Enyegüecidas

La primera protesta pública del disenso sexual en Chile


El 22 de abril de 1973, meses antes del golpe de estado que instauraría la dictadura más sangrienta de la historia de Chile, un grupo de locas y travestis fueron protagonistas de la primera manifestación realizada por los derechos de la disidencia sexual en Chile. Pabli Yasser Balcazar, escritor y editor chileno, nos sumerge en este relato lleno de silencios y contradicciones que forman parte de nuestra historia desviada.


Revista VEA. Mayo de 1973. Fuente: memoriachilena.gob.cl


Por Pabli Yasser Balcazar*


“Somos los colas de la Plaza de Armas y estamos haciendo está manifestación para que nos dejen vivir tranquilas” gritó El Gitano encaramado bajo las patas del caballo de Pedro de Valdivia aquella tarde de domingo de Pascuas de 1973.


Los domingos fueron siempre solitarios para las maricas, relegadas de los almuerzos familiares y de los rituales inherentes a la sociabilidad heterosexual. Obligadas desde niñas a escuchar la violencia normalizada de una comida familiar y soportar la interminable letanía de un partido por la radio, que de solo recordarlo nos atraviesa una incómoda sensación de dentera.


Cada domingo las maricas pobres esperaban la noche para encontrarse con las otras y olvidarse por un momento de aquel mundo del afuera que les era tan hostil. Tal vez las más viejas se habrían juntado en la casa de alguna a tomar la once e intercambiar huevitos duros pintados de colores, pero las más jóvenes estaban obligadas a hacer de la calle su mesita de té.


¿Pero qué fue lo que hizo de especial ese domingo? ¿Por qué después de tantos lumazos en las costillas de parte de los pacos, de tantas lágrimas ahogadas en vino, de tantos golpes al grito de maricón culiao y tantos besos que terminaron con sangre en los labios; por qué después de tantos siglos aquel domingo sería distinto?


Tal vez habría que imaginar ese Chile sumergido en un momento de ebullición política y social. Los ojos del mundo miraban a la primera república socialista elegida por votación popular, y Estados Unidos no permitiría que un paisito, al sur de su patio trasero, desmoronara esa fantasía capitalista de la que estaban tan orgullosos. Chile completo estaba siendo parte de un juego macabro a manos de fuerzas de inteligencia estadounidenses, que desde el primer momento buscarían derrocar al gobierno de Salvador Allende.


Las calles del centro de Santiago veían una y otra vez cacerolazos de cuicos y momios en contra del gobierno de la Unidad Popular y protestas de apoyo al proyecto de Allende con banderines rojos y cascos de mineros. A veces, incluso, ambas protestas se encontraban provocando grandes disturbios en el centro de la capital, como diría el Mercurio. Pero también había otro Chile. En las clases populares se respiraba una sensación de apertura y esperanza en que la vida podía ser más justa y más digna. El gobierno de Allende se ocupó en generar viviendas sociales, planes educativos y sanitarios, pero también hizo una gran inversión en arte, ciencia y tecnología. Víctor Jara revoloteaba sus alitas de mariposa dando clases en la Universidad técnica del estado y Cecilia, aquel ícono lésbico que aún estaba en el closet, dejaba las canciones de la nueva ola, para mezclar canciones de protesta con música pop y sintetizadores.


Tal vez fue esa sensación de que un país azotado por la desigualdad desde sus inicios fuese capaz de pensar más allá de los límites de lo posible, lo que les dio la esperanza a las colas de la Plaza de Armas de que ese domingo las cosas deberían ser distintas. Habrán pensado tal vez que en ese nuevo Chile sus reclamos serían escuchados, que sus heridas serían sanadas y que ellas también merecían esa vida digna de la que hablaba la revolución.


Periódico Clarín. 24 de abril de 1973. Fuente: memoriachilena.gob.cl

Fue entonces en aquel 22 de abril de 1973, meses antes del golpe de estado, que las locas y patines se tomaron la Plaza de Armas de Santiago de Chile, protestando en contra de la represión estatal y del acoso policial.


