentir que estábamos con un hombre”[6]. Apenas iniciada la transición democrática, Rais escribió un artículo “Lesbianismo: Apuntes para una discusión feminista”. Lo presentó en la Primera Jornada Anual de la organización feminista ATEM- 25 de noviembre, en 1984. Este texto tenía un fin preciso: “Simplemente no quería volver atravesar la misma situación que en la UFA: negar mi sexualidad”, confesaba la autora[7].



Vigilar y controlar

En noviembre de 1980, en su artículo “La prostitución y la caza de brujas” publicado en el número 5 de Persona, Oddone reflotaba el tema de la prostitución. En éste reivindicaba “la dignidad de la prostituta como persona humana” y exigía el respeto y la libertad “que como tal le corresponde”. Al mismo tiempo, impugnaba la absolución del cliente frente a la ley y a la sociedad. Entrevistó a varias prostitutas, entre ellas, a Ruth, quien retomó sus históricas proclamas.


Revista Persona. Año 1 -Nº 5. (Segunda época). Noviembre - Diciembre de 1980. Archivo Moléculas Malucas.

Tres años más tarde, la revista El Porteño catalizaba las polémicas de la comunidad homosexual de Buenos Aires y los enfrentamientos quedaron plasmados en artículos y cartas de lectores de tono virulento. Deborah Daich en su libro Tras las huellas de Ruth Mary Kelly. Feminismos y prostitución en la Buenos Aires del siglo XX reconstruye los dimes y diretes entre Ruth y María Elena que eligieron como soporte mediático, al igual que los homosexuales, a El Porteño. De acuerdo a esta investigadora, el enfrentamiento comenzó por un reportaje “Ruth, la prostituta”, realizado por el periodista Luis Majul, en marzo de 1983: “Ruth reclamó la necesidad de un sindicato de prostitutas y dejó entrever la imposibilidad de articular esa demanda con las feministas de la época: En el feminismo, dicho sea de paso, escucharon también los reclamos, pero no hicieron nada como la gente para llegar al fondo de la cuestión. Lo que pretendo yo y lo que desean ellas son cosas completamente distintas. Además, por la experiencia con el contacto que tuve con sus miembros, te puedo asegurar que es muy difícil penetrar dentro de sus capas sociales, son muy burguesas[8]. Oddone con su pluma filosa y acostumbrada a proceder en lo que más la cautivaba, es decir, replicar en los medios gráficos, salió al cruce. Eran debates de cierto voltaje que merecían dar una batalla ideológica para contrariar lo que ella denominaba “difamaciones”. Repetía, hasta el cansancio, que para luchar rechazaba la pasividad y el silencio. Asimismo, hacía oír su voz cuantas veces sea necesario, no para pedir sino para exigir justicia. Por las dudas, aclaraba que “El feminismo es la lucha contra el patriarcado”[9]. En esta ocasión, también fue contra la prostitución. Para ella, ahora, ambas temáticas compartían la hostilidad y malestares comunes dentro de las capillas feministas. Por otra parte, se interrelacionaban entre sí: No había patriarcado sin prostitución ni prostitución sin patriarcado. Déborah Daich reproduce un fragmento de esa diatriba lapidaria producido un mes después de la entrevista de Majul: “Al número siguiente se incluyó en la sección Cartas del lector, una misiva de María Elena Oddone en la que la militante feminista aclaraba, en tono de denuncia, que cualquiera podía unirse a los grupos feministas y que así lo había hecho Ruth, quien había sido escuchada durante años a quien se le había “explicado”, entre otras cosas, que la prostitución no era un trabajo sino una esclavitud (…) En nuestro país, hay mujeres que trabajan y construyen mucho culturalmente hablando. Sorprende desagradablemente que se dedique tanto espacio a una persona que no tiene cultura ni claridad intelectual y que propone la legalización de una de las formas de esclavitud de la mujer más repugnantes, justamente cuando en todo el mundo las mujeres nos jugamos por la liberación nuestra y de todos”[10].

Si bien el diálogo no era imposible, los límites de la escucha ya estaban trazados por un contenido en clave enemiga. Hasta que no asomaron nuevos espacios de reivindicación propios como una decisión sexo-política, la historia de tensiones entre feministas heterosexuales y trabajadoras sexuales siguió siendo una ofensiva de avasallamiento hasta llegar a este presente que aún mantiene ese perfil.




*Activista feminista queer.

[1]Martynowskyj, Estefanía (2017) “Putas feministas. la afrenta del feminismo hegemónico” en Furias Ver: http://revistafurias.com/putas-feministas-afrenta-feminismo/

[2] Theumer, Emmanuel ( 2017)“Llamando a Ruth Mary Kelly” en Furias. Ver: http://revistafurias.com/llamando-ruth-mary-kelly/

[3] Bellucci, Mabel “Arráncame la vida”, Suplemento Las 12, Página 12, Buenos Aires, 14 de septiembre de 2012. Ver: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-7503-2012-09-15.html

[4] S/R (1974), “La Madre”, Persona, año 1, nº2, p.6. Este particular saludo está extraído del libro de Eva Perón La razón de mi vida, pero no hay una cita explícita. Ver: http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar/numeros/numero-2/un-aporte-para-la-reconstruccion-de-las-memorias-feministas-de-la-primera-mitad-de-la-decada-del-setenta-en-argentina

[5] https://kaosenlared.net/argentina-la-llama-no-habria-de-apagarse/

[6] Entrevista realizada por la autora, Buenos Aires, julio de 2009.

[7] Ibídem.

[8] Daich, Deborah (2019) Tras las huellas de Ruth Mary Kelly. Feminismos y prostitución en la Buenos Aires del siglo XX, Biblos, p.146/147.

[9] Oddone, María Elena, “Discriminación y opresión”, en La Opinión, Buenos Aires, 20 de junio de 1973.

[10] Daich, Deborah, Op. Cit. p.147/148.

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