Isabel Larguía, una teórica feminista latinoamericana

Su vocación como documentalista revolucionaria


El libro Desde la Cuba revolucionaria: Feminismo y marxismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin de Mabel Bellucci y Emmanuel Theumer (Clacso 2019) investiga el empeño que, en 1969, la dupla intelectual y política Larguía/Dumoulin, pusieron en la teorización marxista y feminista en torno al trabajo doméstico: Una forma de hacer visible aquel trabajo invisible. En cambio, en este artículo, armado con datos biográficos extraídos del propio libro, se recupera la predilección de Isabel Larguía como documentalista, un perfil poco conocido de nuestra valiosa ideóloga, así como militante feminista y comunista.



Isabel Larguía filmando en el puerto de La Habana, en los 70s. Usaba una cámara Pentaflex originaria de la entonces República Democrática Alemana (RDA). Gentileza de Sebastián Elizondo.

En 1932, Isabel nació en Rosario, la ciudad puerto. Los Larguía eran terratenientes vinculados a la concentración de estancias y fundación de pueblos en la provincia de Santa Fe. De adolescente se trasladó a Buenos Aires a estudiar como pupila en el Michael Ham, un colegio católico de monjas pasionistas y bilingüe. A la disciplina religiosa la dejó a un lado rápidamente y siendo una veinteañera se fue a vivir a su propio departamento. A su pesar, su entorno aceptó esos bríos de independencia que ejercía con la naturalidad otorgada por el privilegio de clase. Al tiempo se afilió al Partido Comunista.


John Dumoulin, su compañero afectivo e intelectual de los últimos treinta años de vida de ella, graduado en Letras, en 1958, en la Universidad de Harvard y también radicado en la isla antes de la revolución, frente a su vocación por la antropología social, recuerda los inicios de la formación artística de Isabel: “Siendo joven ella se fue interesando cada vez más en serio en el tema del cine… En aquella época no se podía hacer una verdadera formación sistemática cinematográfica en Argentina sin probar antes Europa y, en particular, Francia”[1].


Por esta razón, en 1956, Larguía se radicó en París. Después de su arribo, allí se vinculó afectivamente con Ángel Elizondo, el famoso mimo y actor argentino. Se conocieron en el epicentro cosmopolita de la Casa Argentina. Tenían la misma edad, 24 años, y una historia personal que por momentos coincidía. Tal como lo dicta el rito de iniciación de las clases medias altas en Argentina, la estadía en París les abrió un horizonte cultural, incluyendo desde luego a la formación universitaria. Isabel se encontraba desde hacía un año en la ciudad, intentando ingresar como estudiante regular del IDHEC (Institut des Hautes Études Cinématographiques), creado en 1943 por Marcel L'Herbier. Ser mujer hizo peligrar su admisión: tuvo que asistir en calidad de oyente durante varios meses hasta lograr su objetivo.


Ángel Elizondo, en su departamento en pleno centro de Buenos Aires, con voz cansina relata con admiración la trayectoria de Isabel, quien para él “representaba una gran promesa cinematográfica latinoamericana. Sin embargo, ella abandonó la profesionalización en cine por la lucha política”[2]:


"Era una mujer bonita, seductora cuando quería, muy aguerrida y encaraba todo lo que hacía con sumo rigor. Cuando ella hablaba atraía la atención de la gente. Amaba la sociabilidad, siempre estaba dispuesta a las reuniones. Recuerdo un agasajo que le hizo a Nicolás Guillén en la Casa Argentina. O sus encuentros con Julio Cortázar o con Harold Gramatges, el embajador de Cuba en Francia y fundador del Departamento de Música de la Casa de las Américas"[3].