La revolución no era para las putas y colizonas, y eso lo dejaron bien en claro los medios de comunicación afines al gobierno de Allende, quienes hicieron un festín de violencia y crueldad con las locas de la plaza. “Colipatos piden chicha y chancho” y “Ostentación de sus desviaciones sexuales hicieron los maracos en la Plaza de Armas” titularía el diario Clarín mientras afirmaba que seguramente los maricones tendrían vínculos con algún senador de la derecha y que por eso la policía no los atacaba. Clarín era el diario de masas de la Unidad Popular, y con su tono coloquial y sensacionalista que devenía en misoginia y homofobia de manera constante, buscaba llegar a las clases populares que apoyaban al gobierno.


Litros de tinta gastaron los medios de todos los sectores políticos en humillar a las locas de la plaza y su protesta. Pero tal vez el Clarín fue de los que más se ensañó con ellas para dejar en claro que el grito de justicia sexual de las locas no tenía nada que ver con los gritos de justicia social del pueblo chileno:


Las yeguas sueltas, locas perdidas, ansiosas de publicidad, lanzadas de frentón, se reunieron para exigir que las autoridades les den cancha, tiro y lado para sus desviaciones. Pese a que la reunión había sido bastante publicitada, la policía no se hizo presente. Entre otras cosas, los homosexuales quieren que se legisle para que puedan casarse y hacer las mil y una sin persecución policial. La que se armaría. Con razón un viejo propuso rociarlos con parafina y tirarles un fósforo encendido. (Clarín, 24 de abril de 1973)

Después de casi 50 años las palabras del Clarín siguen doliendo, pero a la vez son el registro escrito de nuestra memoria. Esta página de nuestra historia desviada que el paso del tiempo, las balas y la humedad han ido borrando, es una página que aún estamos intentando descifrar. Como dice Fernanda Carvajal “trabajar sobre la historia de las disidencias sexo-genéricas implica confrontarse con archivos irregulares e incompletos, que dificultan el encuentro con información ‘sustantiva’ o ‘sistemática’ sobre una problemática que, hasta ahora, ha sido poco abordada por la investigación académica”.


Sobre aquella primera protesta de maricones en Chile no hay una única versión. Durante años aquel relato fue más bien una anécdota aislada, y fue Víctor Hugo Robles que en el año 2008 hizo un primer acercamiento a esta historia en su libro Bandera Hueca.


Periódico Clarín. 24 de abril de 1973. Fuente: memoriachilena.gob.cl

No existe un consenso ni en los diarios de la época, ni en las locas que estuvieron allí presentes, sobre cómo sucedieron la protesta y los hechos durante la jornada. Ni siquiera sobre cuántas personas asistieron a la manifestación. Algunas dicen que 30 ó 50, y otras cuentan que fueron un centenar y que además estaba lleno de colipatas camufladas entre el público. Tampoco hay consenso sobre si fue una manifestación organizada previamente o si fue espontánea. Algunos relatos hablan de que las locas fueron arengadas por La Gitana para hacer escándalo en la plaza. Mientras que otros relatos hablan de que La Eva había pedido permiso a la intendencia para realizar la manifestación y que por eso la policía no había intervenido de inmediato. Además, se comentaba en varios medios de la época, que otro grupo de colas cuicas planeaban una manifestación en La Plaza Lo Castillo, en el barrio alto, en resonancia a esta protesta hecha por locas pobres. Esta manifestación nunca se llevó a cabo por las amenazas del intendente de la época. Otro hecho que deja entrever una incipiente posible organización es que algunas manifestantes, al ser entrevistadas por el Clarín y la revista VEA, se autodenominaron Movimiento de Liberación Homosexual, nombre que tomaría en el año 1991 la primera organización homosexual chilena (MOVILH histórico), un dato no menor que ha sido omitido recurrentemente.


Es difícil además definir quiénes participaron de la movilización según las categorías de género que se han terminado de delimitar en estas últimas décadas. En este mismo escrito he dudado muchas veces cómo nombrar y he preferido utilizar las palabras que usaban las mismas protagonistas para referirse a sí mismas y algunas palabras homólogas que podríamos usar hoy. La propia figura de La Gitana/El Gitano es difusa respecto de cómo habitaba el género, ya que es nombrada de las dos maneras en relatos de la época y posteriores. Algunos autores la definen como una travesti que “sacaba la suerte” al costado de la plaza, mientras que diarios de la época lo caricaturizaban como un maricón de rasgos masculinos. Por otra parte hay que aclarar que en Chile se ha utilizado “lo travesti” no sólo para referirse a mujeres trans y travestis, sino también para nombrar a transformistas, cross y maricas afeminadas, adjetivizando el concepto. Las colas de la plaza representan una visión de nuestras identidades que recién comenzaban a reconfigurarse y a nombrarse a sí mismas, es por eso que solo es posible entender del todo a aquellas identidades en su propio contexto.


Decía Clarín: "Entre otras cosas, los homosexuales quieren que se legisle para que puedan casarse y hacer las mil y una sin persecución policial. La que se armaría. Con razón un viejo propuso rociarlos con parafina y tirarles un fósforo encendido". Fuente: memoriachilena.gob.cl

Más allá de la imprecisión histórica, es gracias a esa misma prensa agusanada de odio que hoy recordamos a las allí presentes con suéteres rayados y pantalones de campana bailando y riendo bajo el caballo de Pedro de Valdivia. Las recordamos posando para las cámaras sonrientes incluso ante los insultos de la prensa y la gente. No importaba nada, porque se habían atrevido a hacer algo sin precedentes en Chile y en América Latina. Recordamos sus nombres: La Gitana, La Larguero, La Peggy Cordero, La Fresia Soto, La Eva, La Vanesa, La Raquel o La Katy Fontey, las únicas sobrevivientes que han puesto su voz a este relato. Y es también gracias a esos registros que podemos rescatar las palabras de las colas anónimas que, aunque seguramente editadas y malversadas por la prensa, nos hablan desde el pasado haciendo que retazos de su lengua florida nos lleguen hasta hoy:


Lo que pasa es que los tiras nos persiguen; igual los pacos. ¡Son más molestosos!, y se la llevan a una y la pelan. Nosotras no somos escandalosas, la prueba es que trabajamos en lugares nocturnos, nos ganamos la vida honradamente pero tienen que dejarnos vivir libremente (Clarín, 24 de abril de 1973).


¿Por qué esta historia permaneció en el silencio tantos años? ¿Por qué muchos de quienes recopilaron esta historia jamás mencionaron que esas locas se autodenominaban el Movimiento de Liberación Homosexual? Tal vez Chile no se reconoció durante décadas en la manifestación de la Plaza de Armas porque eran maricas pobres y marginales. Y Chile es un país que por mucho tiempo, y hasta hace poco, aún sentía vergüenza de su propia pobreza, que la escondía bajo la alfombra y la maquillaba de consumo. Hoy Chile es un país que intenta mirarse a los ojos, y a pesar del avance de la ultraderecha ha roto con fuego esa fantasía del paraíso neoliberal.


Por otra parte esta es una historia que incomoda. Incomoda a esa izquierda machista que humillaba a las locas en el afán de defender el gobierno de Allende y al diario Clarín, aquel pasquín que afirmaba estar firme junto al pueblo y que después de 40 años volvió abrir sus páginas en las cuales jamás ha hecho un mea culpa de toda su violencia sensacionalista. Incomoda también a las organizaciones históricas de Chile que se jactaban de ser la primera organización gay de Chile. Incluso incomoda a quienes aún afirman que la primera vez que un grupo gay latinoamericano se manifestó públicamente fue cuando miembros del Frente de Liberación Homosexual argentino (FLH) participaron de la gran concentración en mayo del 1973 con motivo de la asunción del presidente Héctor Cámpora.


Es por eso que durante décadas quedaron en el olvido una gran cantidad de locas pobres, sin pretensiones artísticas ni intelectuales, que hicieron de la protesta una fiesta en tiempos donde la política era algo serio para señores con bigotes. Un grupo de locas que solo querían pasarlo bien y vivir tranquilas, como gritaría la Gitana desde la pérgola de la Plaza de Armas en aquel abril del 73.