Según su opinión, Isabel intensificó su compromiso comunista por sus vínculos con profesores, militantes en la clandestinidad, intelectuales latinoamericanos y, en especial, con cubanos bajo el contexto de la guerra de Argelia contra la colonización francesa.En cuanto a sus contactos con feministas, Elizondo duda si los tuvo. Cabe recordar que, en ese momento, el movimiento feminista francés no tenía la fuerza organizativa que tendrá después. Elizondo cree que esa posición política la llevó consigo desde Rosario, por la admiración que le provocaba la destacada trayectoria de su tía, Susana Larguía. Ella era una consagrada sufragista argentina que junto a Victoria Ocampo y a María Rosa Oliver fundaron, en marzo de 1936, la Unión Argentina de Mujeres (UAM)[4]. Además, las convicciones de Isabel se radicalizaron por la hostilidad vivida cuando le impidieron ser estudiante regular de dirección de cine. Ahora bien, entre el grupo selecto de amistades que cultivaba Isabel se encontraba Joris Ivens, realizador holandés de cine documental, de quien fue discípula. Este cineasta formado junto con Serguéi Eisenstein y Robert Flaherty tuvo como colaboradores a Ernest Hemingway y Orson Welles. Ivens, como admiraba la garra cinematográfica de Isabel, la postuló a una beca de especialización como camarógrafa de guerra en la República Democrática Alemana (RDA), más precisamente en Berlín Este, durante la Guerra Fría.


En 1961, un acontecimiento histórico resultó para ella una oportunidad que cambió su vida para siempre: la invasión de mil quinientos militares-mercenarios -muchos de ellos cubanos contrarrevolucionarios patrocinados por el gobierno de los Estados Unidos- que desembarcaron en Playa Girón y Playa Larga, en Bahía de Cochinos. Los comunistas alemanes la enviaron de inmediato a Cuba para filmar esa coyuntura, pero llegó tarde, ya que la acción acabó en menos de sesenta y cinco horas al ser derrotados los invasores por las fuerzas del gobierno de Fidel Castro y el propio pueblo cubano. Hay que recordar que ese año fue decisivo para la isla: Fidel se asumió como marxista-leninista y la Revolución, inicialmente de carácter nacionalista y antiimperialista, selló su carácter socialista. Este clima la llevó a decidir a quedarse en ese país con una revolución en curso, con sus palmeras, el ron, la proximidad al mar y un clima de ideas eufórico por los agitados debates políticos anticapitalistas. Pronto, Ivens y otros cineastas extranjeros simpatizantes de la revolución fueron invitados por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) a pasar una larga estancia de trabajo en la isla. Posiblemente haya sido ella quien propuso su nombre, a sabiendas de los logros que se obtendría de inmediato, pues recordemos que había sido su mentor. Sin dudarlo, Ivens se lanzó a filmar antes a la Milicia Popular que, al Ejército Rebelde, con el fin de retratar el carácter eminentemente popular del pronunciamiento. Sus dos documentales, realizados en 1961, fueron Carnet de viaje y Pueblo en armas, este último relacionado a las milicias populares compuestas por campesinos y obreros cubanos. Se los considera como cruciales para la cultura audiovisual de la isla dado su alto valor histórico.


Tania, la famosa guerrillera que se unió al Che en Bolivia, fotografiada por Isabel Larguía en el Malecón de La Habana, en 1962. Gentileza de Sebastián Elizondo.

Al tiempo, de haberse asentado en la isla, Isabel conoció a John Dumoulin. El vínculo de éste con intelectuales latinoamericanos les permitió encontrarse a través de diferentes instancias de estudios e investigación abiertas por Casa de las Américas. Sin demasiadas vueltas, entre ellos venció el amor y la producción intelectual.