Periódico Clarín, 24 de abril de 1973. Fuente: memoriachilena.gob.cl

Hoy las maricas chilenas leemos a aquella prensa que nos trataba de “especímenes asquerosos” y pensamos que si bien aquellos insultos nos hicieron más fuertes, no queremos que se vuelvan a repetir en nuestra historia. Miramos con orgullo aquella marcha de putos y patines en abril del 73 porque es reconocer nuestra propia biografía mariquita, tanto personal como colectiva. Es pensar en las amigas y compañeras con quienes hemos aprendido a politizar nuestro sexo mientras se lanzaba aquel primer grito de la Gitana y evocamos nuestros gritos en nombre de una vida más digna. Algo que es tan básico, como vivir tranquilas y en dignidad, sigue siendo después de décadas una transversal en la historia del pueblo chileno.


Hoy estamos más tranquilas, hemos estado a un paso de padecer otra vez a ese pinochetismo enmohecido de odio gobernando desde La Moneda. Pero tal como aprendimos de las colizas que dieron ese primer grito bajo la estatua ecuestre de Pedro de Valdivia, transformamos el miedo en lucha y resistencia. La lucha de la disidencia sexual en Chile seguirá, porque aunque la ultraderecha haya perdido las elecciones sigue ahí, y lxs rarxs somos su primer objetivo. Es en estos momentos en los que el fascismo avanza disfrazado de libertad es cuando se hace más necesario que nunca seguir recordando a nuestras locas anónimas que dieron los primeros pasos para pensar en un mundo sexualmente más justo. Sacar de la oscuridad del olvido a todas aquellas de quienes no nos quedó mucho más que un nombre, una frase o una foto borrosa. A todas las que jamás tendrán una calle con su nombre y a las que nadie les llevará flores al cementerio. A todas las que yacen en una fosa común aún esperando ser encontradas. A aquellas que no podrán siquiera escribir su nombre porque fueron desplumadas antes de aprender a juntar las letras. Recordemos a todas esas pioneras desconocidas, para quienes la fama y la gloría fueron un instante de glamour y rebeldía antes que viniese de golpe la oscuridad de aquel 11 de septiembre de 1973.


*Escritor, activista y editor de Maricones del mundo uníos y escupíos.



Glosario


Cola (El cola o la cola). Chilenismo que surge de la jerga callejera para nombrar a la loca de manera despectiva. Tal como sucede con muchos otros motes, el término ha sido reapropiado a lo largo de los años por nuestras propias comunidades.

Colipato. Variable de cola que hace referencia al caminar de los patos.


Colizón (y sus variables coliza, colisa, colisón, colisona). Chilenismo despectivo para referirse a personas afeminadas. Es un eufemismo paronímico que suplanta la palabra cola por la palabra colisa, la cual es un tipo de pan tradicional.


Cuico/a. Chilenismo que se designa a las personas de clase alta o aspiracional. Se presume que proviene de la jerga carcelaria como una contracción de “culiao y conchesumadre”

La once (tomar once o tomar la once). La once es una merienda tardía que suele reemplazar a la cena. Es una tradición tan extendida en Chile que atraviesa tanto a distintas clases sociales cómo territorios.


Lumazo. Refiere al golpe recibido por una persona con un bastón de luma (madera chilena dura y pesada) por parte de un carabinero con fines represivos.


Patines. Nombre que recibían los trabajadores y trabajadoras sexuales callejeros.




Bibliografía


«La rebelión de los "raros"». (26 de abril de 1973). Revista Vea


Carvajal, Fernanda, (2016). «Sexopolítica en los inicios de la dictadura de Augusto Pinochet: el “cambio de sexo” de Marcia Alejandra en los discursos de la prensa». Sexualidad, Salud y Sociedad – Revista Latinoamericana.


Robles, Victor Hugo, (2008). Bandera hueca: historia del movimiento homosexual de Chile. Santiago: Editorial Cuarto Propio.


«Colipatos piden chicha y chancho. Hicieron mitin frente a la calle Phillips». (Clarín. 24 de abril de 1973).


«Colas del Barrio Alto harán mitin en Lo Castillo». (Puro Chile, 24 de abril de 1973).




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Cómo citar este trabajo

Yasser Balcazar, Pabli Enyegüecidas. La primera protesta pública del disenso sexual en Chile.

Moléculas Malucas, diciembre de 2021.

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