Alternativas emancipacionistas

Así, desde La Habana, a inicios de 1969, la pareja comenzó la investigación conjunta sobre la situación de la mujer, basada en encuestas que ellos mismos realizaron sobre el trabajo doméstico. A los dos les preocupaba el vacío de respuesta por parte de las ciencias sociales en relación con dicha temática desde una teorización marxista y feminista. Si bien en Cuba la legislación era de avanzada y se había incorporado de forma progresiva a este contingente a la vida social, era imprescindible un estudio específico. Surgió una necesidad imperiosa de aportar nuevos conceptos para la práctica de la liberación. Dumoulin relata que tanto él como ella tenían una formación marxista que les permitía abrir puertas para todos los niveles de cambios. Este fue el período en el que elaboraron su ensayo «Por un feminismo científico», que se difundía en forma manuscrita. La publicación “exótica” de Larguía-Dumoulin comenzó a introducir una diferencia ―la cuestión de la mujer― para interrogar no sólo el aparato teórico marxiano sino el propio desarrollo revolucionario en curso. La misma durante su recorrido tuvo diferentes variantes. Hacia 1971, comenzó a circular una adaptación del ensayo bajo el nombre «Hacia una ciencia de la liberación de la mujer». La revista cubana Casa de las Américas, Vol. XI, N° 65/66, compuso un dossier denominado «La Mujer», en el cual se publicó este último trabajo mencionado junto con cinco artículos más. El esfuerzo teórico que pergeñó la dupla estuvo dirigido a comprender las modalidades de explotación que atañen a las mujeres, así como las posibles alternativas emancipatorias. Ambos parecían tener el carácter suficiente para activar políticamente en un proceso revolucionario de increíble impacto en América Latina y en el mundo.


Entre 1967 y 1968, Isabel acompañó, como documentalista guerrillera, a los voluntarios cubanos que lucharon por la independencia de la colonia portuguesa de Guinea Bissau. De esa experiencia, Larguía rescató lecturas políticas que llevó luego a la cuestión de la mujer. Esto se hace patente cuando afirma en su consagrado ensayo:


Para Amílcar Cabral […] "la pequeña burguesía debe suicidarse como clase social incorporándose al proletariado. Las mujeres de su hogar y los pequeños productores son clases marginales [...] Un proceso revolucionario exige su asimilación a las clases trabajadoras principales, que son las únicas que poseen las condiciones necesarias para oponerse exitosamente al imperialismo. Pero el suicidio como clase de la mujer de hogar y su transformación revolucionaria requiere la destrucción de todos los rasgos que caracterizan su conciencia social dentro del capitalismo. Que todos los sectores femeninos se incorporen al trabajo proletario no implica liberación total”[5].


Además, Isabel fue documentalista en el Congo. También en Nicaragua participó en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)[6]. Intentó hacer lo mismo contra Somoza en Nicaragua, pero fue privada de su libertad. Tiempo después, trabajó como realizadora de documentales en La fílmica del Ministerio de Fuerzas Armadas (MINFAR). Mientras tanto, su producción académica se orientó en dirección a la imagen de la mujer en los medios de comunicación, las artes plásticas y visuales. Escribió un ensayo «La mujer en los medios audiovisuales», editado, en 1982, por la Universidad Autónoma de México.


Entre abril y octubre de 1980 se produjo un éxodo en masa de cubanos. Más de 125.000 personas partieron del Puerto de Mariel con destino a Estados Unidos, especialmente a Miami, bajo la presidencia de James Earl Carter. Esta fuga multitudinaria se la conoció como “el éxodo de Mariel”. Su origen estaba dado por el asalto a la embajada del Perú (un país con el que se mantenía relaciones tensas) por parte de un grupo de civiles a bordo de un autobús público. El objetivo era entrar al recinto y solicitar asilo político. De acuerdo a las palabras del documentalista y fotógrafo, Sebastián Elizondo, hijo de Larguía, “ella estuvo filmando en los dos lados del conflicto para el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Considero que ese material debe existir aún en los archivos de la televisión cubana”[7]. Para él, tanto éstos como los de Guinea Bissau fueron los más importantes en la obra fílmica de su madre.


Isabel Larguía hacia fines de 1996 en Buenos Aires. Gentileza de Sebastián Elizondo.

Ya en sus últimos momentos de vida, en 1997, como un desafío cuerpo a cuerpo con la muerte[8], Isabel se concentró en escribir sus memorias sobre las vivencias guerrilleras durante su paso por Angola[9].

El largo camino que abrió Larguía en Cuba, después de Sara Gómez, la primera mujer negra que realizó un largometraje en 1959[10], y otras que ignoramos, tiene sus seguidoras. Aun cuando crece el número de artistas en la isla no son tantas todavía. Cabría preguntarse qué de las obras de estas dos valerosas legendarias dialogan con lo que se está produciendo hoy en el cine, en el documental y en la ficción por parte de las realizadoras cubanas.

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[1] Entrevista realizada a J. Dumoulin por E. Theumer, comunicación informática vía Skype, junio de 2017.J. Dumoulin trabajó como investigador en la Academia de Ciencias de Cuba desde su fundación, en 1962, en su Instituto de Ciencias Sociales, especializándose en el estudio de los cambios en las zonas cañeras a raíz de la reforma agraria y en la cultura afrocaribeña. Entre sus tantas intervenciones teóricas como intelectual, Dumoulin integró el equipo de colaboradores de la revista semestral Etnología y Folklore del Instituto Nacional de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba. Escribió tres libros: Cultura, sociedad y desarrollo, en 1973, 20 años de matrimonios en Cuba, en1977, y Azúcar y lucha de clases, en 1980. Todos ellos fueron publicados por la Editorial de Ciencias Sociales.


[2] Entrevista realizada por M. Bellucci a Sebastián Elizondo, comunicación informática, diciembre de 2018.


[3] Entrevista, ibídem.


[4] Esta agrupación surgió por una posible reforma del código civil que pretendía agregar una cláusula por la cual se estipulaba que ninguna mujer casada podría aceptar trabajos ni ejercer profesión alguna sin previa autorización legal del marido. Otros temas de su preocupación fueron el trabajo femenino en la industria, la agricultura y el servicio doméstico, las condiciones de la vivienda popular, la prostitución y las leyes de protección a la maternidad. Dos años más tarde, la UAM presentó ante el Poder Legislativo un proyecto de ley proponiendo el sufragio femenino universal, el cual ni siquiera fue tratado. La disolución de la UAM dejó lugar al surgimiento de la Unión de Mujeres de la Argentina (UMA) creada en 1947.


[5] Larguía, Isabel y John Dumoulin, 1971, «Hacia una concepción científica de la emancipación de la mujer» en Casa de las Américas (La Habana) Vol. XI, N°65-66, p.186.

[6] Ángel Elizondo sostiene que Isabel fue presa en la frontera de Nicaragua con Costa Rica, pasando pasaportes falsos que llevaba de Cuba. La detuvieron del lado de Costa Rica. Le pidió a él y a otros compañeros más que difundieran la noticia a nivel internacional para ser liberada. 


[7] Entrevista realizada por M. Bellucci a Sebastián Elizondo, comunicación informática, diciembre de 2018.


[8] Hacia 1988, la familia Larguía-Dumoulin se había trasladó de Cuba a la Argentina y se instaló en Buenos Aires.


[9] Entrevista realizada por M. Bellucci a Mariana Hernández Larguía, comunicación informática, abril de 2017.


[10] En las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, Sara incursionó primero en los documentales y luego en la ficción, con su obra De cierta manera, en 2007.Su obra documental de los sesenta incluye títulos como Sobre horas extras y trabajo voluntario, La otra Isla, Una Isla para Miguel y Mi aporte, que se acercan, desde su mirada, a los cambios sociales tras el triunfo de la revolución cubana, en 1959, y su influencia en la vida de las personas. Ver: https://informefracto.com/uncategorized/sara-gomez-pionera-de-cinematografia-femenina/


Desde la Cuba revolucionaria. Feminismo y marxismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin, de Mabel Bellucci y Emmanuel Theumer, editado por Clacso, en su versión ampliada, 2019. Esta obra obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes, en la categoría de Ensayo no ficción del Concurso de Letras 2018.


Se descarga en este enlace: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20191011020931/Desde_la_Cuba_revolucionaria.pdf



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